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Revista el Federal - Viajes - nota

Las grutas, el balneario patagónico de aguas cálidas

Las Grutas es el balneario patagónico con aguas casi tropicales en la costa de Río Negro, allí el Golfo San Matías produce un efecto sobre las corrientes marinas originando un microclima. El mar ha esculpido misteriosas cavernas en la costa. El balneario lo tiene todo: acantilados, arrecifes, piletas naturales, buena gastronomia y vida nocturna.

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Por Leandro Vesco

Para los habitantes de la Patagonia es la playa soñada y para los demás, también. Blanca y fina la arena que existe en las playas doradas de Las Grutas son bañadas por las aguas cálidas que se originan en el Golfo de San Matías donde el mar ha modelado atractivas y misteriosas cavernas que parecen hablar cuando la marea sube.

Las Grutas es un oasis marítimo en la costa de Río Negro, es considerada la playa con las aguas más cálidas del sur del continente, con una temperatura promedio de 25 grados. Precisamente estas grutas provocan bajadas naturales que conducen a balnearios donde se producen piletas naturales, especiales para los más niños que de este modo pueden disfrutar del agua de mar. De un azul verdoso, el manto marítimo se funde con un cielo de igual tono provocando una ensoñación que es uno de los tantos atractivos de este pueblo donde la única condición pretendida es la de dejarse llevar por los ritmos del mar.

La historia de cómo se originó el balneario habla del magnetismo que siempre produjeron estas playas donde la corriente cálida del atlántico norte le gana a las gélidas aguas antárticas que quedan en el fondo provocando un microclima que favorece no sólo a los que buscan el sosiego que da un baño marítimo, sino a las distintas especies animales que viven sobre y debajo de estas cristalinas aguas.

Cuando la vecina San Antonio Oeste era un caserío pero con un puerto importante, los pocos habitantes que se animaban a vivir en esas soledades iban bordeando la costa para hacer picnics entre las grutas y disfrutar de las piletas naturales que se originaban en esta playa, corría el año 1925. El hechizo funcionó porque en 1938 se hizo una huella de 14 kilómetros para unir aquel pueblo con esta playa bendecida por aguas tibias. El desierto que rodea a San Antonio Oeste levantaba altas temperaturas en veranos interminables, “la playa de las grutas” era el único frescor permitido en ese abrasador fuego patagónico. En aquel entonces había un solo habitante en la playa, un privilegiado anciano llamado Isidoro Alvarez que tenía un ranchito entre los médanos. Fue en su momento el hombre más feliz día mundo, pues tuvo para él solo este rincón edénico.

Aquellos vecinos que iban a la playa de las grutas unieron un deseo y lo costearon entre todos: fabricaron un bungalow para tener un techo para compartir la magia y esta fue la única casa que se pudo ver en veinte años. Las Grutas comenzó a ser lo que hoy es para el año 1950 con el camino enripiado y cuando ya no se pudo ocultar más la belleza de esta playa rodeada de acantilados y arrecifes, donde los delfines se acercan a cortejar a sus hembras para que el camino de la vida se desarrolle, donde sus aguas son visitadas por infinidad de peces multicolores como los caballitos de mar, pero también lobos marinos, pingüinos y pulpitos patagónicos.

Con poco más de 5000 habitantes en verano Las Grutas es un balneario que lo tiene todo. Es la playa de la Patagonia con aguas casi tropicales, donde los turistas eligen disfrutar del mar de todas las maneras, haciendo windsurf, buceo, o nadando por una interminable plataforma marítima que permite disfrutar del agua como si uno estuviera dentro de una pileta. Carlos Paez Vilaró no pudo evitar el embrujo y vino para conocer este mar, pintó algunos murales que aún quedan y produjo un efecto contagioso entre los vecinos que decidieron construir casas y espacios en el pueblo con el mismo diseño irregular de su Casa Pueblo de Punta del Este. Las grutas es una experiencia que hay que vivir para contarla. Con todos los sentidos abiertos, disfrutando en un parador costero un plato con frutos de mar, recién traídos por los pescadores artesanales, viendo el reflejo argentino de la luna sobre las calmas aguas de este mar fascinante.