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Revista el Federal - Turismo - nota

A puro campo

La Ruta de la Selva recala en la estancia “Doña Elda”, donde el anfitrión, Miguel Cabral, revela los secretos del campo chaqueño.

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La propuesta suena tentadora a pesar de los 35 grados. Es necesario tener en cuenta que la región de general San Martín, en el nordeste chaqueño, combina llanura con esteros y lagunas. Los montes de algarrobos y quebrachos se extienden cada tanto y son la opción de sombra para todos. Desde el hombre hasta los animales. Y cuando Mercedes Sampayo, la coordinadora del INTA que acompaña a El Federal en este tramo rutero recomienda la cabalgata, todos miran al sol. Implacable. Sombrero, turbante y agua, mucha agua para nos deshidratarse, son los “básicos” que junto al protector solar no deben faltar. Sólo las lagartijas corren libremente al sol. El mediodía chaqueño muestra su sol más potente. De las siete opciones de turismo rural clásicas de esta zona, en “Doña Elda” la tradición ganadera reúne un poco de cebú con cruza de Bradford  y criollo, todo para carne. La carga por hectárea  se calcula en un animal por cada dos hectáreas, nos acota el anfitrión, Miguel Cabral y calculan a ojímetro unas 1.100 cabezas de ganado en este campo. “Porque hay mucho monte y el bicho no tiene suficiente espacio”, añade Miguel. La diferencia con otras regiones más secas es que aquí los problemas habituales que sufren las vacas son los jejenes, las avispitas, mosquitos y gusanos…, “mucho bicho, los jode mucho”. El atractivo de este campo puede cambiar de acuerdo al clima y si la semana pasada el termómetro se clavó en los 35 grados, fue la lluvia de unos días antes la que movió a las bestias. Y de acá la propuesta de cabalgata que explica Mercedes. Puede durar dos horas o cuatro, lo  interesante es que en la extensión de campo abarca bañados, lagunas y monte que en algunos sectores envuelve al camino en forma de galerías donde se vuelve tupida la vegetación, refrescante y un encanto. Y con la lluvia registrada, se han henchido los bañados y es ideal, entonces para acerarse de a poco y ver las manadas de búfalos que se crían en este campo y los yacarés, pobladores naturales del lugar.
Mercedes cuenta que durante el verano suelen llegar extranjeros de visita a quienes el clima no los amilana, y la idea es realizar travesías en 4×4 para conocer de noche el lugar que promete avistaje de fauna porque es después del atardecer cuando los animales salen a cazar o deambulan por la inmensidad del campo. Guasunchos (similar al ciervo de los pantanos pero más pequeño), “tatú”  (que en otras regiones se  llama mulita y acá es enorme)  y hasta uno de los felinos más grandes de la Argentina, el puma, pueden ser fotografiados o simplemente verlos pasar.  Desde “Doña Elda” hasta sus vecinos del campo “Niño Jesús” de Campo Bermejo, son las más grandes; sin embargo, conocer la forma de vida y la cultura rural chaqueñas en los establecimientos familiares que se pueden recorrer plantean un circuito donde la economía de subsistencia que iniciaron los primeros colonos en sus porciones de tierra hoy se mantienen. Vacas, aves de corral, granja y la  huerta son los clásicos de las familias rurales que abren sus tranqueras para que el citadino conozca el sentir y la forma de trabajo con la tierra en esta parte del mundo. Las flores de los cactus son entre naranja y amarillo. Son tantas que la belleza del paisaje se enaltece con la primavera que muestra desde el suelo hasta el cielo los colores de una vegetación donde árboles centenarios de estos montes macizos, las pasturas y las flores silvestres  desde rojas hasta azules dan una postal chaqueña diferente a lo que -dicen- nos aguarda en el Impenetrable. Allá vamos.