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Revista el Federal - Especiales - nota

Cultivos sin suelo – parte 2: Aeroponia

Aunque no se puede decir que un sistema de producción de hortalizas sin suelo sea más eficiente que otro, el de la aeroponia tiene algunas ventajas con respecto a la hidroponia, pero corre con la negativa de un costo alto instalación. Pasen y vean cómo se puede producir en el aire.

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Por María Magdalena Aust (*)

La aeroponia es el sistema hidropónico más moderno. Está constituido por “columnas de cultivo”. Esta técnica se puede aplicar en una cantidad de plantas hortícolas, como el tomate, pimiento, pepino, calabacín, lechuga, etcétera y en una cantidad de flores como clavel, crisantemo, rosa, entre otras.

¿Qué es una columna de cultivo?
Consiste en un cilindro de PVC u otro material, colocado en posición vertical, con perforaciones en las paredes laterales, por donde se introducen las plantas en el momento de realizar el transplante.

¿Cómo crecen las plantas?
Las raíces crecen en la oscuridad y pasan la mayor parte del tiempo expuestas al aire, de ahí el nombre de esta técnica. Por el interior del cilindro una tubería distribuye la solución nutritiva mediante una pulverización a baja o media presión.

¿Qué ventajas tiene esta técnica?
La principal ventaja es la excelente aeración que proporciona a las raíces, uno de los factores limitantes con los que cuenta la hidroponía. Otras de sus ventajas son la velocidad de crecimiento y el entorno de raíces limpias.

¿Qué inconvenientes presenta?
Los principales problemas los sistemas aeropónicos tradicionales son el costo elevado de la instalación y las obstrucciones de la boquillas de pulverización que pueden producirse si no se dispone de presión suficiente y una instalación adecuada.

La importancia de los sustratos

Un sustrato es el medio material donde se desarrolla el sistema radicular del cultivo. Y tiene dos funciones principales: actuar de anclaje y protección para la raíz y contener el agua y los nutrientes que la planta necesita.

Los diferentes tipos de materiales utilizados como sustratos se clasifican, según su origen, en orgánicos (turba, aserrín, corteza de pino, fibra de coco, cáscara de arroz, compost, etcétera) e inorgánicos, que a su vez se clasifican en dos, aquellos que no necesitan ningún tratamiento previo (arenas, gravas, puzolana) y los que sí es necesario modificarles la temperatura o alguna otra propiedad que cambie su estructura (arcilla expandida, vermiculita, perlita, lana de roca).

Una posibilidad de utilizar sustratos es la utilización de materiales de desecho de la industria como ladrillo, plástico molido, restos de madera, estériles de carbón, cenizas, lodos de depuradoras, claro que los debe esterilizar y adecuar la granulometría.

Los gránulos del sustrato deben permitir la circulación del aire y la solución nutritiva. Se consideran buenos los que permiten la presencia de entre 15 y 53 por ciento de aire y entre 20 y 60 por ciento de agua. A veces es útil mezclar los sustratos, buscando que unos aporten lo que les falta a otros, pues no existe el sustrato ideal. El sustrato más utilizado en el mundo es la lana de roca, que en la Argentina no existe y se la reemplaza por la perlita, un mineral volcánico silícico que es  necesario triturar para que cumpla su rol.

El sustrato debe:

-Retener humedad
-Permitir buena aireación
-Tener buena estabilidad física
-Tener buen drenaje
-Ser liviano
-Ser de bajo costo
-Estar disponible

Ver cultivos sin tierra: Forraje Verde Hidropónico

Ver cultivos sin tierra: Hidroponia

(*) Del libro: “Agricultura urbana, análisis de los sistemas de producción de hortalizas sin suelo”, de María Magdalena Aust (Editorial Hemisferio Sur, año 2010).