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Revista el Federal - Mi Pueblo - nota

Dejaron la ciudad y ahora viven en el campo vendiendo productos orgánicos

Viajamos a Las Flores (Buenos Aires) para conocer la experiencia de Stella Maris y Guillermo que hacen una linea de mermeladas orgánicas, el matrimonio decidió un día dejar la ciudad e irse a vivir al campo. Planean hacer una casa de hospedaje. El turismo rural inspira y abre las puertas para la recuperación de los pequeños pueblos.

Texto y fotos: Leandro Vesco

Cuando la Ciudad ya no les daba felicidad, Stella Maris y Guillermo decidieron hacer lo que todos sueñan, pero hacerlo de verdad: comprar un pedazo de tierra e irse a vivir al campo. Tardaron siete años en hacerse su casa y un buen día hubo que tomar la decisión: decirle chau al cemento y darle la bienvenida al canto de las aves. Este matrimonio que hace treinta y dos años que están casados, hizo un cambio de vida. Hoy, viven de la venta de productos orgánicos y ultiman detalles para ofrecer una casa para pasar días de campo en Las Flores.

Los comienzos no fueron fáciles, pero esa primera etapa de transición pasó rápido, el rocío, el canto de las aves y las actividades propias de la vida de campo ayudaron. Stella Maris es una mujer que habla pausada pero con determinación: “Yo quería hacer algo, y se me ocurrió hacer mermeladas, no tenía ningún conocimiento, pero aprendí” El campo donde viven ella y Guillermo en Las Flores tiene 150 hectáreas y es un verdadero paraíso, han plantado allí 4.000 árboles, muchos de ellos frutales. Caminar por el parque es hacerlo en una frutería a cielo abierto, durazneros, cítricos, nogales, ciruelos y toda clase de árboles frutales. Detrás hay dos cerdos y un gato: “Son amigos, están siempre juntos”

Con la primera etapa lista, la siguiente fue hallar una casilla para poner en la entrada del campo, a un costado de la ruta 3 para poder vender la producción orgánica. Es todo un mundo aparte, los puestos en la ruta. “Hay fidelidad en los clientes, algunos te dicen que pasan en quince días y hasta te dan el número de teléfono y cuando están a unos kilómetros llaman y yo los espero con mis productos” La naturaleza les da todo, y ellos retribuyen: cuidan sus árboles como si fueran familiares, hasta las liebres –animal huidizo- se acerca a la pulcra y limpia casa de Stella Maris y Guillermo: “Saben que nosotros cuidamos y protegemos la tierra. Ellas se dan cuenta”, asegura el segundo quien tuvo en la ciudad un accidente cardiovascular y el campo le mejoró la salud.

Tiene que ver mucho la calidad de vida que uno lleva acá. No se puede comparar con nada, la vida acá. Manejas tus tiempos. Estar en convivencia en la naturaleza te hace bien”, razona Guillermo, y Stella Maris completa con una mirada femenina acerca de la vida en el campo: “Vivis más descontracturada. No te importa si tenes una cana más o una menos. Acá uno tiene que estar tranquila, tenes que estar cómoda. Usar ropa que te permite estar ágil. Si una remera tiene una mancha o se te enganchó en una rama es lo normal,  lo que importa es que esté limpia. Todos los días te llama la atención una cosa nueva. Todos los días el amanecer cambia, y siempre hay un ruido diferente, los pájaros que llegan otros que se van” El matrimonio me cuenta la historia de un cardenal copete amarillo que apareció en el 2009 y se quedó en los árboles. “Viene a cantarnos a la ventana”

Las mermeladas que hace Stella Maris pronto fueron un producto deseado por los viajeros y los turistas que llegan a Las Flores para hospedarse en alguna de los distintos emprendimientos del colectivo de Turismo Rural “Naturalmente Las Flores que contiene a “A Casa mía” y “La Gracia”, “Yamay” y “Churrinche” entre otras propuestas que entienden que no hay mejor manera para que una idea tenga éxito que la unión. Todos los emprendedores de Las Flores se ayuden entre sí. Los fines de semana, el INTA organiza una feria de productos agroecológicos, donde Stella Maris también vende sus productos.

La producción orgánica posibilita que el matrimonio pueda vivir tranquilo en su campo y soñar con proyectos para que otros puedan compartir la felicidad de despertarse con la sinfonía de jilgueros. Hace un tiempo atrás comenzaron a remodelar una antigua casa rodeada de los frutales, ahora ultiman detalles, planean hacer allí un lugar donde ofrecer alojamiento a quienes desean vivir unos días en contacto con la naturaleza. A la soberanía alimentaria que tienen, hay que sumarle la independencia energética: la energía solar brinda la electricidad que necesitan para vivir.

Acá bajas la velocidad, incluso vas más lento en la ruta, y esto te cambia a vos internamente. Vivis a la velocidad que la naturaleza te pide, que es lenta. No tiene sentido correr, el dia es largo. Pelamos ciruelas, hacemos dulce entre los dos. A la noche nos sentamos a mirar las estrellas” En un mundo en donde tanta gente no sabe qué hacer en departamentos pequeños y amurallados, Stella Maris y Guillermo, hicieron un trato con las semillas y la tierra, con las aves y ovejas, liebres y cascarudos: todos se respetan y todos se ayudan para vivir. Mal no les va.

¿Dónde comprar los productos Stella Maris? En el km 187, de ingreso a Las Flores, a un costado de la Estación YPF, está el trailer con los productos orgánicos.