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Revista el Federal - Alimentación - nota

Clave para el futuro: la producción ecológica de alimentos

La prestigiosa revista Science, de la Asociación Estadounidense para el Avance de la Ciencia, destacó en su última publicación una investigación sobre la posibilidad de un aumento ecológico de la producción de alimentos dirigida por el argentino Lucas Garibaldi, docente investigador de la Universidad Nacional de Río Negro (UNRN). LA producción ecológica es clave para mejorar los alimentos en el futuro.

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Una investigación del Dr. Lucas Garibaldi, docente investigador de la Universidad Nacional de Río Negro, fue difundida por la revista Science, una de las revistas científicas más prestigiosas del mundo. El trabajo, dirigido por Garibaldi, que involucró a 35 científicos de doce países fue difundido por Science el viernes 22 de enero y ha logrado un significativo impacto en la prensa especializada mundial, ya que da respuesta a uno de los problemas claves del desarrollo: la producción sustentable de alimentos.

La investigación demuestra que en las pequeñas explotaciones agrícolas, que sirven para la provisión de alimento para las poblaciones más vulnerables en todo el mundo, la diversidad de polinizadores puede aumentar la productividad significativamente.

Históricamente en la producción agrícola la luz, el manejo del agua, la cantidad de nutrientes y el control de plagas y malezas tuvieron mucha importancia para aumentar el rendimiento de cultivos. Sin embargo, se le prestó poca atención a un factor con gran incidencia: una adecuada polinización. Para el grupo de científicos que llevó adelante la investigación, la respuesta está en la “intensificación ecológica”, demostrando que una mayor diversidad de estos polinizadores aumenta el rendimiento de distintos cultivos en pequeños y grandes campos..

Lo que se plantea en este trabajo sobre el rol de los polinizadores es utilizar técnicas de intensificación ecológica que intenten restaurar los balances ecológicos a través de la biodiversidad y, como consecuencia, depender menos de insumos externos o complementarlos. De esta manera se podría aumentar la producción sin tener los altos costos ambientales y sociales del sistema tradicional.

En los últimos 50 años aumentó la producción agrícola de monocultivos, en los que se homogeneiza el paisaje, se usan pesticidas, fertilizantes y agroquímicos, que son todos insumos externos. De esta manera se producen más alimentos pero se degrada el medioambiente, hay menor diversidad y todo esto trae un costo social porque dependemos del medio ambiente. Lo que nosotros planteamos es la intensificación ecológica, es decir, producir más sin destruir el medio ambiente”, explica a Clarín el Dr. Lucas Garibaldi,  del Instituto de Investigaciones en Recursos Naturales, Agroecología y Desarrollo Rural (IRNAD) de la Sede Andina de la Universidad Nacional de Río Negro (UNRN), donde se desempeña como su director.

“Fue un estudio que llevó, entre preparación y datos de campo, aproximadamente siete años. Se realizó en 344 campos con 33 sistemas de cultivo diferentes, en 12 países de África, Asia y Latinoamérica. Fue un esfuerzo en conjunto en los tres continentes en donde todos realizaron el mismo protocolo para estudiar de qué manera se podía aumentar la producción agrícola a través de la promoción de la biodiversidad

Garibaldi trabajó con un colega argentino, Agustín Sáez, de la Universidad del Comahue e investigador del Conicet, y 35 científicos de dieciseis países: Brasil, Colombia, Zimbabwe, Ghana, Sudáfrica, Noruega, China, Indonesia, Nepal, Pakistán y Kenya. Trabajaron localmente con pequeños productores, que son los que tienen campos de menos de dos hectáreas. El objetivo fue captar polinizadores, a partir de la siembra de flores, conservando el hábitat lo más natural posible, reduciendo el uso de pesticidas, y promoviendo la diversidad de la agricultura, es decir, no enfocarse en los monocultivos.

“A partir de este estudio hay un mensaje claro de que es importante promover la diversidad en los paisajes agrícolas. Esta cuestión no solamente es importante desde el punto de vista de la herencia biocultural sino también desde los aspectos económicos de la producción y de seguridad alimentaria. Los resultados son consistentes, los países deberían establecer políticas en este sentido”, concluye el investigador.