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Revista el Federal - Viajes - nota

Camarones, una pequeña aldea patagónica

A la mitad de camino entre Trelew y Comodoro Rivadavia encontramos a Camarones, un pequeño pueblo de 1000 habitantaes, con callecitas onduladas que bajan a la costa de un mar de aguas cristalinas. Con una rica fauna y flora, la pequeña aldea patagónica conserva el encanto de aquellos años en donde estaba todo por hacerse. 

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Por Leandro Vesco

Ir a Camarones es retroceder en el tiempo, no es para cualquiera y acaso esto haga este destino especial. La experiencia de pasar unos días en este pequeño pueblo patagónico al sur del mundo sea irrepetible e instransferible. Hay muchas cosas que no hay, 4G, Wi Fi, problemas de agua y gas. Pero en cambio hay acantilados que caen en un mar azul de aguas cristalinas, islas, pingüinos y delfines; gaviotas y petreless. Camarones invita a conocer una soledad habitada por sensacionales atractivos naturales.

Siempre fue duro vivir aquí, pero también siempre fue un lugar bello. Totalmente aislado del mundo. Caminar por las callecitas de Camarones nos da la sensación de estar dentro de una vieja postal. Ese olor a mar que abre el apetito, te abraza en cada esquina. Camarones queda a 250 km de Trelew y 240 de Comodoro Rivadavia. El diseño urbano es mágico, canteros con flores multicolores contrastan con el azul profundo del mar y con la estepa detrás del pueblo que tiene 1000 habitantes.

Para llegar a la comarca hay que pasar enormes extensiones de desierto, pero después de estar muchas horas viendo una alfombra casi inorgánica de ruta, el pueblo enseguida se manifiesta con vida. Parece un zoológico abierto, las onduladas calles que se van fundiendo con la costa dejan oir toda clase de aves, petreles, cormoranes y gaviotas sobrevuelan sobre nuestra cabeza, y se quedan mirando desde un banco de la plaza o mojándo sus patas en el manso mar que baña esta bahía con aguas que parecen viento líquido, tan cristalinas son. En el día el sol hace brillar todo, entonces es común ver zorros, ñandúes, maras, liebres y guanacos. Zorrinos, piches y peludos. Lobos marinos, toninas, delfines, orcas y pingüineras. Hay tanta vida animal aquí conviviendo con las pocas casas del pueblo.

Muy cerca del pueblo está el Parque Costero Marino Patagonia Austral, desde donde se puede apreciar toda la rica flora y fauna del lugar. Hay 42 pequeñas islas en el territorio que comprende el Parque, hay rías y playas escondidas que parecen no haber sido pisadas por el hombre nunca, como la de Guanaco Muerto.

“En 1535 hubo un intento de fundación de los españoles en la zona, de la Nueva León, pero se frustró por la acción de los indios, que terminó con los pocos europeos que se animaron a venir y con la destrucción de todo lo que habían construído” comenta Paula Ortega, guía turística del pueblo. Los Tehuelches no querían visitantes ni cruces en su costa. Querían la libertad y la continuar viendo la grandeza de la naturaleza.

Hay muchos naufragios en la costa como el vapor Villarino “célebre por haber trasladado los restos de San Martín desde Francia en 1880” Pero lo que más abunda en esta pequeña aldea es paz y un silencio habitado por sonidos que pocas veces se pueden percibir, el movimiento de una pequeña piedra, las bullas del mar, una burbuja de espuma rompiéndose en la costa y nuestros pasos que se tientan de entrar en algún viejo bar o comedor para probar el maravilloso menú que ofrece este mar fauloso.