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Revista el Federal - Viajes - nota

El Chaltén invita a la aventura de remontar el Río de Las Vueltas

Remontar el Río de las Vueltas es una de las mayores experiencias de rafting que se puede disfrutar en grupos de amigos o en familia, se inicia en el paradisíaco pueblo El Chaltén, elegido por Lonely Planet como uno de los lugares más hermosos del mundo, con el monte Fitz Roy como wwwigo omnipotente, coronado por eternas nubes.

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El Chaltén es un pueblo soñado, frío y cristalino que fue elegido por la guía Lonely Planet como uno de los mejores lugares para conocer en todo el mundo. Este privilegio, lo podemos gozar quienes vivimos acá y aquellos espíritus aventureros que sientan amor por estar en contacto con los latidos de la naturaleza y se animen a realizar una de las travesías más inolvidables: navegar por el Río de Las Vueltas.

Este río es un cauce de aguas transparentes, heladas y motivantes que bajan de las altas cumbres para refrescar la pradera. La aventura impone una buena dosis de valentía y osadía: el río se remonta en gomón y quienes han hecho esta aventura señalan que la sensación de estar flotando en ese río diáfano no se olvida nunca más. La espuma salpica la embarcación y las gotas de ese agua reconfortan y alimentan los sentidos.

En rafting hay 5 niveles de dificultad, remontar el Río de las Vueltas está en la tercera posición. Es una experiencia que provoca adrenalina pero que se puede hacer en grupos de amigos o en familia. La única condición: saber disfrutar y entregarse a esta maravillosa sensación de estar navegando por un rio entorno a un escenario único, apenas intervenido por el hombre.

Desde El Chalten hay diversos prestadores turísticos que ofrecen la travesía. Una vez elegido uno, hay que prepararse, dejar nuestra ropa y ponernos un traje especial para que nos aísle del agua helada. Pero la ceremonia impone sacrificios: todo aquel que quiera entrar en los dominios del río debe meter la cabeza dentro del agua. Este bautismo es parte del rito del Río de Las Vueltas.

El recorrido es de 14 kilómetros y durante el trayecto los cambios de velocidad son abruptos, haciendo del cauce una montaña rusa natural con curvas y contracurvas que sacuden el gomón, originando maravillosas sensaciones.

Después de una hora y media a pura adrenalina, y ya una vez en tierra, los valientes aventureros respiran este aire puro que está protegido por la presencia omnipotente del Fitz Roy, esa montaña sagrada para los tehuelches que la llamaban Chaltén, que significa “montaña humeante” por tener la compañía sempiterna de una corona de nubes.

Para recuperar fuerzas y ya en el bucólico Chaltén se puede terminar el día al calor de unas brasas esperando disfrutar de un cordero con hierbas de la pradera, apurando un vaso de cerveza artesanal. El manto estelar brilla de un modo surreal al sur del mundo, en este rincón donde el paraíso dejó una puerta abierta.