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Revista el Federal - Ecología - nota

“Biopiletas”, para disfrutar del agua sin químicos

Las "biopiletas" aprovechan los procesos de la naturaleza para limpiar y conservar el agua, sin utilizar productos químicos. Hablamos con el paisajista Fernando Vega, quien construye estas piletas ecológicas desde hace 15 años.

Por Matilde Moyano

No hay nada que la naturaleza por sí misma no pueda proveer. Liberándonos de productos químicos, las plantas ofrecen su capacidad de biofiltración a la hora de construir una pileta, es decir, una “biopileta”.

¿De qué se trata? De la recreación de un ecosistema en el que se aprovechan los propios procesos de la naturaleza para limpiar y conservar el agua, sin la necesidad de usar cloro ni otro tipo de productos tóxicos para nuestra salud.

Se utilizan plantas acuáticas sumergidas, plantas flotantes, marginales o arraigadas. “Es biopileta porque es un organismo vivo. Es como el principio de un lago de montaña o de laguna, porque tiene un proceso de regeneración del agua, de forma natural, sin utilizar productos químicos”, nos explicó el paisajista Fernando Vega, oriundo de General Rodríguez, quien se dedica desde hace ya 15 años al diseño y construcción de estas piletas ecológicas, bajo la firma Bio Pool.

El diseño de las ‘biopiletas’ contempla diversos sectores. En la zona de filtración se ubican las plantas, para eliminar bacterias y algas, y los skimmers, que son las bocas de succión que limpian también las hojas de los árboles. La zona de oxigenación, que puede tener arroyos y cascadas, lo cual ayuda aún más a oxigenar el agua, y la zona de natación.

Lo importante es que “siempre es la misma agua, que pasa de un sector a otro y así se purifica. El agua va a estar siempre transparente, incluso con mucho más brillo que una pileta común. El agua te la podés tomar si querés”, se anima a asegurar Fernando.

Con respecto al tratamiento de los hongos y otros problemas habituales de una pileta convencional, en este caso “los peces se encargan de comer el musgo”. Sí, hay que tener en cuenta que este tipo de piletas implica la presencia no solo de peces, si no también de anfibios como sapos y ranas, que igualmente se quedan en la zona de plantas, que “puede estar contigua a la zona de natación, o puede estar alejada y unir por ejemplo dos reservorios por medio de un arroyo”.

A la hora de la construcción, tras la excavación se puede optar por un recubrimiento de geomembrana de polietileno, o construir íntegramente en hormigón, que es más costoso (con geomembrana cuesta aproximadamente 650 dólares el m2, con hormigón unos 700 dólares el m2). Asimismo, se pueden combinar las dos técnicas, ya que todo depende del diseño que se realice.

Si bien construir una biopileta puede ser más caro que una pileta convencional, ya que implica también el diseño paisajístico, trae innumerables beneficios, sobre todo con respecto al impacto directo a nuestra salud, porque evitamos los problemas en la piel, mucosas y cabello que ocasionan los desinfectantes químicos.

También ahorramos agua, ya que esta no se cambia, y si cuenta con piedras, estas se calientan con el sol y transmiten al agua este calor por la noche, lo cual ayuda a mantener una temperatura agradable. Y no nos olvidemos del confort que implica estar en un entorno natural.