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Revista el Federal - Actualidad - nota

Frutas certificadas

El INTA produce yemas y plantines de cítricos con sanidad certificada en una región conocida por la calidad de sus citrus.

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Por Santiago Rivas

Las enfermedades como la cancrosis y la psorosis, desarrolladas en un entorno cada vez más exigente en cuanto a la calidad de los cítricos, puso en peligro -a comienzos de la década pasada- a la producción nacional, a la vez amenazada por la creciente superficie dedicada a una agricultura que requería menores costos y una decreciente mano de obra. Para mejorar la sanidad de las plantaciones, la Asociación Cooperadora de la Estación Experimental Agropecuaria San Pedro del INTA presentó en 2006 un proyecto a la Fundación ArgenINTA para obtener un crédito con el cual construir un Centro de Incremento Regional (CIR), que tiene como objetivo producir yemas de distintas variedades, plantines y semillas de portainjerto, con la certificación de que están libres de enfermedades, para abastecer a los viveros que luego generarán las plantas que venderán a los productores.

Tierra, agua, fruta. El ingeniero agrónomo Norberto Ángel, a cargo del manejo del CIR, dice que llevan entregados unas 230 mil yemas y 120 mil plantines. “Las yemas se entregan entre enero a marzo y los plantines en agosto. En cuanto a las variedades se van renovando en base a consultas realizadas a los productores.” Para esto construyeron un invernáculo para producir las yemas, otro para los plantines y a campo se hacen los plantines de portainjerto que se usan en la zona para obtener semilla.
El material que usan, certificado, proviene del centro de introducción y saneamiento del INTA Concordia, en Entre Ríos. Esto es fundamental, ya que en varios países hubo áreas enteras devastadas por enfermedades causadas al introducir material de origen desconocido. En este portainjerto los productores injertan las yemas para obtener sus plantas certificadas. “Nosotros no hacemos plantas cítricas, no competimos con los productores: les damos materiales certificados, sabemos la variedad y de qué portainjerto vienen y nos aseguramos de que estén saneados”, dice el ingeniero.
Para garantizar que las plantas estén libres de enfermedades se debieron construir los invernáculos de acuerdo a la reglamentación del Senasa y el Inase. Las plantas se crían en envases individuales. Esto posibilita la eliminación de esa planta ante la aparición de la enfermedad. “Se usan distintos tipos de sustratos para el suelo, muy porosos, que es lo que requieren los cítricos. Estamos instalando el riego por goteo. Nosotros regamos con agua de lluvia en lo posible. Si no hay agua de lluvia regamos con agua de pozo, pero el pH es muy elevado y debemos corregirla con ácido fosfórico. Con el riego por goteo aplicaremos los fertilizantes junto con el agua, lo que permite mayor eficiencia en la aplicación.”
Para producir las plantas yemeras usan al limón rugoso como portainjerto, porque es más vigoroso y en invernáculo soporta bien el frío y tolera bien el calor en verano. Cada tres o cuatro años se cambia la planta madre para no tener deformación de frutas u otros problemas. De distinta manera, el Poncirus trifoliata usado por los viveros pierden las hojas en invierno y tiene mucha tolerancia al frío: eso le transmite a la planta que se injerta.
De las plantas del invernáculo toman las yemas, cortan la vara, la deshojan y el productor injerta la yema que se encuentra en la axila de la hoja. Por cada hoja hay una yema que dará lugar a una planta.

Certificación. Todo el material está libre de enfermedades. Eso lo certifican Senasa e Inase, quienes autorizan al vivero del INTA:  un paso fundamental para producir plantas de calidad, las únicas que deben plantarse más allá  del destino de la producción. “Acá tenemos tolerancia cero a cualquier enfermedad”, se planta Ángel.
Tradicionalmente, los viveristas sacaban yemas de sus propias plantas o de montes vecinos para injertar y usaban para ello plantas que daban frutas de calidad, pero, explica el especialista, eso no es suficiente respaldo para asegurarse la multiplicación de una planta sana. “Hoy hay unos 50 viveristas de cítricos inscriptos en el Inase. La mayoría nos compra a nosotros, el problema es que la demanda supera a la oferta, entonces compran en otro lado plantas certificadas, porque hoy todos los viveristas compran material certificado,” explica Ángel.
Las plantaciones certificadas son casi nuevas, pero destacan que se ven algunas de 7 u 8 años sin certificar con la consecuencia obvia: psorosis, mientras que las certificadas de hasta 15 años no tienen esta enfermedad, una de las importantes en cítricos. “No creo que hoy haya empresas que exporten fruta y que planten cualquier cítrico. El productor que exporta planta material certificado porque sabe que la planta vive y produce más”, explica el ingeniero. Y agrega que son esos productores quienes buscan mayor calidad: “Cuesta mucho hacer una plantación y no se puede poner en juego ese capital”, destaca.

Ventajas del invernadero. Por ley, los viveros deben ir cambiando el método de producción, desde el sistema a campo al invernadero, con las últimas plantaciones a campo realizadas en 2010. Esto permite mejorar la sanidad, reduciendo las enfermedades. Según explica el viverista Roberto Laurino, que participa de la Cooperadora del INTA San Pedro y compra su material en el CIR, antes de la adopción del invernáculo había muchos problemas de cancrosis, psorosis y otras enfermedades, mientras que al producirlas en esas condiciones hay menos riesgo de sufrir daños causados por heladas y granizo. “En invierno las plantas siguen teniendo flores a pesar del frío”, describe. En el invernáculo se prepara el sustrato, compran el plantín y la yema certificada, con la genética del INTA.
La principal ventaja, según explica, es que “una planta que ya sale sana del invernáculo tiene un rendimiento distinto al plantarla. No es lo mismo curar una planta que ya sale al campo con virus. La planta cítrica que se cría en maceta, en invernáculo no tiene el mismo tamaño, si bien es más chica, moverla es como cambiarla de lugar, no sufre el estrés de tener que arrancarla con pala cuando se cría a campo. A los tres años de plantada ya hay una diferencia enorme. Además no hay pérdida de plantas. La planta de campo tiene que volver a prender y enraizar, eso lleva dos o tres años”.