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Revista el Federal - Actualidad - nota

La hora de las legumbres

Con requerimientos hídricos mucho menores al trigo y fecha de cosecha temprana, el garbanzo, la lenteja y la arveja se afianzan en la región productiva de Santa Fe, y se cultivan en mayor superficie cada año en la Argentina.

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Por Hernán Álvarez

En la zona de los departamentos Rosario y Constitución, el área del INTA Arroyo Seco tiene una tradición de cultivo de lentejas y arvejas desde hace más de 70 años. “Aquí, las legumbres se hacen desde hace mucho tiempo y en forma ininterrumpida”, comenta el ingeniero agrónomo Gabriel Prieto, un especialista en la región para una alternativa productiva que crece de manera sostenida. En ese contexto se producen particularidades. La lenteja tiene un área más restringida que la arveja, que se difundió más hacia el norte de Buenos Aires. Un altísimo porcentaje de la lenteja que se hace en el país está en esta zona, pero en los últimos tres años explotó para todas las regiones del país, una evolución también acompañada por el garbanzo.
Sólo el aspecto climático fue la mala noticia para la campaña 2012/2013 para las legumbres en el sur de Santa Fe. “Del garbanzo se perdió todo. La producción de lenteja está perdida y la arveja, perdida en más del 70 por ciento. Pero eso no nos impide ver el crecimiento: en el área de influencia de esta agencia, el año pasado había 900 hectáreas de garbanzo, hoy hay más de 14.000”, afirma Prieto.
Al momento de cosechar las legumbres, se busca obtener un determinado nivel de calidad. Los aspectos fundamentales tienen que ver con el color (que no esté manchado), determinado tipo de calibre o de tamaño. En el caso de la arveja, cuando llueve mucho se decolora. Eso le hace perder calidad. Si hay
una sequía muy importante o problema en el llenado del grano, también pierde calidad. Esas son las desventajas en comparación con el trigo, por ejemplo.

Beneficios. No obstante esto, las legumbres tienen grandes ventajas como cultivo extensivo. “La primera es que son cultivos de un relativo alto valor económico, por eso la gente los sigue haciendo en esta zona. Otra gran ventaja es que son leguminosas. Por lo tanto, tienen la capacidad de fijar nitrógeno en el aire. El balance de nitrógeno no es positivo, pero va a ser menos negativo que los cereales de invierno. Otra virtud es que tiene un menor consumo de agua que el trigo. Eso es fundamental. Un cultivo de trigo de 5.000 kilos consume 450, 500 milímetros de agua en todo el ciclo. Y las legumbres consumen 270 a 300 milímetros para producir por supuesto menos kilos. La arveja produce 2.900 a 3.000 kilos. La lenteja, 1.200 a 1.800 kilos. El garbanzo consume un poco más de agua: 370 milímetros. Este menor consumo lo hacen porque el sistema radicular de las legumbres no va más allá del metro de profundidad. En el trigo va a 1,80 m hasta 2,20 m de acuerdo con el tipo de suelo”, explica el especialista.
La última gran ventaja es que a mediados de noviembre todas las legumbres están ya cosechadas. Todo cultivo de verano que se siembre a continuación es prácticamente un cultivo de primera. Si vamos a sembrar soja, hay soja de primera. Por fecha de siembra. Además, el consumo de agua que ha hecho la legumbre, comparado con el del trigo, es la mitad. Entonces es una soja que se va a comportar como de primera. Y se comprueba con los rendimientos de los cultivos de soja de segunda sobre arveja. Están rindiendo entre un 25 y un 35 por ciento más que los lotes de segunda sobre trigo.
Un fenómeno similar sucede con el maíz de segunda. Prieto remarca que este doble cultivo se puede hacer en el país, pero no en Canadá, primer productor mundial de legumbres. En el país norteamericano el frío y la nieve permiten hacer sólo un cultivo por cada campaña. “En la Argentina, el productor que perdió su cosecha en cultivos de invierno tiene la chance de reponerse en la gruesa en el mismo ciclo. No hay en el mundo muchos países que puedan hacer esto”, enfatiza.

Macromundo. Los tres cultivos fueron sembrados en gran parte de las 450.000 hectáreas que abarcan los dos departamentos de Santa Fe que maneja el INTA Arroyo Seco. El área de la lenteja cayó de 50.000 hectáreas en la campaña 2011/2012 a 19.000 hectáreas en la actual. Eso fue fruto de la falta de precios por falta de calidad y sobreoferta por buenos rendimientos en las últimas dos campañas. En el caso de la arveja estaba también en 50.000 hectáreas. Oscila entre 30 y 70.000 hectáreas. Y el garbanzo, de 900 hectáreas llegó a 14.800 hectáreas en la 2012/2013. Es decir, que las tres plantaciones fueron sembradas en la campaña actual en 84.000 hectáreas, un 18,7% de la superficie total de los partidos de Rosario y Constitución.
En la oficina del ente público donde está Prieto se trabaja en muchas cuestiones relacionadas con las legumbres. “Había un bache de información a cubrir comenzando por el tema de la nutrición, fertilización de los cultivos, variedades. A partir de 2004, 2005 y 2006, empezamos a hacer ensayos y a publicar los resultados. Como eran cultivos con una expansión restringida no había demasiada demanda y hace tres años esa demanda empezó a incrementarse. Y nos obligó a incrementar toda la parte de ensayos a campo para determinar una serie de variables”, comenta. Agrega que la información sobre fertilización obtenida es confiable. “Sabemos perfectamente que la lenteja y la arveja responden muy bien al fósforo y que no hace falta fertilizar con nitrógeno”, dice. Desde el INTA dirigieron pruebas a campo para determinar densidades óptimas. “Veíamos que aumentar la densidad no aumentaba el rendimiento”, dice. En tanto, se está trabajando fuertemente en el tema plagas con ensayos para establecer algún tipo de umbral para tomar decisiones correctas.
“Las legumbres no vinieron a reemplazar al trigo, vinieron a complementarlo. Porque en las rotaciones agrícolas cumplen una función específica totalmente distinta. El trigo y los cereales de invierno son esenciales para la sustentabilidad de la empresa agropecuaria, para la salud de los suelos y no hay que dejar de hacerlos. Y las legumbres cumplen otra función”, explica el profesional. A la hora de comparar, habría que hacerlo entre pares: trigo-cultivos de verano versus legumbres-cultivos de verano. Allí sí se da una suerte de competencia en los márgenes brutos. Las rentabilidades a priori mostraban ser similares porque el precio del trigo es menor al de las legumbres en dólares, pero el rendimiento del trigo es muy superior al de las legumbres en kilos por hectárea. Los cultivos de verano tienen mucho mejor rendimiento sobre legumbres que sobre trigo y ahí entran a compensarse. Por lo tanto, se trata de alternativas válidas a estudiar en una pujante zona de la provincia de Santa Fe.