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Revista el Federal - El Campo - nota

Entrevista a Domingo Rodriguez, el tambero que produce sin agrotóxicos

Domingo Rodriguez nació en el campo santafesino en 1949, desde temprana edad trabajó en un tambo, referente de la agricultura familiar, ha luchado toda su vida por un campo libre de agrotóxicos. Una hija y una nieta murieron por causas referidas a pesticidas y desde hace muchos años lleva adelante su tambo en donde sus vacas consumen alfalfa orgánica. Entrevistamos a Domingo y nos cuenta su vida y nos dice cómo es posible producir sin agroquímicos.

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Por Leandro Vesco

“Lo que están haciendo con los agrotóxicos es un genocidio silencioso” reflexiona Domingo Rodriguez, con voz pausada pero con aires de insurgencia rural. Nació en 1949 en un pueblo del centro sur de Santa Fe, toda su vida la dedicó a trabajar la tierra y a combatir las injusticias que se viven en el ámbito rural, desde hace algunos años milita para erradicar los agrotóxicos de nuestro campo, y da el ejemplo: en su tambo las vacas comen alfalfa orgánica, sin químicos.

Su vida ha estado marcada por “el veneno” como llama a los pesticidas. Perdió una hija y una nieta a causa del contacto con ellos y un nieto sufre un mal que nadie puede diagnosticar. “Está relacionado directamente con el veneno”

A pesar de estas tragedias que le han marcado la vida, Domingo no se resigna y sueña con un futuro en donde todos podamos comer alimentos sanos, libres de químicos. Su lucha es inmensa, pero como si fuera un Quijote criollo, sabe que nunca las cosas fueron fáciles. “Fui criado en el campo, acá estoy, en la lucha. Nosotros tenemos una crianza que hoy no se conoce, muy difícil, porque a los cinco años íbamos al tambo, no había adelanto, no había tecnología, se ordeñaba a mano, y después, recién, se iba a la escuela. Once kilómetros nos quedaba la escuela, íbamos a caballo. Mi vida, todo lo que aprendí se lo debo al campo, al amor que tengo por la tierra. Para mí la tierra es parte de mi vida. De ahí venimos y de ahí nos vamos”

Para entender mejor la personalidad de Domingo, es necesario conocer su origen y lo que debió pasar en sus años de niño. Nada fue fácil para él, como tampoco, nada lo es para los que eligen vivir bajo los preceptos de la naturaleza, que da, pero que también quita. “Fuimos desalojados de jovencitos de un campo fiscal, eran 105 hectáreas. Nosotros éramos ocho hermanos y la abuela que vivía con nosotros. Vivimos 46 años ahí y sin embargo los acomodos políticos no tienen límites. Una mañana vino la policía con un juez, corrupto también, le obligaron a firmar a mi papá el desalojo. Pero cómo íbamos a firmar el desalojo si hacía 46 años que la familia estaba viviendo ahí. Mi papá se asustó y firmó” aquellos años forjaron su personalidad para siempre. Conoció el engranaje que hace mover la realidad en argentina, los cables turbios de los acomodos y la corrupción.

“Mi papá no alcanzó a ver la importancia que tenía poseer un pedazo de tierra, aunque sea baja. Mi viejo no la alcanzó a comprender a esa. Así terminó el pobre, haciendo changas en un Sindicato” No hay reproche ni nada que cuestionar, el padre debía mantener una familia y eso hizo. “Antes de irme a la ciudad fui a trabajar de peón de tambo. Donde se ordeñaban 1000/1400 litros de leche por día. Eran tambos grandísimos. Se ordeñaba a mano, no había ordeñe mecánico. Era un sacrificio, yo vivía cerca de Galvez con un tío. Nos levantábamos a las 1.45 AM y ordeñábamos hasta las 8 AM, y de ahí se llevaba la leche a Galvez, a la Sancor” El sacrifico de dormir poco y pasar heladas templa y endurece la piel y los sentimientos, pero hace crecer un empecinado amor por la justicia y cierto determinante odio a la iniquidad. “Ahí empecé a definirme como un renegado, un sublevado por la injusticia que se sufre sin tener quién lo ampare

