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Revista el Federal - Actualidad - nota

En busca de la paz

Buena pesca de dorados y tarariras con artificiales en una zona plagada de accidentes fluviales, ideales para estas prácticas.

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Dentro de la amplia franja del Paraná Medio, que va desde Empedrado (Corrientes) hasta Diamante (Entre Ríos) se encuentran muy buenos pesqueros, algunos con una larga tradición, como La Paz, en el norte de la última provincia citada. Apenas al norte del puerto de la ciudad se encuentra el enorme complejo de islas Curuzú Chalí, abrazado por los ríos Parana y Espinillo (este nace y desemboca en aquel). Del lado oriental, aparecen arroyos y bañados que crecen hacia el Norte a medida que nos acercamos a la salida de los ríos Guayquiraró y Corriente. Todas son zonas más que aptas para la pesca del más codiciado de los peces de la Cuenca del Paraná, el dorado. Sobre todo cuando los ambientes laterales desaguan sobre los grandes ríos y transportan comida (forrajeros), los peces cazadores se apuestan sobre lo que se llama “aguas negras”, aquella que se diferencia del clásico color marrón por tener un tono más bien té, mucho más transparente y con presencia de muchos peces pequeños que se transforman en objeto de caza de los más grandes.
A La Paz fueron grandes amigos, semanas atrás, precisamente en busca del “tigre de los ríos”. Matías Sulpis, Mario Zwetzig y Juan Pablo Gozio escogieron a los guías Aníbal Bahler, Adrián Béliz, Roberto Alsina y Claudio Mansilla para remontar el Paraná, el Espinillo y pescar en uno de los estilos más lindos, dada las exigencias que presenta: la pesca al golpe con artificiales. ¿Exigencias? Sí, hay que elegir bien los lugares, mayormente contra barrancas y árboles caídos del Paraná y también arroyos y desembocaduras de lagunas de baja profundidad. ¿Y una vez en esos sectores? A no dormirse: hay que escoger los señuelos adecuados, contemplando posibles enganches, mayor o menor profundidad tanto desde lecho como en la que comen los peces, velocidad de la corriente y de la deriva de la embarcación… y, en segundos, lanzar con mucha precisión. Mientras, recoger con la velocidad precisa y dejar la punta de la caña mirando hacia abajo para tener más ángulo de clavada. Cuando alguna persona me dice que la pesca es algo aburrido, que requiere la paciencia de Job, me gustaría invitarla a que presencie una horita, no más, de pesca al golpe en el Paraná. Seguramente luego cambiará su concepto de la pesca, que por otra parte es el tradicional, el que ha quedado en la memoria colectiva, de un hombre aburrido aguardando que algo mueva su boya quieta.
Mis amigos, la primera mañana probaron pescando al golpe con mosca y señuelos en algunos palos. Solo subieron algunos dorados, pues no estaban donde deberían estar. Luego de almorzar en una isla y descansar un poco, fueron al desagüe de una laguna en la que Mario y Roberto habían ganado la última edición de la Fiesta del Dorado de La Paz, en la categoría mosca.
El lugar resultó perfecto, y la pesca también. Pescaron el desagote de una inmensa laguna, vadeando, donde el agua comenzaba a embocar en una rápida corredera.
Así lograron, con baitcast y fly, dorados de 1,5 a 6 kilos.
Descansando de tanta tensión y acción, fueron a buscar ¡más tensión y acción! en un arroyo de aguas quietas que corría detrás de una corredera plagada de dorados. Era zona de tarariras y picaron varias de kilo a tres kilos tomando señuelos de látex y de superficie.

Plumas y gomas. Las moscas usadas estaban atadas con material sintético negro con flash y ojitos de cadena sobre anzuelos Kashima. No era conveniente lastrarlas porque como pescaron en menos de un metro de agua se engancharían en el fondo. Utilizaron cañas Tech Zalt para líneas seis y ocho, líneas de flote y líderes de fluorocarbón de tres metros que permiten que la mosca se hunda aun pescando con línea de flote.
La técnica que resultó ventajosa era lanzar aguas abajo, ir corrigiendo la línea en deriva muerta y tensar para que la mosca trabajara atravesando la corriente. También había que imprimir movimientos con la punta de la caña para darle vida a la mosca, pero sin recoger para evitar que se levantase mucho en la columna de agua. Una vez que el dorado tomaba el engaño, se clava con la mano, sin levantar la caña. Y cuando el pez queda bien afirmado, se deja correr hasta que toda la línea suelta pase por los pasahílos y, luego, se trabaja con el reel. Cada uno de estos detalles, que me contó Juan Pablo a la vuelta de su viaje, es importante, porque en conjunto optimizan el resultado. La práctica correcta de la técnica, como dice el afamado periodista de pesca brasileño Rubinho, aleja el tan aleatorio factor llamado “suerte”.
Para pescar en baitcast usaron cañas Gozio y St.Croix Legend Tournament, reeles Quantum Exo y Quantum Smoke, multifilamento Tech Spectrum, y señuelos (para pescar dorados a media agua: Tech Have Magnetism Minnow, Tech Fatty Cranky y Bomber Windcheater. En cambio para pescar dorados en superficie se volcaron a los Bomber Walkie Talkie y Heddon Zara Spook. Y para tarariras, también en superficie, que es la manera más interesante de capturarlas, artificiales Yum Money Frog y Money Hound (ambos del estilo “gomita”, y dos clásicos de Heddon: Moss Boss y Zara Puppy.
Pese a la lluvia que los acompañó persistentemente, vivieron una jornada inolvidable, a pura actividad. Como dijo al finalizar Matías Sulpis: “Lo que debía ser un viaje de relax con amigos, se convirtió en una de mis mejores y extenuantes pescas de dorado”.