Despejado
T 25.5° | ST 27° Buenos Aires, Argentina
Revista el Federal - Actualidad - nota

La inspiración del pan

En Leones, el trigo se mantiene por tradición, innovación y también por corazón. En la capital nacional de un cultivo emblema de nuestro país, los chacareros nos abren las puertas de sus lotes para mostrar las distintas variedades de la espiga.

Tags

De la camioneta estacionada debajo de un eucaliptus baja un hombre con anteojos negros. De la otra camioneta bajan tres hombres sin anteojos pero con pinta de haber recorrido unos cuantos kilómetros. El grupo se saluda a la sombra. Es la hora de la siesta en este cruce de caminos de tierra y hace calor. Hay algunas nubes aunque no va a llover pronto: la lluvia ya pasó. El ruido de una bomba trabajando es permanente. La escena parece de película, como si el grupo de hombres hubiera decidido encontrarse en este lugar para realizar alguna transacción secreta o tal vez para celebrar un pacto. Pero pasan los segundos y la calma no se rompe, los hombres conversan tranquilos. Es que se trata del simple encuentro de El Federal con dos hombres de campo de la zona de Leones, la Capital Nacional del Trigo para conocer la actualidad de la actividad. 
Andrés Fasani (31), es ingeniero agrónomo y se crió recorriendo el país. Fasani trabaja en la Sociedad Rural y asesora a distintos productores. Él es quien coordinó la visita a dos socios y quien había advertido en el teléfono: “Mirá que en Leones queda poco trigo”.

Condiciones óptimas. El viaje desde Buenos Aires por autopista parece un paseo. Leones queda a unos 150 kilómetros de Rosario, al borde de la autopista que va a la ciudad de Córdoba. Fasani presenta a Edgardo Palmieri (50), nacido y criado en Leones, padre de un hijo, chacarero. Palmieri trabaja el campo junto a su hermano Jorge (40) y ahora muestra el lote de 40 hectáreas de trigo que sembró a principios de junio. El ruido de la bomba es de una arrocera que los productores compraron para desagotar el agua de las lluvias, al río Carcarañá. “Construímos los canales a pulmón”, comentan. Y agregan que “fue un trabajo bien hecho”.
Leones queda en el Departamento Marcos Juárez, donde se labran algunos de los mejores campos del país y por ende del mundo. Palmieri comenta que siembra trigo por tradición aunque vienen sembrando cada vez menos. El 5 de junio lo implantó con siembra directa (labranza cero). Se fertilizó “en la línea” con 80 kilos de arrancador y con 180 kilos de urea, por hectárea.
Palmieri contrata a un ingeniero agrónomo. El ingeniero recorre todo el lote una vez por semana. Monitorea enfermedades e insectos. Al trigo, se le hace un tratamiento para enfermedades unos 90 días antes de la cosecha. “Este año las condiciones fueron óptimas”, comenta Palmieri y sonríe. Sembró la variedad Themix de Don Mario y espera obtener unos 50 quintales (5 mil kilos) por hectárea. El promedio histórico es de unos 35 quintales.
Palmieri es la tercera generación de la familia en el campo. Cuenta que su hijo de 15, “no ve la hora de venir al campo a trabajar, aunque a mí me gustaría que siguiera una carrera”. A Palmieri le gustan los fierros: tiene sembradora y cosechadora propias. Y prefiere el TC 2000 al Turismo Carretera. “Soy fanático de los fierros pero hoy valen mucho. Una cosechadora anda por los 500 mil dólares y encima se desvaloriza rápido, por el permanente avance tecnológico.”
“Todos los años siembro trigo como parte del cronograma de rotaciones. Sigo apostando al trigo porque no puedo creer que no valga lo que tiene que valer. Sé que en algún momento va a volver a tener su valor real.” Cuenta que tuvo la suerte de viajar a Europa y Estados Unidos y que comprobó que la Argentina está técnicamente en primer nivel. Y agrega que “falta apoyo político al agro”. Palmieri piensa cosechar durante los primeros días de diciembre y con respecto al trigo dice que “queremos precio y mercado”. En su campo hace chacra, cría cerdos y también engorda terneros. Su hermano Jorge se ocupa de los animales y él de la chacra.
Palmieri y Fasani forman parte de los bomberos voluntarios de Leones. Cuentan que en invierno se seca todo y que se producen incendios peligrosos para los productores. También que el espíritu de camaradería de los bomberos es espectacular. Buena cosecha, chacarero. Gracias por recibirnos.

El más noble. A las 8 en punto Juan Ramón Ismael Badin (48) se presenta con una sonrisa. Maneja unos 15 kilómetros por caminos de tierra hasta su campo. El lote de trigo es espectacular. En algún punto resulta inspirador: del trigo viene la harina, y de la harina viene el pan. Es una mañana perfecta, sin una nube, contemplando los colores dorados del trigo. Badin se crió en la zona, tiene 3 hijas y pide que le enviemos ejemplares de la revista para ellas. Cuenta que trabajó 10 años como bancario, que fue maestro mayor de obras y que desde los 30 trabaja en el campo. “Todos los días se aprende algo nuevo”, reflexiona.
Sembró 18 hectáreas de trigo, trabaja con un ingeniero agrónomo que busca enfermedades y controla malezas y también planifica el calendario productivo. Badin tiene sus propias máquinas y es fanático de los fierros. “Para diversificar, además de la chacra, crío cerdos a campo y tengo vacas de cría”.
Badin utilizó una variedad llamada Puntal de trigo semi-erecto que, a pesar de ser antigua, el ante año pasado le rindió 59 quintales (5.900 kilos) por hectárea. “Es un trigo rastrero, muy macoyador”, explica, refiriéndose a que cubre el campo.
A Badin le gusta el trigo. También lo siembra como pastura de invierno. “La naturaleza es sabia y el hombre no tiene que alterar los equilibrios”, comenta. “La tierra es noble, yo la quiero mucho. La tierra hasta te dice que acá llovió mucho. Mirá esas grietas”, dice y las señala. Badin planea cosechar cerca del 25 de noviembre. Dice que “ahora la espiga está parada, cuando baje las puntas, será el momento de la cosecha. La misma naturaleza indica cuándo es el momento justo”. “Mis padres y abuelos sembraban trigo. El trigo era el fuerte en aquella época. Creo que el trigo es el cereal más noble porque del trigo sale el pan.” Noble es usted, querido Juan Ramón Ismael.