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Revista el Federal - El Campo - nota

Las comunidades del oeste formoseño asombran con sus productos

Huertas, agregado de valor a carnes de animales silvestres, fabricación de muebles, aglomerados y hasta papel de la madera de una especie que se la creía una plaga, son algunos de los desarrollos logrados en esta zona agreste de la provincia. “Se hizo posible que el tórrido desierto vaya transformándose para bien de las familias aborígenes y criollas”

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Con trabajo comunitario, buenas ideas y organización, una zona marginal de Formosa, por su clima agreste y baja conexión con rutas, se está transformando en una región productiva que se recupera y sueña con crecer.

“Si a Formosa la consideraban inviable, imagínese lo que decían del oeste donde se daban los peores indicadores sociales del país”, contó a la prensa local Roberto Vizcaino, que además de su condición de legislador, llegó a vivir a esa zona hace más de 35 años.

Para el referente, se está produciendo una “verdadera transformación” en esa región, donde familias criollas y aborígenes -entre otras iniciativas- agregan valor a carnes de animales silvestres, desarrollan plantaciones de una creciente variedad de hortalizas en los llamados “cercos” que son huertas a una escala de entre media y una hectárea, y han emprendido la fabricación de muebles, aglomerados y hasta papel de la madera de una especie arbustiva que se la creía una plaga.

Los progresos no se detienen, sino por el contrario pareciera cobrar cada vez mayor fuerza en todos los departamentos del oeste, conforman un contexto emblemático de las mejoras en las condiciones de vida de quienes siempre sufrieron la aislación y la no inclusión.

Como parte de estos proyectos, desde el Instituto de Comunidades Aborígenes, se lleva a terreno el plan de distribución de semillas, insumos y capacitación, además de orientarlos para el proceso de venta; lo que ha derivado en un crecimiento de la producción de hortalizas y otras especies.

“No solamente está en alza la producción de verduras, sino de variedades de zapallos, maíz, sandia y tomate, entre otros”, dijo Vizcaino para subrayar que “esto no solamente les significa mejores ingresos, sino que se está produciendo un habito favorable en lo alimenticio al incorporar vegetales a los platos”.

“Ya no se tratan de huertas familiares, se elevó la escala productiva y ahora se ingresó a una creciente etapa de comercialización”, dijo el referente. De acuerdo a registros oficiales, se cuantifican en cerca del centenar los cercos en todo el departamento Ramón Lista en plena producción, quienes incluso han incorporados sistemas de riego por goteo.

Al respecto, Guillermo Fernández, que tiene su cerco en la zona de El Potrillo, comentó que está aplicando mucho de lo aprendido en el colegio secundario, y que la actividad que antes se reducía al consumo familiar, ahora le permite ser su actividad laboral única con la cual vive con su familia. Asimismo, mira con optimismo los días por venir señalando que “tengo pensado ampliar la producción y sumar otros cultivos, porque se vende bien y hay mas pedidos”.

Otra de las iniciativas en marcha son coordinadas por el joven aborigen, Emilio Fernández, que preside en la Universidad Nacional de Formosa (UNaF) una organización que nuclea a estudiantes indígenas y se ocupa de gestionar el aporte en herramientas e insumos para que desarrollen actividades otros jóvenes que se dedican a actividades como carpintería, talleres de motos, huertas y ladrillerias, para continuar en acompañamiento en orientación y capacitación.

Asimismo, se avanza en la elaboración de dulces y mermeladas de frutas, la doca en almíbar, carnes de animales como el chivo envasados como escabeches o con vinagre, la harina de algarrobo transformado en budines, turrones, alfajores, entre otras, la creciente producción apícola con una miel muy preciada por sus bondades nutricionales y certificación cien por ciento natural. 

También las artesanías han sido mejoradas en sus tipos de confecciones y combinación de colores, por lo que están siendo asesorados a fin de que puedan lograr una escala productiva interesante y también ser acompañados en procesos de promoción y comercialización a otros mercados, se informó. De esta manera, los habitantes de este región son quienes, aplicando sus conocimientos y su experiencia ancestral pueden generar recursos propios para vivir en su tierra.