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Revista el Federal - Mi Pueblo - nota

Faro: 14 habitantes soñadores quieren refundar su pueblo

Viajamos a conocer a Faro (Buenos Aires), donde 14 habitantes quieren refundar el pueblo, saben que el sueño es grande pero lo están cumpliendo. Quieren tener nuevos vecinos que deseen cambiar de vida y trabajar la tierra . Hay casas y terrenos para alquilar y comprar. La ONG Proyecto Pulpería los ayuda. Conocé una historia real de refundación que está pasando ahora.

Por Leandro Vesco

Algo bueno y grande está pasando en Faro, un minúsculo y bello punto al sur del mapa bonaerense donde la pampa se cae en el Mar Argentino: sus 14 habitantes sueñan con refundar el pueblo. La idea es simple e inspiradora, quieren recibir nuevos vecinos y apuestan a generar emprendimientos orgánicos y sustentables. El pueblo tiene algunos terrenos y casas en alquiler y venta, muchos se han acercado y el sueño parece estar más cerca de volverse realidad: “Queremos poder hacer una sala de té y una biblitoeca en la estación para poder recibir a los visitantes”, nos confiesa Patricia Beliz. Lo van a lograr.

Viajamos a Faro. Llegar hasta el pueblo desde la Ciudad de Buenos Aires requiere cruzar toda la provincia. Es un viaje largo, donde se cruzan todas las geografías, se pasa el Salado, la llanura, las sierras y se vuelve al llano. Son 600 kilómetros épicos. Una vez en la entrada, la magia del pueblo y la propia energía de sus habitantes se hace notar: el camino, la vieja ruta 72 (de ripio) está protegida por olivares centenarios, estamos en la región olivícola por excelencia de la provincia. Faro aparece como una visión, preciosa, surreal. Bajo el cielo azul, la escuela, iglesia y estación de tren se abren como una postal difícil de olvidar. Hay pueblos que tienen similitudes, Faro es espacial.

“Queremos tener en comodato la estación para poder hacer un espacio cultural, pero también un lugar donde poder vender las productos del pueblo”, relata Patricia, quien junto a su esposo Daniel Tonelli, hace un par de años decidieron ser pioneros en esto de querer refundar un pueblo. Cansados de la ciudad, decidieron comprar un pedazo de tierra y producir sus alimentos. La vida en el pueblo les cambió la vida, y quieren que eso sea viral. “Nos pusimos en contacto con la ONG Proyecto Pulpería para que nos ayude”, la ONG trabaja territorialmente, visita los pueblos y promueve el arraigo, el repoblamiento, y el fortalecimiento de la identidad rural. “Nosotros creemos que hay una revolución silenciosa que está sucediendo en los pequeños puntos del mapa, es el apego a la identidad  y a recuperar los valores y los métodos de trabajo que tuvieron los pioneros cuando llegaron a trabajar en la pampa, cuando de la nada, hicieron el país: ese mismo escenario se repite hoy, en donde todo está por hacerse, es el que alimenta esta revolución silenciosa”, informan desde la ONG.

Faro es hoy un puñado de casas alrededor de un oceano de pampa, abunda la tierra, que alimenta los sueños de independencia y soberanía rurales. Hay un grupo de familias que llegaron junto a Patricia y Daniel, ellos son Ricardo Mansilla y Mirta Verdecchia quienes en los primeros años compraron un terreno para hacer una huerta comunitaria. La producción orgánica domina la nueva historia de Faro. Ambas familias tienen su propia verduleria a cielo abierto, a esto se le suma que en el pueblo hay algunos árboles frutales, donde domina el membrillo. Caminar por el pueblo es hacerlo en un jardín, la visión se pierde en la inmensidad, aunque no se ve, a unos 30 kilómetros está el Mar Argentino. El mar se presagia, nos espera. Está ahí nomas. El pueblo se llama así porque el faro que hoy está en Monte Hermoso primero llegó a la estación Faro. Por las noches se ve el haz de luz, bajo un manto estelar sublime. El atardecer aquí es un show que no se puede creer: por un momento el cielo queda turquesa, con puntos brillantes: la aparición de la luna es un segundo amanecer.

“Mucha gente quiere venir a vivir, pero es necesario que se sepa que hay que tener un proyecto y recursos para hacerlo”, advierte Patricia. En un pueblo de apenas 14 habitantes, está todo por hacerse, pero todas las ideas están un estado embrionario. “Queremos que vengan vecinos nuevos, en especial parejas jóvenes, y si es con hijos mucho mejor”, la idea no es caprichosa: la escuela no tiene mucha matricula, y además de ser el lugar formativo, es uno de los pilares del pueblo. Todos los años está el temor al cierre. “Los gobiernos no entienden que una escuela rural no se puede cerrar, la presencia de una escuela en un pueblo es determinante. Es necesario que se instrumenten medidas urgentes para asegurar que ninguno de estos establecimientos se cierren“, dicen desde la ONG.

Por esto mismo en el pueblo saben muy bien lo que quieren: necesitan que les cedan la estación de tren y que los nuevos vecinos puedan sumar al sueño de la refundación. Hay algunos terrenos que aún quedan para alquilar o comprar, y tres casas para la venta, dos a 13.000 y 11.000 U$S y una muy grande a $700.000 El éxodo inverso, el que se da cuando las familias de la ciudad deciden vivir en el campo ha creado un fenómeno impensado en estos pueblos, como Faro. El cambio radical de vida tiene muchos beneficios, alimentación sana, vida traquila, segura y la oportunidad histórica de ser parte de la refundación de un pueblo. No puede haber mejor lugar para pasar la infancia.

“Es un lugar con energía especial, siento que hay presencias en el cielo que nos cuidan”, reconoce Ricardo, atento a ver más allá. Es mediodía y el olor a carne asada es atrayente, la gastronomía rural es un fuerte atractivo, los sabores aquí son únicos. Hoy se comerá dentro de la estación de tren donde en una de las habitaciones funciona un museo con los pioneros que hace un siglo atrás hicieron lo que hoy están haciendo estos 14 soñadores: crear aquí un lugar en el mundo donde la vida sea posible de ser vivida, comiendo los productos del territorio, contemplando el crecimiento de las plantas, caminando por el interminable campo, reconociendo las estrellas. “Tenemos este sueño, queremos que nos acompañen“, nos dice Patricia, acaso resumiendo lo que este puñado de argentinos, en silencio, quieren hacer: darle vida a Faro. La aventura es inspiradora, el final está abierto.


 Fotos: Leandro Vesco