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Revista el Federal - Especiales - nota

El nacimiento de un nuevo paraíso: laguna La Petrona

Visitamos la Laguna La Petrona, a pocos metros del Río Colorado, puerta de entrada a la patagonia bonaerense. Se trata de un espejo de agua sin intervención del hombre, la propuesta es acampar y disfrutar del agua y del encanto de la naturaleza, que se vive en estado puro.

Por Leandro Vesco

Al fondo del mapa bonaerense, donde el río Colorado traza una península de tierra olvidada y bucólica, se sitúa un territorio acunado por la soledad y la vida, la laguna La Petrona es un manto manso de agua que conserva el alma de los primeros días de la creación. Allí, Erika Balint y Adrián Andreolli viven como los pioneros, sin luz ni señal de celular, pero son dueños de un nuevo paraíso: esta laguna que cuidan como un integrante más de su familia.

Sentimos que no nos perdemos nada, mis amigas me preguntan cómo haces para vivir sin luz, sin tele. Yo cuando decidí cambiar de vida y venirme a vivir acá con Adrián era lo que quería. No sentí el cambio, no extraño la ciudad, acá tenemos para nosotros la laguna, es impagable sentarnos solos a ver el atardecer”, Erika vivió en Lanus, estudió Historia y profesorado de Inglés, se cansó del micro, tren y subte, atestados de personas malhumoradas y le dio un portazo al conurbano. Adrián nació en la Petrona y toda su vida la pasó contando estrellas y navegando por las quietas aguas de este Edén donde el agua es cristalina y apacible, es una persona huraña, pero con un corazón grande como el cielo. Juntos están edificando una vida emocionante y cautivadora, a pocos metros de esta laguna donde el sonido del silencio es una sinfonía de varios movimientos donde las aves y su canto representan los principales instrumentos. Es tal lo agreste que todo lo que tiene vida aquí, que es vasto, se siente, con los oídos y con la piel.

La Petrona está contenida por una península que hace el Río Colorado, que está a pocos metros de aquí. Más allá de ese horizonte, está la incógnita natural de las tierras patagónicas. La rústica simpatía del celaje pampeano se mezcla con la infinitud del desierto interminable. El pueblo más cercano es Pedro Luro, y con él, la ruta 3, que es la huella que conecta el sur del país. La historia de Erika y Adrián es una de trabajo y de amor por esta tierra. “Queremos que todo se mantenga tal cual está, la laguna tiene muy poca intervención del hombre y así queremos que se conserve” La Petrona tiene 600 hectáreas donde la naturaleza mantiene su mejor pose, aquí parece haberse detenido la creación. La belleza es de antes, pero el encanto se renueva todos los días.

Durante muchos años la laguna tuvo pesca comercial, desde aquí se llevaban percas y pejerreyes a Mar del Plata, conocida por la gente de la zona, también algunos se aprovecharon de los beneficios de la naturaleza, pero desde que Adrián y Erika tuvieron la visión, la laguna se proyecta con un espacio donde poder disfrutar de la maravilla de la soledad. “Vivir acá te condiciona a no tener muchos amigos”, reconoce Adrián. La idea que tienen es genial: hacer un camping agreste. “Queremos hacer turismo de tranquilidad, ofrecer lo que sentimos: que estás completamente solo en el medio de la nada, pero con una laguna de aguas frescas”, resume Erika, quien además se ha capacitado en emprendedorismo turístico.

Llegar hasta La Petrona requiere de intuición, el camino es polvoriento y con algunas curvas azarosas, hay que cruzar campo y más campo. Mucho espacio de tierra curtida, de viento abombado por el calor. Escondida en un monte natural, la mejor visión que se tiene de este oasis es desde un monte donde en estos días Adrián está haciendo un mirador. Este hombre puede mover una montaña si se lo propone, y eso hace. “Queremos que sea una Reserva, y que los turistas sepan que así como encontraron el lugar, así lo tienen que dejar”, esa es la regla para seguir teniendo la alianza con la naturaleza. A cambio, se desnuda en la intimidad la laguna que cuando no hay viento parece un espejo mágico y ceniciento.

Este lugar forma parte del grupo de turismo rural “Aguas Turísticas” que nuclea a los emprendimientos de turismo rural del Partido de Villarino, coordinados por María Isabel Haag, de Cambio Rural (INTA), esta red de propuestas tienen en común la revalorización de la identidad rural y la vivencia de estar en contacto con la naturaleza.

Las actividades para hacer son simples, solitarias y divertidas. Caminar por la orilla, bañarse, y observar el lento devenir del día. Aunque no hay mayor placer que sentarse en una reposera frente a la laguna y ver la televisión natural: flamencos, cisnes y patos protagonizan un show único. Entre los árboles hay actores secundarios que merecen nuestra atención: calandrias, zorzales, horneros, gorriones, cotorras, palomas, churrinches, ratoneras, tordos, cardenales, caranchos, chimangos, lechuzas, búhos, codornices, copetonas y coloradas. Todos juntos hacen una sinfonía que acompaña las horas del día. “Queremos preservar todo esto”, reafirma Erika. Uno debería venir por lo menos una vez en la vida a La Petrona para conocer cómo era la vida antes de que apareciera el hombre. Es tal la sensación de soledad y virginidad ambiental. El mundo, tal cual uno lo conoce queda detrás del monte, acá todo es felicidad y goce.

Contacto: Laguna La Petrona 

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