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Revista el Federal - Mi Pueblo - nota

Cura Malal, pueblo de gauchos y artistas

Noventa y cinco habitantes viven en un lugar rodeado de pastizales dorados y un cordón serrano de increíble belleza, donde una pareja de artistas recuperó un pueblo que no tiene cementerio, pero tiene al mejor domador de la provincia. 

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Por Leandro Vesco – Fotos: Juan Carlos Casas

Es de noche. Cada cien metros hay un foco que alumbra las esquinas del pueblo. Un tono terracota domina la postal curamaleña. Como si fueran postas, las luces iluminan apenas. A lo lejos se presienten las montañas, más acá, el ladrido de los perros se une con el olor dulzón de la bosta; el cielo estrellado y diáfano está al alcance de la mano. Habla una mujer. “A veces duele el cambio”, dice. Se llama Mercedes Resch y junto con su pareja y socio, Fernando García Delgado, refundaron Cura Malal. Empezaron con una idea: recuperar un viejo almacén del pueblo, transformarlo en espacio de arte, salón de comidas revolucionarias, sala de exposiciones, hospedaje y residencia para artistas. Formaron “La Tranca Corral de Piedra” eje cardinal de la vida social y cultural de este pueblo sin cementerio. “A Cura Malal se viene a vivir, no a morir”, aclara Fernando. “Cuando te vas poniendo viejo, te vas para Suárez, cerca del cementerio”.

Mercedes enfatiza esto para contrastar la esencia curamaleña, esa urgencia de moverse, de generar, de vivir, que domina a esta comarca bellísima del partido de Coronel Suárez. Antes de la llegada de esta pareja de artistas, no se festejaba el aniversario del pueblo. Ellos investigaron y descubrieron la venta del primer lote. Por eso lanzaron en 2010 una convocatoria de arte en la que intervinieron 160 participantes de 13 países. El concepto fue intervenir el plano del pueblo.

Aquel año, un 17 de septiembre, se festejó por primera vez el aniversario de Cura Malal. Casi sin darse cuenta, Mercedes y Fernando, habían refundado la comunidad. La recuperación de un pueblo depende muchas veces de la voluntad de muy pocas personas que tengan ganas de producir un cambio positivo. “Pedimos que nos restituyan el suelo. Nos querían imponer un nuevo paisaje”, se ufana Mercedes cuando recuerda la vez que camiones municipales de un día para el otro decidieron borrar del mapa una loma que identificaba al pueblo para llevar piedras; ese es el cambio que duele.

Gauchazos

Raúl Felipe Barragán lleva 50 años casado con Gregoria Feliciana Silvera. “Nos conocimos en un baile, estábamos arroyo de por medio. Noviamos tres meses, nos casamos y nos fuimos para las sierras a trabajar”. Las sierras, ese paisaje ondulante que habla en voz muy baja, asombra a quienes vivimos en el llano, pero es una presencia más para aquellos que conviven con ellas. Siempre se habla de “las sierras” como una compañera, un familiar cercano, querido y valorado. La formación serrana de Cura Malal está a pocos kilómetros del pueblo.

El matrimonio tuvo once hijos, entonces era normal soñar bien alto. Raúl comenzó a trabajar en el campo a los 12 años. “Te empezabas a hacer solo. Yo aprendí todo solo. Siempre me gustó la soledad”. Raúl es hoy un hombre venerable, una escultura viviente de un gaucho de aquellos que ya no se ven en la pampa. Hernández podría haberse inspirado en él para crear el Martín Fierro. Jamás conoció a su madre, quien murió al mes de nacimiento. De grande se enteró que la mujer que lo crió toda la vida no fue su mamá. “Fue fuerte, claro, pero las cosas pasaron así. Antes no había maldad en la gente.De lo único que me arrepiento es de no haber conocido el mar”, dice mientras ceba unos amargos.

Mingo Silvera fue considerado el mejor jinete la provincia. Vive a los pocos metros de Barragán. Todo está cerca en el pueblo. Alejado de los caballos desde hace algunos años, ahora maneja el único remisse que tiene el pueblo. “Si Mingo viene, hay pan” es una frase usual en Cura Malal, que hace referencia al modo en el que llega el sacro alimento, aprovechando algún viaje a Coronel Suárez, el mejor jinete provincial ofrece una gauchada que agradece todo el pueblo.

Regresamos a La Tranca. Mercedes nos ofrece huevos verdes que da la gallineta. El frío ha quedado a un lado de la puerta. Este espacio de arte criollo tiene algo de pulpería, por lo ameno y por esa sensación de estar pisando el fin de un mapa dentro de un techo, ese sentimiento de estar a resguardo mientras pasan tantas cosas en el mundo. “Sueño con el día en que las sierras se arrimen” nos había dicho Barragán al despedirnos. Esas mismas sierras que se sienten aunque no las veamos en la oscuridad. Porque en Cura Malal la magia es una habitante más.

 

Leer más: Martín Fierro está vivo

 

Cura Malal: www.corraldepiedra.com.ar

Habitantes: 95

Coordenadas para llegar en GPS: 37°28′00″S 62°06′00″O