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Revista el Federal - Ecología - nota

Clonan plantines de eucalipto en Chaco para obtener carbón de alto rendimiento

Una escuela chaqueña cultiva ejemplares de eucalipto seleccionados por su utilidad calórica, para multiplicarlos a gran escala mediante técnicas in vitro.

El carbón de origen vegetal es una de las fuentes de energía más antiguas desde que el hombre comenzó a utilizar el fuego. En Argentina las principales proveedoras de este recurso son las provincias de Chaco y Santiago del Estero, que producen entre las dos más de 300 mil toneladas anuales.

Es así como la Escuela de Educación Agropecuaria Nº13 de Resistencia, Chaco, comenzó en 2012 a estudiar patrones genéticos de eucaliptos con elevado potencial calórico para ser multiplicados a gran escala mediante técnicas in vitro. De esta manera, la institución logró especímenes clonales que buscarán engrosar los bosques implantados de la provincia, además de formar personal especializado.

El responsable del proyecto y titular del establecimiento, el ingeniero agrónomo José A. Ruchesi, explica que “para generar el carbón destinado tanto al consumo nacional como a la exportación se emplean recursos boscosos naturales, pero eso no es sostenible en el tiempo y los mercados internacionales tienden a frenar aquellos proveedores que utilizan bosque nativo”. Por lo tanto, en colaboración con la Subsecretaría de Recursos Naturales de la provincia, Ruchesi decidió trabajar sobre eucaliptos implantados de alta densidad y elevado poder calórico.

“Pensamos que sería interesante rastrear las características deseadas entre los numerosos eucaliptos existentes, pero descartamos traerlos desde Australia –su país de procedencia– para evitar la posibilidad de que no se adaptaran al clima o el suelo de aquí. Entonces, hicimos una selección y análisis a partir de los ya instalados, con una edad próxima a los setenta años”, señaló el ingeniero.

Se tomaron muestras leñosas de cuarenta individuos provenientes de distintos puntos de la zona y se enviaron a la Universidad Nacional del Chaco Austral (UNCAUS), para determinar su rendimiento calórico. En función de las pruebas, se identificaron veinte genotipos con más de 3000 calorías por gramo –valor que desde el punto de vista de la elaboración de carbón es significativo– para su cultivo in vitro. El proceso, además, incluyó el rejuvenecimiento de los individuos tratados para su posterior propagación en un jardín clonal sin necesidad de recurrir al laboratorio.

Al respecto, Ruchesi agrega: “Pudimos ajustar varios protocolos para la micropropagación, lo que es una tarea bastante difícil, especialmente con eucaliptos duros y de alta densidad debido a que son muy recalcitrantes. Pero el diseño de los protocolos fue algo provechoso ya que muchas veces, desde el punto de vista de la investigación tecnológica, se abandonan los ensayos cuando se trabaja con este tipo de ejemplares que son difíciles de multiplicar”.

Una vez concluida la etapa de reproducción, los plantines fueron trasladados a invernaderos para su adaptación a condiciones ambientales de temperatura, luz y humedad,entre otros factores. Durante la aclimatación, ocurrió algo que Ruchesi recupera como un imprevisto de llamativas consecuencias: los plantines fueron severamente atacados por una plaga que causa agallas y otras deformaciones en las hojas e, incluso, puede matar al eucalipto. Sin embargo, unos pocos integrantes del grupo no fueron afectados.

“Casualmente, cuando sacamos los plantines de los laboratorios apareció un brote de Leptocybe invasa que provocó un daño muy grave en doce de los catorce genotipos micropropagados y no así en los dos restantes. Lo cual no fue un dato menor, porque así descubrimos aquellos resistentes o tolerantes a este insecto”, refirió el titular del proyecto.

La Leptocybe invasa o “avispa de la agalla del eucaliptos” procede –al igual que su anfitrión– de Oceanía, y se ha expandido por África, Asia, Europa, Medio Oriente y más recientemente al continente americano. En el caso particular de Argentina, registró sus primeras apariciones a finales de 2009 en la provincia de Buenos Aires.

“No hay demasiados casos a nivel mundial que den cuenta de esa tolerancia”, destacó Ruchesi. Este hallazgo, más los protocolos de cultivo in vitro ajustados en la escuela, la determinación del rendimiento calórico por la UNCAUS y el Fingerprint realizado por el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) de Castelar, se utilizaron para solicitar la inscripción como variedades nuevas en el Instituto Nacional de Semillas (INASE), trámite que está en proceso. Los dos genotipos estudiados son el EEA Nº 13 M2 con 3.869 cal/g. y el EEA Nº 13 B11 con más de 4.000 cal/g.

Este desarrollo biotecnológico constituye un ambicioso avance aplicado a especies leñosas, con la finalidad de obtener mejoras genéticas que favorezcan a la sustentabilidad económica, social y ambiental en el área forestal.

Para llevar adelante la investigación y el desarrollo de los plantines, se presentó la iniciativa ante el Consejo Federal de Ciencia y Tecnología (COFECYT), que decidió aportar $1.079.200 a través de la línea de Proyectos Federales de Innovación Productiva – Eslabonamientos Productivos (PFIP ESPRO). En contraparte, la escuela y el Ministerio de Educación, Cultura, Ciencia y Tecnología de Chaco dispusieron los $1.813.224 que demandó la totalidad del procedimiento.