Luego de aquella época, la vida le devolvió un pedazo de tierra, que es donde ahora está. ¿Pero cómo empezó a envenenarse el campo, cuando se inició el desembarco de las grandes compañías derrumbando acaso para siempre un estilo de vida que fue nuestra insignia como patria? Domingo recuerda con nombre y apellido:

-Uno venía dándose cuenta, yo siempre estuve en la lucha por los que menos tienen, he analizado mucho la llegada de la soja a nuestro país. Felipe Solá introdujo todo el paquete tecnológico de Monsanto y de los otros buitres, y ahí se empieza el campo a destruir. Porque ellos son destructores del campo. Han querido cambiar la naturaleza, cambiarla, transformarla, y eso no se transforma. La naturaleza por algo es naturaleza. Hay que dejarla.

“Borraron lagunas, montes completos y siguen destruyendo, y piensan que porque hagan alguna diferencia, todo está justificado. Ellos sino tienen rentabilidad no hacen nada. Entonces lo que miran no es la salud del planeta, no es la salud de la tierra, que está degradada, que en parte ya no sirve para nada. Pero la tierra no se degradó sola, es el hombre que la degradó junto a las empresas sojeras multinacionales. Están destruyendo al mundo y sino ponemos un reparo en esto, vamos a destruir al planeta, y esto no es un juego, compañero, y la primer especie que se va a perder es la especie humana”

-¿Qué piensa usted de los agrotóxicos, Domingo?

-Son veneno. Ningún agrotóxico es agua bendita, por lo tanto la gente que los riega o los produce debería ser enjuiciada. Que vayan preso, les digo, es poco. Lo de los agrotóxicos es un genocidio silencioso. Lo peor de todo es que no mata directamente, sino lentamente. Pero termina matando. He recorrido muchos pueblos y la tragedia rural se presenta de la misma manera: la cantidad de muertos alrededor de los silos. Los silos están en el centro del pueblo. Los intendentes no han hecho un crecimiento demográfico bien, si los silos están en el norte, hubieran desarrollado el pueblo en el sur, pero esto no se hace porque siguen vendiendo y loteando a la par de los silos.

Domingo ha sido dirigente y militante de la Agricultura Familiar, participa activamente en la agrupación “Paren de Fumigarnos“, con su verdad y experiencia de ser un tambero que alimenta a sus vacas con alfalfa libre de químicos ha recorrido el Mercosur y su voz ha llegado hasta los lugares más altos, como el Congreso Mundial de la Salud: “Yo no tengo estudios, yo lo que tengo es un profundo amor por mis hijos, y voy a pelear hasta el último momento para que ellos puedan decir que su padre luchó para dejarles un mundo un poquito mejor

Hombre de vida dura y sencillo en su decir, sabe bien de qué lado la balanza se inclina cuando algún billete anda donde vueltas. “Mucha gente que estaba en la Dirección de Agricultura Familiar del gobierno pasado han quedado, qué casualidad que sean los amigos de los empresarios sojeros” Los agrotóxicos dejaron profundas huellas en la vida de Domingo. Una de sus hijas nació con la espina dorsal rígida y varios miembros de su familia han tenido problemas, que vincula directamente con la exposición que han tenido en el campo con los químicos.

