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Revista el Federal - Mi Pueblo - nota

La mujer, protagonista central en el turismo rural

Entrevistamos a Julieta Colonnella, Agente de Proyecto de Cambio Rural de INTA quien dirige los nueve grupos de turismo rural de la provincia de Buenos Aires, que trabajan en red motorizando la recuperación de los pequeños pueblos. La nuevo rol que hoy ocupa la mujer en la familia rural es trascendental para el desarrollo de los emprendimientos turísticos.

Por Leandro Vesco

“La gente evita los tumultos y busca la pequeña escala” resume Julieta Colonnella el fenómeno por el cual el turismo rural ha sido una de las actividades que más ha crecido en nuestro país. Ella dirige los grupos Turismo Rural de Cambio Rural de INTA, una red de emprendimientos que optimizan los recursos naturales y humanos de las familias que se deciden a abrir las tranqueras para recibir visitas.

La identidad rural es una de los principales atractivos turísticos donde se asienta esta manera de hacer turismo. El cambio fue abrupto y el proceso se está haciendo rápido: los pueblos y parajes tienen una belleza inocultable y la familia rural lo sabe, ha reconsiderado su relación con su entorno y ya no se quiere ir de su pueblo, sino todo lo contrario: quiere quedarse y mostrarlo. El habitante de los pueblos es una persona paciente que reconoce que su lugar en el mundo es bello y que puede serlo para otros. La presencia de la mujer aquí es fundamental.

La mujer nos ha sorprendido, de los grupos que dirijo, en todos ellos su presencia es preponderante. El hombre queda relegado muchas veces porque es quien atiende la producción tradicional. Con el correr del tiempo hemos vivido esta transformación que tanto nos enorgullece: la mujer que comenzó tímidamente a venir a las reuniones para ver cómo podía colaborar con el ingreso familiar, empezó a capacitarse en un mundo nuevo. La mujer rural está acostumbrada a ocupar el rol de anfitriona, tiene un don natural para esto, y de a poco vimos cómo su emprendimiento comenzó a funcionar, y fue hermoso ver cómo aquella esposa del productor terminó siendo una empresaria de turismo rural, que maneja reservas en varias plataformas, que se comunica con los turistas, que promociona en redes sociales. Este nuevo rol de la mujer ha cambiado las conversaciones en la mesa familiar”

Los grupos de Cambio Rural comenzaron a funcionar en 1994, en Coronel Suárez. De a poco la experiencia fue exitosa y comenzaron a sumarse otros grupos de diferentes Distritos. La semilla de la transformación rural tuvo el mejor fertilizante: la necesidad del habitante de los pueblos de reafirmar y revalorizar su identidad. Pasado el éxodo, el arraigo a la tierra y al horizonte fueron las luces que iluminaron el camino de la recuperación. “Fuimos trabajando, los emprendimientos comenzaron a crecer. El turismo rural comenzó a generar ganancias, y esto era fundamental para el día a día de los emprendedores. Cuando los grupos crecieron en cantidad, también crecieron en la demanda. Trabajar con la familia rural es lo mejor que me pudo pasar”, afirma Julieta.

Estos grupos tienen una particularidad que los vuelve únicos: el concepto de asociativismo. “El secreto es asociarse, aprender del otro, aprender juntos con el acompañamiento técnico. Nosotros le decimos a aquellos que quieren sumarse a nuestros grupos que no te vas a llenar de dinero haciendo turismo rural, no vas a tener todos los días micros llenos de contingentes, el proceso para insertarse en el mercado es lento. El turismo rural, tal cual lo concibe INTA es la herramienta ideal para lograr la recuperación de los pueblos.  Nosotros tenemos una Red y entre todos sumamos. Todas las promociones son a nivel de red. Vamos todos, ganamos todos y ofrecemos más” Julieta es el alma mater de una idea que se ha transformado en un estilo de vida. Cada grupo tiene un asesor técnico en turismo que les da herramientas para llevar delante de mejor manera el proyecto. Una vez por mes hay reuniones donde se hace realidad lo que tanto reafirma Julieta: el aprendizaje se hace a través de intercambiar experiencias propias. Si todos los grupos funcionan como islas entrelazadas, Julieta Colonnella es la directora de esa geografía humana que se mueve con valores de solidaridad, arraigo, esfuerzo y amor por la tierra.

“El turismo se ha vuelto cada vez más competitivo, por lo tanto, tenemos que tratar de hacer la menor cantidad de errores. Es necesario revalorizar la tarea de los técnicos que acompañan a las familias que deciden abrir sus casas para el turismo”. Hoy la red se extiende por todo el centro sur de la provincia de Buenos Aires. “La recuperación de los pueblos se puede lograr por el turismo rural porque es una actividad de servicios. Acá no hay máquina, es servicio puro, se promueve la identidad, la historia personal. Hoy el viajero evita los tumultos, busca la pequeña escala, quiere saber cómo es la vida rural, almorzar comida casera, reconocer sabores perdidos, busca ser atendido por la dueña y que ella le pueda contar una historia”, Julieta habla con una pasión contagiosa, su trabajo es un apéndice de su vida. Los nueve grupos que dirige son parte de cada momento de sus días. Acaso sea ella el modelo vivo de lo que significa hacer turismo rural: formar parte de una familia que camina una misma huella: la revalorización de la vida rural, para inclinar la balanza hacia el lado en donde lo más pequeño tiene más importancia que lo grande.

Fotos: Leandro Vesco