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Revista el Federal - Actualidad - nota

Donde hay fiesta, hay vino

Desde hace 18 años, los productores del Valle de Uco convocan a una gran cata, en la que un jurado de expertos evalúa los vinos de esta próspera región.

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Las excusas para justificar la elaboración de bebidas a base de alcohol siempre serán buenas. Basta con visitar la fiesta de la Ucovin, que se realiza desde hace 18 años en el Valle de Uco. Para dar crédito a tal creencia, hace dieciocho años se les ocurrió a algunos productores reunirse a probar vinos, sus propios vinos para intercambiar precisiones sobre lo que beben. Sobre lo que hacen. Esa reunión se fue repitiendo hasta hoy: una bacanal pantagruélica en la que reparten vino y comida largo y tendido.

Abran paso. Desde las 10 de la mañana, el público hacía una larga cola con sus autos, rodeados del barro seco que evoca al valle cercano, entre sus límites del desamparo al que obliga el horizonte. La entrada será lenta. La reunión generó muchas expectativas y las quinientas entradas que se pusieron a la venta se agotaron quince días antes. Mil personas se juntaron en el camping municipal de Tupungato. Entre eucaliptos, cipreses y arroyitos, el público se impacienta un poco porque el gobernador de Mendoza, Francisco “Paco” Pérez, está atrasado y hay que respetar el protocolo. La espera la animan unos cuantos promotores (hay de cuchillos, de bancos y hasta de barricas de roble, todos en sus puestos). Unas bombas de estruendo son lanzadas al aire y son tragadas automáticamente por las montañas. La banda Talcahuano RIM 11, de General Las Heras, del Regimiento de Infantería Mecanizada N°11 (RIM 11) marca su entrada triunfal con “La Marcha de San Lorenzo” y una serie de movimientos confusos, con gente de ceremonial, autoridades y público, forma un semicírculo que se va cerrando de a poco hacia donde esperan las sillas y las copas vacías para la degustación. Como en el Titanic, la banda siguió tocando (una versión muy bien arreglada del himno), mientras el público disparaba hacia donde se probaban los vinos.

En el nombre del padre. Desde 1995, 23 especialistas sesionan para seleccionar los vinos que se presentan en la cata. El comité de degustación empieza con una reunión inicial en donde sintetizan los parámetros del vino que van a evaluar. “Sesionan primero con los blancos, que son los primeros que se cosechan, y luego pasan a los tintos. El comité está formado por grupo de enólogos del medio que luego se reúnen en la estación experimental agropecuaria del INTA, en La Consulta, en donde catan, puntean y seleccionan. “Queremos que definan las bondades del vino; decidimos que si algo del vino no les gusta, no lo digan. Es incómodo que hablen mal de tu vino en tus narices. No es el espíritu de esta fiesta”, resume el licenciado en administración Flavio Kaufmann, secretario de la asociación civil Ucovin, un todo terreno que quiere que todo esté en orden para el día de la fiesta.
La presentación se la reparten dos locutores y todavía tienen que hablar las autoridades. Nadie quiere hacer expreso el malestar por la limitación a las exportaciones. Pero el anfitrión, José Manuel Mallea, presidente de la comisión organizadora, se las arregló con algún nervio para decir lo que el sector desea. Mallea destacó en su discurso “la intención de estimular el desarrollo sustentable de la vitivinicultura en la región, acompañando la proyección nacional e internacional que actualmente tienen los vinos del Valle de Uco”. Al gobernador lo recibieron con un aplauso tímido, pero él no se achica. Ducho en estos menesteres, ofrece disculpas por el atraso porque viene de ver cómo quedaron los primeros cincuenta metros de una carpeta asfáltica de una ruta local. “Alguien arregló mal mis horarios”, apuntó mirando al voleo hacia algún sector de la platea. La bendición de los vinos de la cosecha quedó a cargo del párroco Don Raúl Olguín, que rubricó la vigilia relatando un versículo de San Juan que destaca el primer milagro de Jesús: convertir dos tanques de agua en vino para una fiesta.
Traigan copas. Como se hizo en ediciones anteriores, un jurado de expertos evaluó los elixires, destacando bondades y dando puntaje según el color, el aroma y el sabor de cada uno. Pinot Gris, Chardonnay, Torrontés-Sauvignon Blanc, Gerwurztraminer, Pinot Noir, Merlot, Malbec-Syrah, Bonarda, Tempranillo, Syrah, Cabernet Franc, Cabernet Sauvignon y dos Malbec completaron los quince varietales degustados. Según el jurado, el mayor puntaje fue para un Malbec de guarda de Gualtayarí (Tupungato), que para los expertos alcanzó los 98 puntos. En las mesas todos comparamos nuestros puntos con los del jurado, y con los del que tenemos sentado al lado. Si los números son legibles a esta altura de la embriaguez. Ucovin jerarquiza la degustación. La entidad presidida por Mallea consiguió este año la personería jurídica, lo que permitirá un trabajo más formal (ya presentaron un balance) y proyectivo. El jurado hizo su propio show. Excepto las dos mujeres, sobrias a la hora de hablar de los vinos, el resto apostó a discursos largos o a contar alguna anécdota acerca del varietal. Carlos Marcelo Sicilia (miembro de la mesa de expertos) destacó las bondades de los vinos, cantando sobre la calidad del terruño y su gente con una poesía. Sicilia separó al público en enólogos y admiradores (por no decir curdas). El ingeniero agrónomo Marcelo Bouillard, otro miembro del comité, dedicó una poesía.
Ya eran las dos de la tarde y el apetito crecía, bajo los árboles esperaban más mesas, estas sin sillas, para seguir el festín. Empanadas de carne, carne a la masa, pernil vacuno, lechón, mariscos, fondues, tortas, helados, vino y champán, ahora con etiquetas. La gente siguió hablando y puntuando, pero ahora importaban otras cosas.