“Con los años que tengo todavía se me anuda la garganta. Uno nunca se olvida cuando pierde a un hijo. He perdido a mi padre y mi madre, hermanos, pero de mi hija no me olvido nunca. Eso no se perdona. Matar a un niño por hacer más plata, no tiene sentido. Y la gente que envenena los campos piensan que van a vivir eternamente porque no están en contacto con el químico. Los que más contacto tenemos somos nosotros, los agricultores familiares

Cuando murió su hija Domingo estaba peleando por una ley que impidiera fumigar cerca de campos que fueran trabajados con agricultura orgánica. “La ley está presentada, pero jamás se aprobó. Yo peleaba para que al menos hubiera un cinturón libre de agroquímicos, para poder desempeñar la agricultura familiar, para que la gente no se envenene, para que todos podamos comer más sano. Porque los alimentos que comemos son malos, están envenedados. También murió de una muerte dudosa mi nietita, y mi nieto tiene serios problemas respiratorios y gástricos. Todos los estudios que hemos hecho indican lo mismo: los agrotóxicos. Cuando al veneno lo tiran cerquita, no se asienta, quedan las partículas flotando, y al primer cambio de viento lo lleva a un lugar donde exista reparo y ahí se deposita. Ahí queda el veneno. ¿Y dónde hay reparo? En la orilla de los pueblos, donde vivimos los más pobres, los más humildes y los únicos que somos capaces de producir comida sana y de enfriar al planeta

La único solución que encuentra Domingo es apostar por lo orgánico, produciendo en forma familiar, sintiendo amor por la tierra que es quien nos da el sustento. “La agricultura familiar quiere decir muchas cosas, quiere decir agroecología, quiere decir tener la tierra para trabajarla, y tenerla sin el miedo de que el día de mañana alguien pueda venir a echarnos, porque la tierra es un bien social. Siempre se han hecho los desentendidos, pero cuándo irán a entender que la tierra, el aire y el agua, son bienes sociales, y están los tres elementos contaminados. Nosotros peleamos por el acceso a la tierra. Por esto me dicen que soy zurdo, pero no me importa, si soy zurdo y tengo razón, le doy la razón a los zurdos. No tengo bandera política. La agricultura familiar es la única solución para frenar el calentamiento del planeta, pero tiene que estar acompañada por los gobernantes, porque solos no podemos”

En plena crisis tambera, el panorama es simple para aquel que siempre ha vivido de espaldas a las corporaciones y de frente a la vida. “Nosotros lo vemos desde el punto de vista que al tambo lo hacemos en familia, y la otra gente que tiene tambos inmensos, no lo hace en familia, esa es la diferencia básica. Es rentable el tambo, pero estamos desamparados, ni con el anterior gobierno ni con este estamos bien. Porque las empresas multinacionales tienen enormes tambos, entonces le dan dos pesos al tambero, y se quedan con toda la ganancia, porque son dueños de los supermercados también. No se puede pagar 2.60 un litro de leche, y luego vender agua. Hay análisis que dan un litro por diez, es decir, por cada litro de leche, producen diez agregándole agua. Y esto es lo que aconsejan consumir algunos doctores, prendidos en este negocio. Añadiéndole agua, completan al mercado, con poca leche. Pero no es leche

Este Quijote campero santafesino que pelea contra los grandes molinos de viento, que cambian de perfil, pero que siempre muestran la misma cara: la de la injusticia, la usura y el desapego por la vida. En su pedazo de tierra, su mujer Isabel Beatriz Sánchez, compañera de toda la vida y luchadora junto a él de los valores ecológicos, se despierta muy temprano a ordeñar. Domingo hoy esté enfermo pero sus ideas y su fuerza están intactas, es una columna que tiembla un poco, pero que no se cae. “Estoy operado del corazón, y toda mi vida le he dedicado a la militancia, al estudio y al trabajo. He tenido amenazas de muerte, pero no me importa. Yo digo lo que sé y lo voy a seguir diciendo hasta el último aliento, porque lo más difícil es organizar a los pobres. El que tiene mucha plata tiene muchas habilidades para impedir que los pobres se organicen. Nosotros lo que necesitamos es unidad. No hay conciencia social dentro de los pobres, pero estamos avanzando. La cuestión es tomar lo positivo que hace una persona y tratar de llevarlo adelante de la manera que uno pueda