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Revista el Federal - Mi Pueblo - nota

Laguna Las Encadenadas, tierra prometida donde habita el silencio

Fuimos a conocer la laguna Las Encadenadas (Saavedra, Buenos Aires), un espejo de agua alrededor del cual habitan algunos soñadores que todos los días se juntan a ver el atardecer. Es un lugar ideal para descansar. "Estar acá es estar en medio de la nada, en contacto con la naturaleza"

Texto y Fotos: Leandro Vesco

Vale la pena hacer los kilómetros que hagan falta hasta llegar a la Laguna Las Encadenadas. El espejo de agua se recuesta sobre las márgenes calmas de una tierra bendecida por un paisaje que difícilmente se olvide. Un puñado de casas que se comunican por un caprichoso sendero que bordea la laguna recrean un cuadro idílico. El concierto de aves impresiona. “Este es un lugar de paz”, afirma Alicia Dura, quien decidió pasar su vejez en este paraíso apostando por el turismo rural.

La historia de Alicia es una de amor por la tierra. Llegó más o menos en la década del 60 a la laguna cuando no había más que belleza natural, ni nada menos. “Ni bien llegamos nos enamorados del lugar y siempre supe que iba a terminar teniendo casa acá” Entonces el Club de Pesca de Saavedra, para fomentar el arraigo al paraíso, cedía terrenos sin costo con la sólo obligación de construir casas que no ocasionaran impacto a la naturaleza. De a poco este Arca de Noé congregó a enamorados de los juncos, el arrullo del agua y los atardeceres inolvidables. Mientras tanto, el silencio lo acallaba todo. Por su ubicación geográfica, la laguna Las Encadenadas está sola en medio de una pampa que se resiste a descubrirla, alejada y al sur de Buenos Aires, las únicas presencias humanas están en Colonia San Martín y Dufaur, dos pueblos que se facultan como prólogos para conocerlos y aclimatarse a una realidad de pureza y lentidud.

Alicia Dura nació en Jacinto Arauz en La Pampa, pero a los cinco años ya estaba jugando en Dufaur. “Es mi pueblo y no lo cambio por nada en el mundo”, afirma. Allí pasó toda su vida, sin salir demasiado de su edén, un día cruzaron la Ruta 33 y vinieron a la laguna con su esposo y su vida conoció la belleza y una sensación de calma que la atrapó: “Vinimos a pasar unos días y nos enamoramos del lugar, de la calidad de la gente, este es un lugar de paz” A pocos kilómetros de Dufaur, la familia tuvo su lugar de descanso. Cuando se jubiló, cuando muchos piensan en bajar la guardia, Alicia apostó por su lugar en el mundo y compró dos cabañas en la laguna, para tener un espacio reservado para poder disfrutar del canto de las aves. “Sabía que la gente vendría porque hay pocos lugares como este”, detalla la seguridad con la que decidió dejar sus ahorros en la laguna. Mal no le ha ido. Hoy, visitantes de todas partes del país se acercan a pasar unos días en el completo silencio, sintiendo que el sol y las estrellas bajan un poco más cerca de la tierra que en otros lugares.

La laguna tiene una forma sinuosa alrededor de la cual hay vegetación y humedales que son hábitat de especies nativas. Un valle onduloso contiene al espejo de agua donde habita el silencio, en la costa hay tres clubes que ofrecen servicios de alquiler de embarcaciones, cabañas y espacio para acampar. Alicia tiene su refugio en el Club de Saavedra, justo enfrente a un muelle donde es posible sentirse en el medio de la laguna, aquí la paz es absoluta “Les decimos a los que nos llaman que estar en la laguna es estar en medio de la nada, es ideal para los que les gusta el contacto con la naturaleza” La proveeduría tiene todo el abasto que se necesita, y hasta la única conexión de internet de este remanso natural. “Eso si, cierra a la siesta y a las diez de la noche”, recalca Anabela Cleppe, quien acompaña a Alicia en la aventura de hacer turismo rural en un lugar que tiene todas las condiciones de ser considerado una tierra prometida.

“El Biguá” se llaman las cabañas que están a unos metros de la laguna, el secreto de ellas es que en realidad son dos locaciones extraordinarias para ver en primera fila el show más esperado por todos los que se acercan hasta acá: el atarceder, “el sol se pone frente a vos, y vas viendo todas las tonalidades que crea en el agua. No hay dos iguales y son únicos”, detalle Anabela. Estas cabañas forman parte del grupo de turismo rural Raíces de Campo, que asesora en este región Marina Monje, formando parte además de Cambio Rural de INTA, quien ha creado una red de emprendimientos de turismo en los que trabaja la familia rural y que motorizan la economía de los pequeños pueblos y promueven una forma de conocer un lugar desde un costado sustentable.

El viento pampero crea ondas en la laguna, los patos se meten al agua y salen más adelante moviendo las cabezas. Más allá del horizonte, se intuye más pampa. Es interminable el territorio, acá se comprueba. La tarde se cae, y entendemos por qué Alicia se enamoró de un lugar así: las voces de nuestros pensamientos se oyen al caminar por el muelle.

Cómo llegar:

Contacto acá.