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Revista el Federal - El Campo - nota

Le negaron a Monsanto patentar sus semillas

La Cámara Nacional de Apelaciones en lo Civil y Comercial Federal le denegó a Monsanto su pretensión de querer patentar semillas. En el fallo se compara la petición de la multinacional con el lenguaje, al entender que por ejemplo un escritor es autor de su obra, pero no es propietario del lenguaje. Esto significa un duro revés para Monsanto. 

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Monsanto tiene problemas en Argentina. La resistencia civil de muchas comunidades, como el caso del acampe en Malvinas Argentinas, y de tantas organizaciones ambientalistas y sociales en contra de sus métodos y sus productos logran poner varias piedras en el camino de la compañía para desarrollar sus políticas. A las cientas de denuncias de campesinos por su posición dominante y su pretensión de cobrar por el uso de semillas, Monsanto sumó otro revés: le niegan en nuestro país la posibilidad de patentar semillas, ya no podrá pretender el pago de regalías por el uso de semillas.

Querer patentar semillas es como pretender ponerle copyright a la vida. La Cámara Nacional de Apelaciones en lo Civil y Comercial Federal le denegó patentes de transgénicos, y lo hizo con razones que cualquiera entiende. Para los jueces, es discutible que aquel que obtiene un transgénico, por solo un cambio, pretenda patentar toda la semilla.

El dictamen fundamentó su fallo citando un pasaje de la obra de Shakespeare “El Mercader de Venecia”, donde un avaro pretende cobrarse una deuda con el corazón del deudor, y el juez lo habilita pero le niega el derecho a derramar una gota de sangre.

Para entender mejor el razonamiento de la justicia en contra de Monsanto, los jueces se valieron de una comparación del código genético con el lenguaje, y mostraron como ejemplo que el autor de una obra literaria no es propietario del lenguaje. De esta manera a la multinacional se le cierra posibilidad que tenía de cobrar derechos de autor por el uso de sus semillas a los productores.

Monsanto pedía que fuera declarada inconstitucional una norma que saca de la órbita de las patentes a las plantas y los animales. La Cámara le dio la espalda. Es que la Ley de Patentes Nº 24.481 dice en su artículo 6 que no se consideran invenciones “toda clase de materia viva y sustancias preexistentes en la naturaleza”, y en su artículo 7 establece que no son patentables “la totalidad del material biológico y genético existente en la naturaleza o su réplica, en los procesos biológicos implícitos en la reproducción animal, vegetal y humana, incluidos los procesos genéticos relativos al material capaz de conducir su propia duplicación en condiciones normales y libres tal como ocurre en la naturaleza”.

En una palabra, las leyes dificultan el patentamiento de la vida, que es lo que acostumbran hacer Monsanto y otras firmas similares por el mundo.