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Revista el Federal - Mi País - nota

El Delta que encandiló a los escritores

Mientras se levantan edificios lujosos, un cronista destaca el encanto de la geografía orillera como inspiración de las plumas rioplantenses.

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Por Néstor Saavedra. Fotos: Infomedia.

El Delta seduce. Domingo Faustino Sarmiento se radicó en río que hoy lleva su nombre y, cuando se le daba la oportunidad, expresaba las maravillas de esta terminación geográfica del Paraná, cuyo nombre responde a la forma mayúscula de la cuarta letra del abecedario griego. La casa del periodista y escritor sanjuanino es el primer museo abierto en el Delta (atiende de miércoles a domingos, de 10 a 18, 4728-0570).

Otro educador que tuvo su casa en el Delta fue Marcos Sastre. Aunque nació en Uruguay, desarrolló su actividad en Argentina. En el Delta descansaba el fin de semana, en la junta de los arroyos Espera y Gelvez.

Su vocación pedagógica lo llevó a escribir en 1858, El Tempe argentino, una descripción magnífica del Delta desde varios ángulos: histórico, geográfico, botánico y zoológico. Su vivienda en San Fernando, no lejos del reservorio insular, le aportó más información.

Liborio, el rebelde, hijo del presidente de la Nación Agustín Justo, se afincó en la década de los 40 en el arroyo Brazo Chico. Años más tarde, con el seudónimo de Lobodón Garra escribió Río abajo, el relato del mundo inquieto de las islas allende el Paraná Guazú, bien lejanas al Tigre.

Haroldo Conti, escritor bonaerense desaparecido durante la dictadura militar en 1976, vivió en el arroyo Gambado, en una casa convertida hoy en museo (abierto viernes y sábados de 10 a 16, 4512-572).

Su novela Sudeste, premio 1962 de la Compañía General Fabril Editora, está ambientada en el extremo físico, social y económico opuesto al marco de Garra: el Delta orillero, más cercano a la gran urbe.

Rodolfo Walsh, desaparecido en 1977, pasaba sus retiros y descansos en una casa sobre el río Carapachay. Así comprenderemos el tono vívido de tantos detalles de su Claroscuro del Delta, artículo aparecido en la revista Georama, en 1969. Lo describe así: “una región casi tan extensa como la provincia de Tucumán. Cercano y desconocido revive la odisea de sus pioneros”.

A bordo y en la isla

La riqueza del agua y sus cursos fluyen en todos los relatos. Descripciones de la naturaleza y de los seres humanos con sus problemas, sus logros, sus fuerzas y sus debilidades. Hoy día, los mismos ríos y arroyos, las mismas lagunas de aguas marrones, los mismos árboles, las mismas noches estrelladas, los mismos sonidos de amaneceres y atardeceres se repiten.

Eso sí: se ha poblado con todo tipo de transporte fluvial, aunque siguen circulando las antiguas y típicas lanchas colectivas de madera, y el alojamiento se ha diversificado y jerarquizado exponencialmente en los últimos veinte años.

Viajar por este damero verde es un placer y se puede complementar con el disfrute de la lectura. Cualquiera de los cinco textos citados adquiere más realismo leído en el Delta, aunque en la primera parte del recorrido sea inevitable una pausa para contemplar la gran cantidad de embarcaciones que navegan los ríos Tigre, donde está la terminal fluvial, y Luján, linde entre el continente y las islas.

Los edificios lujosos contrastan con las viejas entidades sociales y deportivas, como los clubes Rowing, Canottieri o Tigre (actual Museo de Arte), con el moderno Parque de la Costa y sus ruedas y montañas rusas.

Aprovechando la belleza de los últimos días de transición entre el verano y el otoño, conocimos la posada Isla Escondida, nombre muy bien puesto, pese a encontrarse a solo 40 minutos de lancha de pasajeros (tiempo que se acorta a la mitad con lancha privada propia o del establecimiento, que puede navegar por el arroyo Esperita).

Alejada unos trescientos metros del transitado curso del Carapachay, por un camino isleño, se oculta en un tupido parque de dos hectáreas, que rodea a la casa central, que perteneció a la familia de Mariquita Sánchez de Thompson, patriota ligada a las tertulias y convocatorias públicas: en su casa se entonaron por primera vez las estrofas del himno argentino.

Fue reciclada en 1892. Hoy alberga nueve habitaciones en la planta alta sobre el bar, cálilo y amplio. Con más privacidad, las cabañas del Arroyo y del Bosque son ideales para la Noche Romántica, propuesta dedicada a los enamorados. Tiene piscinas climatizadas y cubiertas. Los fines de semana hay yoga, caminatas y visitas guiadas (para más datos: 011-5245-9770).