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Revista el Federal - Turismo - nota

La República de Corrientes

Esta ciudad que vive de cara al río revela actividades como la navegación, la gastronomía y el arte.

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Todavía se sigue hablando del Dakar series, el Desafío Litoral 2012, que tuvo su enclave en la capital correntina. El subsecretario de Cultura, Turismo y Deportes del municipio, Facundo Palma, estuvo allí, en cada detalle. La saga rutera de El Federal unió la selva paranaense con los esteros correntinos y el enclave citadino lo da la capital. Es llegar a este sitio con su costanera que se une al río Paraná en todo su recorrido para profundizar su historia en los comienzos. Porque fue aquí mismo donde el español Juan Torres de Vera y Aragón fundó un 3 de abril de 1588 la ciudad de San Juan de Vera de las Siete Corrientes, hoy simplemente Corrientes, que ostenta su trazado urbano de cara al río.
Junto a la costanera que se convierte en paseo obligado de día o de noche, las playas se extienden con sus arenas finas y aguas transparentes que cuando cae el sol se vuelven doradas. Justo en Las Puntas es el sitio en la costanera donde están la siete puntas que dan nombre a la provincia desde sus orígenes, donde choca el río y genera las corrientes. Sobre cada punta hay paseos, bancos, centros de exposiciones. Los locales recomiendan Punta San Sebastián desde el sitio oficial del municipio capitalino (www.ciudaddecorrientes.gov.ar), donde está el antiguo asentamiento de una ermita que lleva ese nombre.
Los deportistas que recorren la costanera, los fotógrafos y los visitantes la toman como punto de referencia. Es una punta que se mete en el río y uno puede descansar, mirar el paisaje desde los bancos emplazados en el lugar. La  arquitectura de esta ciudad expresa un equilibrio entre el estilo colonial y el actual. Es una propuesta imperdible abordar una embarcación turística que conduce a recorrer las correntosas aguas del Paraná que separa a los correntinos de los chaqueños. El puente los une. Tierra con “payé” (magia en guaraní), en la misma capital se pueden visitar desde la Iglesia de la Cruz de Los Milagros, donde se guarda una reliquia de una cruz de madera que se presume figura en el propio escudo de la provincia. El teatro oficial Juan de Vera, el Museo Histórico Provincial y el Museo de Bellas Artes son perlas como el Archivo Histórico de la provincia donde se pude conocer más de su propia historia y la del país. Todos los correntinos, en cada ciudad, tienen su carnaval artesanal, lo cual le da brillo propio cuando se habla de esta fiesta en el verano. Hay orgullo por estos festejos y las comparsas ostentan ser el carnaval más antiguo del país.
Quedarse en la ciudad y recorrerla con sus murales que se distribuyen en toda la ciudad, en especial desde las cuatro avenidas principales y sobre el lateral del puente interprovincial, significa conocer también la expresión de los artistas correntinos. Para sentir los latidos de esa urbe ribereña, hay que caminar por la peatonal Junín y la paralela Yrigoyen, por donde se salpican los comercios, las glorietas y los restaurantes donde la pesca del día es parte de su encanto. Para los correntinos capitalinos, la cita está en los bares y pubs donde se presentan las bandas locales en tiempo de rock. Pero si uno trazara un círculo imaginario de 150 kilómetros a la redonda podrá profundizar los atractivos de la provincia. Se llega hasta Empedrado, Santa Ana, Paso de la Patria e Itatí y es la invitación perfecta para combinar turismo rural con playas, la pesca, la historia y el turismo religioso.
Para los buscadores de historias y gente de fe, es Nuestra Señora de Itatí, la virgen morena que alberga la Basílica que recibe todos los años un millar de peregrinos cada 16 de julio. A dos horas nomás de la capital, se llega a Loreto, un pueblo de origen jesuítico, donde los establecimientos rurales en muchos casos datan de aquellos años. En cada uno la alternativa de los Esteros del Iberá está presente por cuando los campos lindan con riachos, arroyos y bañados que conforman el sistema del Iberá. Una muestra de esta alternativa la ofrece un pionero en la materia en el establecimiento de San Juan de Poriahú. Su anfitrión y dueño, Marcos García Rams, productor agropecuario pero naturalista y conservacionista por opción, conduce por sus arroyos en botes impulsados por cañas tacuaras desde donde se admira la fauna local típica de los esteros. La historia de su familia forma parte de la historia del país. Por lo que las charlas de sobremesa, cuando culmina la tarde en la estancia, se extienden hacia la caída del sol que dibuja el perfil del casco de cuatro siglos que lleva impregnado en sus muros parte de las historias que tallaron los jesuitas cuando anduvieron por aquí.