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Revista el Federal - Mi País - nota

Chelforó, el pueblo sin sala sanitaria que pide una enfermera

Chelforó (Río Negro) supo tener 500 habitantes, hoy sólo son apenas 60 que están abandonados por el Estado. Los habitantes no quieren irse de su pueblo. Hace un año cerró la Sala Sanitaria, piden la presencia de una enfermera.

Por Leandro Vesco

“Hace dos años que el gobernador Weretilneck no para en el pueblo. No es que no pase, es que no para”, detalla un vecino de Chelforó, un pequeño pueblo de 60 habitantes en el noreste de Río Negro. Hace un año que la sala sanitaria no funciona, los pobladores piden al menos la presencia de una enfermera para poder atender a los niños y ancianos. Supo tener 500 habitantes, pero las políticas estatales han producido el éxodo y hoy Chelforó es casi un pueblo fantasma que quiere dejar de serlo.

El cierre del ramal ferroviario, el mal estado de los caminos, la falta de trabajo y la ausencia de servicios fueron las causas de que Chelforó llegara a la situación actual. El Estado es el responsable de los cientos de chelforenses que durante las últimas décadas debieron abandonar su lugar en el mundo para vivir en otros centros urbanos. Pero los 60 habitantes que quedan están comprometidos a resistir y exigen una mejor calidad de vida.

Ubicado a un costado de la ruta 22, los vecinos -gran parte de ellos pequeños productores de ajo y cebolla- se hicieron oir. “Hace un año que no tenemos enfermera, pero tampoco tenemos ambulancia.  Acá hay chicos, gente adulta. Personas con enfermedades crónicas y hasta un señor con un transplante”, comenta Roxana Rodriguez al diario Río Negro, quien además le envió una carta al gobernador explicándole la situación en la que viven.

Las quejas son varias, infinitas en un lugar con tantas ausencias, pero se centran en la sala sanitaria. Hace un año está cerrada. A un costado de la casa donde funcionaba hay una camioneta oxidada, que los animales la han hecho refugio y nido. “Esa era la ambulancia”, comenta otra mujer. Son precisamente las mujeres quienes están al frente del reclamo. Un cartel pegado con cinta avisa en la puerta de la abandonada sala la fecha imprecisa de visita del médico.

“Cuando hay una emergencia los minutos cuentan y nosotros tenemos como mínimo 30 minutos hasta Chimpay ( a 30 kilómetros). Esto no es política, acá están todos los vecinos estamos pidiendo lo mismo: soluciones. Después que se conoció la carta, por casualidad parece que desde el hospital de Chimpay le indicaron al comisionado de fomento que van a venir dos veces por semana a atender pero a la escuela, porque van a clausurar la sala” afirma con tristeza Roxana. La suerte del pueblo parece estar sellada. “Un remisse a Chimpay cuesta $400“, afirma para graficar que la salud será un privilegio de unos pocos.

“Acá no sabemos cuándo se atiende. Desde que se fue la enfermera que vivía y trabajaba acá, habrán venido a atender diez veces como mucho. Pero para atrás siempre estuvo mal atendido” dice Rubén Arrusa, otro vecino. El viento arrasa con la esperanza en el pueblo, pero las familias resisten. El invierno es duro y la oscuridad se hace sentir, pero la identidad es algo que no desaparece de un día al otro. Los 60 habitantes de Chelforó están aferrados a ella.

Como suele suceder, es poco lo que necesitan. “Una enfermeroa todos los días” Los niños no reciben ninguna atención pediátrica. Hortensia Escobar tiene su esposo con problemas de salud: “Mi marido es transplantado, y dos veces tuvimos que salir de urgencia. Llegó casi muerto. Gracias a Dios estaba mi hijo que podía manejar” La suerte de estos rionegrinos es precaria, se tienen los unos a los otros. Los pequeños pueblos de Río Negro, como Río Chico y Chelforó son ejemplos de un Estado que ha elegido abandonarlos.