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Revista el Federal - Mi Pueblo - nota

El Trigo, el pueblo de los cincuenta habitantes y un Centro Cultural

El Trigo es un pueblo del Partido de Las Flores, tiene cincuenta habitantes, un centro cultural, escuela, un almacén y una fabrica de chacinados. Hombres y animales caminan por sus calles arboladas. Viajamos al Trigo, el pueblo perfecto.

Texto y fotos: Leandro Vesco

Con 50 habitantes El Trigo tiene un Centro Cultural, un almacén de ramos generales, un emprendimiento que fabrica chacinados, buena señal de celular, escuela, un grupo de gansos, gallinas, perros amigos y algunos de los mejores caballos de la región que caminan por sus calles y una inmenso terreno ferroviario con el césped corto que hace las veces de Boulevard Rural. El trigo es el pueblo perfecto.

El pueblo se presenta de la mejor manera, se entra por la ruta 61 y como si fuera una enorme herradura, o una U, o acaso una bahía en cuyo centro hay un mar de pastizal ofrece a la vista de quien lo camina por primera vez una imagen de bienestar, a un costado de ese camino están las casas, algunas muy vistosas, y todas con árboles y plantas florales. Patricia Guzmán es la esposa del almacenero, ella nos muestra la joya del pueblo: el Centro Cultural El Provincial, que hace referencia al ramal que pasaba por aquí cuando el país tenía un sentido federal. Hoy unas de las dependencias la ocupa este espacio de cultura y el otro la policía. Todo está bien mantenido.

El centro cultural lo hicimos entre todos, nos pusimos de acuerdo y trabajamos en la recuperación de este edifico ferroviario, que estaba totalmente destruido”, a los pocos metros de lo que fue el andén, el Centro Cultural sorprende por la colección de libros, y por su limpieza y orden. El espacio es aprovechado por los habitantes del pueblo, mayormente niños pero también adultos que saben que allí pueden hallar libros e infinitas historias.

El pueblo, como todos los nacidos allá lejos y hace tiempo, tuvo su apogeo cuando el tren pasaba y los habitantes podían subirse y estar en Buenos Aires en el mismo día, lo mismo que la producción. Muerto el tren, el pueblo se las arregló como pudo. La ruta 61 es solitaria, lo mismo que el campo que rodea al pueblo, pero sin embargo El Trigo, vaya uno a saber por esos misterios de la ruralidad, tuvo la suerte de tener los habitantes que tiene. Son de fácil unión y cuando se proponen algo lo hacen.

Una pareja de gansos nos lleva hasta el Almacén “El Parejero”, el otro centro cultural del pueblo, este dedicado a las charlas, sonrisas y al fomento de la amistad. Cuchillos, arroz, aperos, tuercas, chorizo seco y queso, y todo lo que alguna vez se le ocurrió inventar al hombre, está aquí. La gente de El Trigo lo tiene todo en el pueblo. Adalberto Loggia hace 55 años que está en el boliche. Hace calor cuando entramos, pero un grupo de parroquianos le hace frente con cervezas heladas, y una picada. “Se me ha puesto la piel de River”, le dice Hector a Luis al referirse a una invitación que recibió. Alrededor del ramos generales hay un interminable horizonte de pampa, y dentro de estas cuatro paredes, los pocos hombres que viven allí, se ríen, hablan y hacen crecer una amistad tan necesaria como el agua para los cultivos de sorgo. Ese es la función más importante de estos templos criollos: el de poder ser una alternativa humana para hacer de la vida en esta soledad, más feliz.

El hijo de Adalberto, quien además cría yeguas de carrera, tiene la fábrica de chacinados “Caseritos del Trigo”, que da empleo y visualización al pueblo. Frente a la estación encontramos un galpón hecho por los ingleses, adentro trabaja el genio del pueblo, “El Loco Daniel Macchiaroli”, inventor, artista, filósofo rural, adorador de los helicópteros y una persona que se da el lujo de no tener tiempo en este pueblo. Está siempre haciendo cosas, “no paro nunca, yo todavía sigo siendo el encargo de la antena de Telefónica, así que manejo todos los hilos del pueblo” Nos deja entrar “al laboratorio”, como llama él a su taller, allí nos muestra su colección de tractores, camiones, cosechadores y helicópteros en miniatura, todo lo hace con elementos reciclados.

El próximo desafío del pueblo es hacer una casa de adobe y permacultura, ya la tienen empezada y les falta poco, si se proponen hasta pueden bajar la Luna del cielo para ponerla en la entrada del pueblo. Patricia nos despide y en ella vemos la matriz de por qué El Trigo es el pueblo perfecto: “Estoy contenta porque regresó mi hijo, todos los chicos que hay en El trigo son mis nietos, con un solo hijo poblé el pueblo!