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Revista el Federal - Actualidad - nota

Frutillópolis

En la ciudad santafesina, todo el mundo vive de la frutilla. Los productores concentran los esfuerzos en sumar variedades y hacer la actividad más rentable. Ahora se agregó la frambuesa.

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Por Hernán Álvarez

Decir Coronda es decir frutillas. La localidad de la provincia de Santa Fe, a 50 kilómetros al sur de la capital del distrito, lleva casi 100 años de cultivo de esa fruta. El pueblo, a orillas del río Paraná, vive en gran parte por la producción de este fruto tan común en la mesa de los argentinos.
El primer productor en trabajar con fresas en Coronda fue Lamberto Lafuente, en 1919. Años después, los primeros plantines se entregaron a otros productores y así se extendió el cultivo. En sus inicios, fue para consumo familiar y para luego ser vendido en el pueblo y en otras localidades como Gálvez o Rosario. Con el correr de las décadas, las frutillas se impusieron como el cultivo predominante en las quintas del pueblo.
Hace 40 años, se llegó al máximo de casi 800 hectáreas de la fruta roja. “En este 2012, hay 303 hectáreas de frutillas en la zona de Coronda”, dice María del Huerto Sordo, ingeniera agrónoma del INTA especializada en el tema, en diálogo con El Federal en la oficina del ente nacional en la localidad. “Hace unos años se viene manteniendo ese número, pero hemos llegado a tener más del doble de frutillas hace varios años. Viene decayendo el número por problemas de rentabilidad y a la vez porque disminuye la superficie en función de que aumentan los rendimientos por hectárea.” Sordo agrega que cuando antes el rendimiento promedio era de 4.000 kilos por hectárea, ahora es de entre 35 y 40.000 kilos.
Esta zona frutillera se extiende a quintas en las localidades vecinas de Arocena y Desvío Arijón, todas dentro del departamento de San Jerónimo. Dentro de Santa Fe hay otras partes con este cultivo intensivo sobre la Ruta 1, especialmente en Santa Rosa de Calchines. “Son unas 90 hectáreas”, consigna. También se cultiva el fruto rojo en Corrientes, en Jujuy, en Chubut y en Neuquén. La provincia con mayor producción es Tucumán, donde se concentra en Lules, Famaillá y Tafí del Valle.
La variedad que se introdujo en territorio santafesino fue la fragaria chiloensis, originaria de Chile. “Después se fueron haciendo los mejoramientos genéticos. Hoy la que se produce no es ésa. Son híbridos. La que se produce en la actualidad es la fragaria per ananassa (la frutilla común)”, explica María del Huerto.
Desde hace muchos años, la fresa corondina llega a los mercados de las ciudades más pobladas del país. “Coronda tiene un mercado amplio de venta de su fruta. Vende a todos los mercados de Buenos Aires, Rosario, Santa Fe, Córdoba. Por otro lado, hay mucha industrialización de la frutilla. El 50 por ciento de la frutilla se industrializa para dulces y para pulpas. Toda la industrialización se hace acá en la zona nuestra porque hay 13 industrias en la zona de Coronda que viven de la frutilla”, afirma la ingeniera. Queda un pequeño saldo para exportación. “En este momento no están las condiciones como para que las exportaciones sean buenas. Hay precios bajos en el mercado internacional, pero hubo mucha exportación de frutilla años atrás”, agrega.
Con relación a las variedades, María del Huerto comenta: “Hasta hace unos años, Coronda tenía un planteo de prácticamente una sola variedad, que era la camarosa. Esa variedad se fue reemplazando y en la actualidad se hacen multivariedades. La mayoría de los productores tiene muchas variedades buscando justamente primicia, es decir mayores rendimientos antes del 30 de agosto, cuando los precios son más convenientes, y mantener la calidad de esa fruta a lo largo de todo el año. En este momento se hacen las denominadas festival, fortuna, camino real y se sigue haciendo camarosa. Hay otras variedades nuevas que se están probando como mojave, benicia, sabrina. El planteo actual es cultivar muchas variedades”.
“En Coronda, la frutilla es el principal recurso porque directa o indirectamente muchísima gente vive de la fruta. De las 300 hectáreas tenemos todo el personal que vive, que se considera unas dos personas por hectárea, más todos los cosecheros que son temporales. El transporte de la zona de Coronda vive de la frutilla, las industrias y todos los empleados de éstas. El comercio corondino también depende de la fruta porque cuando se traen todos los cosecheros que son del norte, que están de forma temporal en nuestra zona, los comercios tienen mucho más trabajo”, afirma la ingeniera.
Con respecto a las acciones del INTA, Sordo dice que hay varias líneas de investigación. “Una muy importante es buscar alternativas al bromuro de metilo, que es un pesticida que se usa mucho en frutillas, que está determinado que afecta la capa de ozono y que ya se está eliminando en el mundo. Buscar pesticidas menos tóxicos y algunos métodos que sean menos contaminantes para el ambiente. Otra línea donde se trabaja es en variedades de frutilla. En nuestra zona el punto principal es la primicia, es decir sacar kilos antes de fines de agosto. Es por eso que le apuntamos en la investigación a variedades y al uso de un macrotúnel, que es una estructura metálica de polietileno que ayuda a producir fruta de mejor calidad con mayor cantidad de primicia”, señala la ingeniera.
En la recorrida de El Federal se llega a la chacrita de Dante Oyarzábal, que tiene una hectárea con frutilla. La tarea del día es la juntada y la extracción de la parte superior adherida al fruto para enviar lo cosechado a las industrias. “Acá se empieza a la mañana temprano. Empezamos la preparación para la juntada. Y alguna otra cosa que haya que hacer. O regar, abonar, cuidar la planta de la piedra. Se trabaja de mañana hasta el mediodía según lo que haya. En esta época, es de lunes a domingo. En invierno, es dos veces por semana”, comenta Oyarzábal.