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Revista el Federal - Cultura - nota

El sistema educativo finlandés busca la felicidad de sus alumnos

El documentalista norteamericano Michael Moore en su último trabajo "¿Qué invadimos ahora?" expone el exitoso modelo educativo finlandés donde los niños no llevan tareas a sus casas y se manejan con total autonomía, los docentes tienen como propósito buscar la felicidad para sus alumnos. Especialistas argentinos opinan. 

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Michael Moore, en su último documental “¿Qué invadimos ahora?”  estudió el modelo educativo finlandés, uno de los más exitosos del mundo. Allí se muestra cómo en las escuelas de este país nórdico los niños no llevan tareas a la casa, se manejan con total librtad dentro de las escuelas y las maestras se ponen como objetivo trabajar para darles felicidad a sus alumnos.

Moore comenta que el sistema educativo finlandés “está basado en pocas ideas pero muy claras” En el documental, la Ministra de Educación Krista Kiuru, detalla que “la mejor escuela es la que está en el barrio porque la educación es la misma para todos” A partir de este trabajo de Moore, las declaraciones de la funcionaria finlandesa y el modelo educativo de este país han dado la vuelta al mundo.

En Argentina, requerida por la prensa para expresarse sobre este tema, Patricia Sadovsky, docente de Didáctica de la Matemática en la Universidad Pedagógica (Unipe), declaró: “Finlandia tiene algo que deberíamos imitar, que no es justamente el puesto que consiguió en el ránking internacional resultante de las pruebas estandarizadas (PISA), sino en hacer que el Estado garantice que docentes y alumnos puedan tener una relación ‘vital’ con el conocimiento” y recuerda el caso de un alumno que no pudo dormir la noche anterior a una prueba porque comprobó que él mismo podía inventar y mejorar los criterios del tema que tenía que defender por la mañana en clase.

“Su alegría provino de que había producido él mismo un conocimiento, ese es nuestro desafío: entender que hay una vitalidad que proviene de apropiarse del conocimiento e incluso producirlo. El conocimiento permite dar una respuesta diferente a la que uno daría sin él. La relación entre conceptos es el corazón del conocimiento”.

Acerca del momento que vive la pedagogía en nuestro país, Sadovsky afirmó que “estamos en problemas si pensamos que la escuela da lo mismo que da Google. La escuela es capaz de modificar el sentido común porque pone en juego el conocimiento, que es necesario para manejar todo ese cúmulo de información que circula en los medios”.

“Si hay algo que Finlandia logró tener, es una muy buena educación involucrando a los docentes y a los alumnos en la experiencia que debe pensarse en y desde el aula, esa usina donde el saber fluye. Si tomo los criterios de divisibilidad sólo como saber instrumental, será cuestión de memorizarlos y aplicarlos cuando los necesite; seguramente serán útiles, pero estoy perdiendo la posibilidad convertirme en productor de otros criterios, los que puedo crear si comprendo cómo interviene allí la organización del sistema de numeración”, sostiene la docente de la Unipe.

El rector de esta universidad, Adrián Cannellotto, afirma que “la educación no funciona en el vacío sino que opera sobre y bajo una realidad social. Para estas comparaciones, hay que partir de la base de que la escuela no puede hacer el trabajo que no hace la política económica y social en un país”, destacó.

“¿Qué invadimos ahora?” muestra a niños en las escuelas finlandesas jugando en la escuela, cocinando, construyendo estructuras con madera, cosiendo, trepando a árboles, arreglando bicicletas, todo en un ambiente totalmente tranquilo y ameno. Un aula en nuestro país es un espacio donde la docente debe arreglárselas como pueda para contener a los niños y lograr unos minutos de atención. Gritos, tensión y muchas veces violencia, son comunes en nuestras escuelas públicas, lo opuesto al modelo finlandés. Allí, los alumnos no llevan tareas a sus casas, y tienen muy pocos exámenes. El sistema se basa en la toma de decisiones, la autonomía y la búsqueda del bienestar. La educación se asienta en los pilares del diálogo, el respeto y la libertad. “No tengo que pedir permiso para ir al baño, cuando quiero, voy”, relata un estudiante de secundaria en el documental.