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Revista el Federal - Mi Pueblo - nota

“El Ota”, la calma experiencia de hospedarse dentro de un bosque tandilense

Viajamos a conocer "El Ota, Club Campestre" en Gardey, a 26 km. de Tandil, un complejo con cuatro casas de campo dentro de un bosque de eucaliptus con salón de eventos y quincho con parrillas, es ideal para gozar de la tranquilidad y la paz. Forma parte del Grupo de Cambio Rural del Inta de Turismo Rural de Tandil. Conocelo.

Texto y fotos: Leandro Vesco

Si Tandil es una pulpería a cielo abierto, en donde el salame y los quesos, almacenes, la gastronomía y sus cabañas constituyen los principales atractivos de un destino turístico consolidado, Gardey, a pocos kilómetros de distancia es el pueblo ideal para disfrutar de la tranquilidad, el contacto con la naturaleza y vivir la experiencia de estar dentro de la dinámica de un pueblo con casas bajas y veredas arboladas.

Imposible no reconocer que la región de las sierras de la Tandilia es una de las bellas y geográficamente privilegiadas de la provincia de Buenos Aires. En el momento en que se creó el mundo, en Tandil se tomaron más tiempo y una especial dedicación: la comarca es linda por donde se la mire, pero también los turistas que llegan por miles necesitan nuevas formas de disfrutar de esta tierra. El grupo de Turismo Rural de Cambio Rural de INTA que coordina María Elena Valdez ha logrado crear una red de emprendimientos que comienzan a tomar vuelo propio, en algunos casos recuperando pueblos. Se trata en todos los casos de historias maravillosas que nos hablan de familias que apostaron por desarrollos pequeños que han vuelto grandes a sus pueblos, que comienzan a recibir turismo.

Liliana Larrouy y German Christensen son un matrimonio que tenían un emprendimiento de apicultura y un día pasaron por un bosque de eucaliptos en Gardey, el bosque era usado como un paseo por los pobladores y tenía además 60 árboles frutales que constituían un edén que abastecía de frutas a las familias que recogían las cerezas, duraznos y manzanas.  La naturaleza, los melodiosos movimientos de las hojas, ese aroma atrayente del sotobosque, el canto de las aves, y la magia propia del reflejo del sol brillante sobre el rocío fueron suficientes señales. Aquí nació “El Ota, Club Campestre”

“El bosque les indica paz, tranquilidad, descanso, vida saludable. A la gente que viene le cuesta mucho irse. Los niños no quieren salir ni al pueblo”, explica Liliana la experiencia de pasar unos días en “El Ota”, German, con su voz pausada, completa: “Acá hay niños que aprendieron a andar en bicicleta”, acaso esto resuma más que nada el alma que rodea las cuatro cabañas que son contenidas por el bucólico bosque. La libertad que se respira es total. “Al principio los vecinos de Gardey estaban extrañados, pero cuando los pasajeros comenzaron a pasear por el pueblo y entrar a los negocios y consumir local, las cosas cambiaron”, German entiende que ese es el momento cuando una comunidad se abre al turismo, y entiende que ese paisaje que ve todos los días también es atractivo para otra persona. “Lo que más asombra, es cómo los niños pueden andar solos, despreocupados, caminando por el bosque o en la plaza del pueblo”

Los hijos del matrimonio ayudaron a emprender esta aventura de hacer turismo rural en un pueblo que miraba a Tandil como si fuera la única alternativa turística, hoy con diez años de actividad, con el “El Ota” como estandarte, en el pueblo se fueron abriendo otros espacios y atractivos, como el Almacén de Ramos Generales “Vulcano”, el Museo Malvinas, y lugares para comer y conocer que han transformado a Gardey en un destino con peso propio que cada vez atrae más a las familias. “Nunca hicimos publicidad, siempre nos manejamos con el boca en boca, para tener este complejo hace falta una gran ingeniera casera”, explica Germán.

“El Ota” Club Campestre tiene cuatro “casas de campo”, como prefieren llamarlas Liliana y German, y así lo son, casas construidas con “madera dura, de ley”, muy cómodas y totalmente equipadas, un salón de eventos para 150 personas, pileta climatizada, base de campamento, quincho con parrillas, salón de juegos y espacios para hacer deportes. Hay señal de Internet en todo el complejo y fundamentalmente está el entorno natural, el predio está asentado sobre uno de los valles de las sierras de Tandilia, muy cerca del arroyo Chapaleoufú. “En las noches frescas prendemos la salamandra en el salón y nunca falta una guitarra. Siempre nos gustó cocinar y estar con la gente, así que para nosotros es un placer ver que todos los espacios son disfrutados”

Cuando el sol nace en los cerros, las primeras luces del día se desparraman por entre las hojas. Las aves producen una sinfonía única, la ceremonia ancestral del renacer de la vida se expresa con fascinante imprudencia, aquí la vida se entretiene mientras es. “No tiene ninguna relevancia la ubicación geográfica de un destino turístico, siempre y cuando tenga los elementos necesarios para contender al pasajero”, resume German, y concluye: “En El Ota lo logramos”

E mail de contacto: turismoruraltandil@gmail.com