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Revista el Federal - Especiales - nota

Cultivos sin suelo – parte 3: forraje verde hidropónico

Reciente en su uso, pero bastante extendido en Córdoba y también en Chaco, se trata de un cultivo que crece sin agua, sin suelo y sin sustrato. La experiencia chaqueña y la esperanza para las zonas donde el forraje es duro de crecer. 

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Por María Magdalena Aust (*)

El forraje verde hidropónico es el resultado del proceso de germinación de granos de luguminosas y gramíneas (alfalfa, trigo, cebada, sorgo, maíz, etcétera), que se realiza captando energía solar y absorbiendo los nutrientes disueltos en la solución hidropónica, en ausencia total de suelo.

¿Cuánto dura el ciclo productivo?
El ciclo de producción es de entre 10 y 15 días. En ese período la planta alcanza una altura de entre 20 y 25 centímetros.

¿Para que sirve el forraje?
Para alimentar al ganado vacuno, porcino, equino y caprino, conejos y una cantidad de animales domésticos con excelentes resultados.

¿Qué diferencia tiene con los pastos tradicionales?
Es totalmente diferente, ya que el animal consume las primeras hojas verdes, los restos de semillas y la totalidad de las raíces. Eso constituye una completa fórmula de carbohidratos, azúcares y proteínas. Su sabor y textura le confieren una excelente palatabilidad (cualidades organolépticas de un alimento) y fácil asimilación.

¿Tiene rindes más altos que en otro sistema?
La relación de producción es de aproximadamente 10 a 12 kilos de forraje obtenido por cada kilo de semilla usada. A su vez, está comprobado que cada kilo de forraje verde hidropónico equivale nutricionalmente a 3 kilos de alfalfa fresca.

La experiencia chaqueña

Con este novedoso sistema de germinación, el Ministerio de Producción del Chaco intenta acercar forraje a El Impenetrable chaqueño. Este sistema no necesita de tierra y se vale de humedad y luz para aportar, justo en estos suelos poco beneficiados, forraje en cantidad y calidad para la producción de cabras y ovejas de la provincia, que intenta alcanzar el millón de cabezas.

Ahora, en el invernadero por donde se cuelan rayos de sol, están produciendo avena sin tierra. El proceso es simple: la semilla (la misma que se siembra) se lava, se la desinfecta con una solución de agua y lavandina, se la deja en agua entre 17 y 24 horas, y se la coloca en una cuna durante dos días, en una cámara para darle una temperatura estable. Después se las deja tres días más en bandejas y -aun adentro de la cámara- ocurre la magia: el primer momento de la germinación. De ahí sale al sol filtrado del invernadero, donde se la mantiene -en las mismas bandejas- con un riego que va variando según las necesidades del cultivo. Lo importante es mantener la humedad constante.

La diferencia con el sistema hidropónico radica en que estos cultivos no están todo el tiempo en el agua, sino que los mantienen húmedo durante todo el proceso de germinación. “No se fertiliza con nada: la semilla se vale de sus mismos nutrientes para crecer”, explica Leticia Cabrera, la encargada del invernadero de Makallé, Chaco.

En Chaco le aplican un riego por aspersión que se hace cada dos horas, pero eso varía según la época del año: en verano la temperatura alcanza los 50 grados al sol y eso hace variar la cantidad de agua que se le aplica en verano.

(*) Del libro: “Agricultura urbana, análisis de los sistemas de producción de hortalizas sin suelo”, de María Magdalena Aust (Editorial Hemisferio Sur, año 2010).

Mirá el video de cómo funciona el cultivo sin tierra

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