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Revista el Federal - Actualidad - nota

Gente como uno

Unas 16 estancias bonaerenses integran el Club de Excelencia. Pasión de los extranjeros que aman el polo y quieren conocer la Argentina.

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El horizonte pleno que ofrece la llanura es uno de los encantos que abrazan los extranjeros cuando eligen conocer “las pampas”. Y es su relación con el polo el mejor maridaje para que la provincia de Buenos Aires exhiba su gran carta de presentación Premium ante los ojos del mundo. Las hay de hace dos siglos o de unos cincuenta años atrás. Pero en general es su arquitectura, su historia, mobiliario y entorno lo que impacta al visitante que desde lejos divisa un punto en medio del campo y que al aproximarse se transforma en un castillo.
El romanticismo que rodea a cada uno de los establecimientos hace olvidar la historia. Elegir tan sólo una de ellas como la estancia La Candelaria subyuga por cuanto su historia comienza con Orestes Piñeiro, quien se establece en Lobos junto con su esposa. Será su hijo político, Manuel Fraga, quien impactado por un castillo en Francia a orillas del río Loire, contacta al arquitecto francés Alberto Favré para construirlo en 1894. Hoy recorrer sus habitaciones con el estilo original, pero con el confort actual, traslada al visitante hacia otros tiempos. El mobiliario traído íntegramente de Europa, impecable. Si uno se asoma desde la historia, es en Dolores donde hasta la leyenda de un caballo de pelaje tordillo que nadie podía atrapar, le dio nombre al partido. Desde 1740, cuando se instalan los jesuitas, comienzan a llegar los primeros pobladores y será hacia 1830 cuando se construye Las Víboras. Allí estuvo resguardado Juan Manuel Ortiz de Rosas y en 1839 se firmó el Primer Tratado de Paz.
Dos Talas, en Dolores, guarda otra historia. Y es la que relata que en 1852, siendo Pedro Luro dueño de un almacén, un estanciero le encomienda forestar su campo durante su estadía en Europa. Cuando el hombre regresa, fueron tantos los árboles que Luro había plantado que para pagarle debieron escriturarle parte de la estancia. Así surge “Dos Talas”. Entre los intelectuales que pasaron por aquí, estuvo Ricardo Güiraldes, el autor de “Don Segundo Sombra” (1921) e incluso el capítulo “El Cangrejal” lo escribió en este establecimiento.
Hay perlas de la arquitectura entre castillos y palacetes. Por ejemplo, en Máximo Paz, partido de Ezeiza, está Villa María, la estancia fundada por Vicente Pereda. En 1919, su hijo Celedonio contrata al arquitecto Alejandro Bustillo, famoso por sus obras en los Parques Nacionales,
quien diseña la obra que hoy se puede admirar. Si uno llega a Villa María, deberá acercarse al costado izquierdo del palacio porque allí se ve un casco más antiguo de un estilo normando que fue el original y que para los románticos de alma, brinda el encanto de su diseño.
Por todos estos motivos pero haciendo eje en la calidad del servicio que ofrecen estos establecimientos es que hoy integran el Club de Excelencia que a nivel turístico se muestran en un catálogo Premium único. Para el secretario de Turismo bonaerense, Ignacio Crotto, “es la excelencia en el nivel de servicios, su arquitectura, su historia lo que los define, aunque entre los 16 establecimientos de los 84 que relevamos, nada descarta que se sumen en un futuro otras estancias”.
Para Crotto y todo su equipo de profesionales fueron más de dos años de trabajo en el que relevaron cada establecimiento. Debieron recorrer unos 40 mil kilómetros de rutas, unas 160 reuniones, seminarios y talleres de capacitación para nivelar la excelencia del producto Premium.
Dentro del relevamiento y la selección también se tuvo en cuenta que son campos en producción agropecuaria que, en sus instalaciones, el entorno paisajístico, los edificios y las actividades que se desarrollan en cada uno hacen la diferencia. Todo el mapa provincial ofrece en su territorio estas alternativas. Para  Crotto, “no existe en el mundo un lugar que concentre tanta cantidad y calidad de estancias. Además, siete de los ocho equipos más importantes del polo están aquí y dos copas de la Triple Corona se juega en Buenos Aires”. El funcionario, según revela, ha jugado al polo con amigos así que sabe de qué habla. Se ríe y concluye: “la calidad va a ser lo diferencial en los años venideros”. Y Buenos Aires tiene con qué.