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Revista el Federal - Mi Pueblo - nota

Laguna La Salada, el solar donde el agua descansa

Fuimos a conocer la laguna La Salada, a pocos kilómetros de Pedro Luro (Buenos Aires). Es un espejo de agua salina con un suave declive que permite ser disfrutado por toda la familia. Alrededor de la laguna una tupida arboleda da sombra y paz. "Nuestra música es el canto de las aves” Es la puerta de entrada a la Patagonia bonaerense.

Por Leandro Vesco

Antes de entrar a la Patagonia, la laguna La Salada nos ofrece descanso y paz. Ubicada en el partido de Villarino, a cuatro kilómetros de Pedro Luro y muy cerca de la ruta 3, es una villa balnearia donde viven 300 elegidos que gozan de la tranquilidad absoluta. El espejo de agua es sanador y cristalino, la salinidad del agua y el entorno natural hacen de este lugar, un territorio donde el cantar de las aves es el único sonido que acaricia el alma.

Una tabla de surf nos avisa que estamos cerca del Edén, “La Salada”, reza, y alimenta la ansiedad. Antes de llegar, el paisaje es monótono. El desierto pampeano ya se hermana con el patagónico y el horizonte es interminable, apenas, y muy a las cansadas, se ve un árbol solitario. El camino rural es seco y polvoriento, pero necesario para luego poder gozar de lo que vendrá. Antes de que el cansancio aparezca, vemos el oasis. Los que crearon esta aldea, tuvieron la visión: la forestación. La entrada a la laguna es iniciática: la aridez desaparece para dar nacimiento al verde, la humedad, la sombra y finalmente, a la laguna.

Alicia Gamero fue de las primeras que entendió que este lugar iría a atraer a gente y con su marido comenzaron a creer en el turismo rural, hicieron dos cabañas y luego otras dos más. Cada una de ellas tiene un color diferente, son hermosas. Se llaman “Naguilán Color”, a pocos metros de la laguna, permiten disfrutar del lugar con todas las comodidades. “El nombre en mapuche significa puesta de sol, y es lo que nos gustaba hacer con mi esposo, sentarnos a ver cómo el sol caía todas las tardes”, la actividad es aún el mayor atractivo natural. La ley de la vida llamó a su esposo, y hoy Alicia es la cabeza de este proyecto. Las cabañas son temáticas: el color las define. La verde tiene detalles de ese tono en todo su interior, y así las demás. Todas tienen frases de ecología. “Cuidar el medio ambiente es el proteger el futuro. Estoy segura que esas frases pueden motivar al pasajero, tenemos que acostumbrarnos a reciclar”, afirma Alicia. Ella fue una de las fundadoras de este paraíso. “El Turismo Rural es conservar raíces. Yo nací en el campo y siempre hemos tenido huerta. Eso no se tiene que perder”, ella recibe y despide a sus huéspedes, muchos de ellos vuelven a buscar la paz y la calma que anida entre los árboles y cerca del agua salina.

La Laguna La Salada es una villa con 300 habitantes estables. Hay una escuela primaria y un jardín, es difícil pensar en un mejor lugar para que los niños se eduquen y vivan su infancia. Está a sólo 4 kilómetros de Pedro Luro, y en la puerta de entrada a la Patagonia bonaerense. Una parrilla, una pizzería, una hostería y un local de comidas al paso, son los comercios que completan los servicios de este solar. En un principio este espejo de agua, que tiene más sal que el mar era privado, pero uno de los propietarios del campo oyó a sus amigos, que le decían por qué no hacer aquí una villa turística, así fue que el 5 de enero de 1969 se formó el Lago Parque La Salada, en un principio hubo que forestar y de a poco llegaron los primeros pobladores que ayudaron a gestar el sueño. Luego la Municipalidad loteó, pero con la condición de que el comprador edificase. El pueblo nació de esa forma.

Marta Onorato vive en la laguna desde 1980. Una vez que conoció el lugar, no pudo escapar del encanto. Tiene un vivero -“Pasionarias”- y su casa concentra todos los tonos de verde y los aromas, sus flores se ven desde lejos. Ama este lugar. “La vida acá es muy tranquila, el que viene debe estar acostumbrado a la soledad, no hay ruidos, nos gusta el silencio. Somos conscientes de que tenemos que cuidar la laguna” Una de las costas se conserva como Reserva Natural Municipal. “La laguna es ideal para los niños porque tiene una muy suave pendiente, ellos pueden disfrutarla como si fuera una pileta. Luego, está la salinidad, que es muy buena porque te permite flotar mejor, y si tenés alguna herida, te curas” Esta mujer, de voz calma, tiene en el vivero fotos de la historia de esta comarca. “Había una confitería flotante que se la llevo el viento, siempre fue buena para la pesca. Tenemos una escuela de Wind Surf, KiteSurf y Equitación” La laguna tiene 400 hectáreas y a pesar de que se alimenta del agua del Río Colorado, su corazón es salado. “Los atardeceres son únicos, he sacado cientos de fotos y siempre hay algo nuevo. Ver caer el sol en la laguna, desintoxica, calma”.

El turismo rural es la puerta de entrada a un mundo de experiencias sensoriales que permiten conocer un lugar desde su costado más natural de la mano de los propios pobladores. Es una aventura, la mejor manera de vivenciar la naturaleza, sintiendo el latir de la tierra. Los emprendimientos de Alicia y Marta forman parte del grupo de Turismo Rural “Aguas Turísticas” que coordina Cambio Rural de INTA.

“Nuestra música es el canto de las aves”, reconoce Marta. Las casas se confunden entre la tupida arboleda, el trazado de sus calles de tierra despierta el deseo de caminar. “Todo esto es muy familiar, hay tanta paz”, afirma Alicia. Mansa, la laguna parece un inmenso espejo que refleja la obra de la naturaleza, el azul del cielo junto con el verde del pastizal se funden en un cuadro inolvidable.

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