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Revista el Federal - Turismo - nota

Hacia la isla histórica

Desde Resistencia, El Federal llega a los establecimientos rurales donde las fiestas criollas expresan el alma campera y la historia de los pioneros europeos.

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El nombre mismo de la capital del Chaco tiene fuerza cuando uno se instala para conocer el corazón de esta provincia. Para algunos historiadores, su nombre, Resistencia, se basa en la fuerza que tuvieron los colonos de este suelo para enfrentar la misma resistencia que imprimieron los pobladores originarios. “Por el hecho de haber resistido durante tanto tiempo un corto número de hombres, sin protección del Gobierno, las continuas amenazas de los aborígenes”, dicen de sus fundadores.
El primer Concejo municipal de la ciudad era en un antiguo local provisorio, donde luego funcionó la Casa de Gobierno. En 1908, el Ministerio de Agricultura de la Nación concede el Solar “A” de la Manzana 104, y recibe el título de propiedad del presidente de la república, José Figueroa Alcorta.
Hacia los comienzos del  siglo XX la actividad taninera iniciada en Santa Fe llegó al Chaco con la compañía inglesa La Forestal. Y en una apretada síntesis de la historia, la crisis del tanino dejó un bosque degradado y más de 50.000 personas sin trabajo. Sin embargo, después de la Primera Guerra Mundial empezó el auge del algodón en el mercado y duró hasta los años 50. Apenas un año después, Chaco se convierte en provincia. Y conjuga la producción ganadera con el turismo rural que permite conocer las costumbres de la vida rural en la región mesopotámica, en el Chaco. La explotación maderera, azucarera y el algodón dejaron paso a la soja, pero son parte de los atractivos para quienes hoy quieren descubrir la historia del Chaco a través de sus pueblos, de su gente y sus costumbres. Si uno transcurre por los alrededores de la capital, es posible participar de fiestas criollas donde la destreza del hombre de campo es la animación principal.
Así fue lo que pasó durante un recorrido de la cronista, cuando Amalia Hipperdinger amasaba unas tortas fritas en un campo de los alrededores, a sólo quince minutos del centro de Resistencia. A pura sonrisa deletreó cada letra de su apellido de origen eslavo, al igual que todo el grupo que la rodeaba y que forman el Centro de Residentes Breñenses, “de Las Breñas”, acotó. La historia es como la del país. Luego de la Guerra de la Triple Alianza registrada desde 1865 a 1870, el gobierno nacional ocupó militarmente la zona y dispuso en 1874 el establecimiento de cuatro cantones en la costa del río Paraná para trazar, un año después,  los pueblos y colonias en Timbó, Las Toscas y San Fernando. En 1877 llegaron colonos europeos desde Italia, España, Bulgaria, Checoslovaquia y Ucrania. Un año después se creó la Colonia Resistencia. Y aquí están sus descendientes, sonrientes, de cabellos rubios y pieles blancas. Pero hasta ese momento, ni los españoles llegados en los siglos XVI y XVII, ni las misiones jesuíticas que se radicaron en el país lograron instalarse en forma definitiva.
Cuentan que la libertad era el culto que tenían los pobladores originarios que habitaron la región y que pertenecían a diferentes grupos como tobas, pilagás, mocovíes, matacos, chorrotes, chulupíes y chiriguanos–chanés.
Se trasladaban de un sitio a otro con sus “chalanas”, perfectas para navegar  sin problemas las aguas del río Pilcomayo y el Paraná. Fueron cazadores y recolectores. Y tal vez el mismo nombre Chaco sea su referencia, porque en quechua “chacu” significa “lugar de cacería”, aunque otros le atribuyen más valor al hecho de que en lengua guaraní significa “desierto”. La llegada de los colonos europeos fue un alto impacto. Los primeros friulanos llegaron a bordo del “Río Paraná”, que había partido desde  Buenos Aires, y el 17 de enero de 1878 tocaron Corrientes. Un pequeño grupo se trasladó hacia el paraje San Fernando, transformado luego en la Colonia Resistencia. Apenas eran unas 250 personas. Hacia fines de 1800, se repetía el oleaje de inmigrantes. Hay que caminar por cada barrio de Resistencia y las hoy ciudades surgidas de aquellas colonias para conocer el presente y la historia de un territorio nuevo a los ojos de los “blancos”.
Y en estos tiempos de cambios de paradigmas es que en el Segundo Encuentro Federal de Desarrollo Local que se realizó en Resistencia a fin de agosto, comprobó la capacidad de una provincia de recibir a un millar de actores del turismo y, además, también, demostró que los dirigentes del sector, los representantes privados y los prestadores de servicios turísticos de todas las regiones del país se unen en una actividad que representa el 7,4 por ciento del PBI de la Argentina. Durante las jornadas estuvo el mandatario anfitrión, Jorge Capitanich, y el presidente del Consejo Federal de Inversiones (CFI), Juan José Ciácera, además del ministro de Turismo local, Ignacio Saife, y el presidente del Consejo Federal de Turismo, Bernardo Racedo Aragón. Las jornadas fueron de análisis, debate y desarrollo de acciones, por lo que el ministro de la Nación, Enrique Meyer, destacó la importancia de convocar a estos eventos “para potenciar un sector que se ha convertido en una pieza clave para el desarrollo económico de las distintas regiones del país”.
El eje de esta edición fue “El Futuro del Turismo o el Turismo del Futuro”  y en este marco se analizaron las tendencias mundiales del turismo desde la mirada del desarrollo local y las conferencias estuvieron a cargo de expertos en temáticas vinculadas con el uso creciente de Internet, el márketing y la comercialización y los cambios en el escenario turístico mundial en vista de la crisis europea y norteamericana que ya registra impacto en los flujos de viajeros del mundo aunque, también, produce un reacomodamiento de los países vecinos. La Ruta de la Selva como producto nuevo en la Argentina revela ante los ojos extranjeros el encanto de lo desconocido inmerso en pueblos únicos que perduran con su cultura y costumbres, la combinación perfecta para quienes buscan aventura, desde el concepto de conocer y vivir experiencias nuevas, esas que eligen los viajeros exquisitos. Hecho en Argentina.