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Revista el Federal - Actualidad - nota

Los cerros cítricos

Tafí Viejo, en Tucumán, es la Capital Nacional del Limón. Los paisajes hipnóticos albergan una fruta requerida en todo el mundo y motoriza a los productores de la región. Los secretos para conseguir una calidad que sólo puede mejorar con el tiempo.

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Afuera hace 46 grados. Adentro de la parrilla de camioneros debe hacer 50. La mujer cocina un chivito aunque dice que lo hace bien despacito y que todavía le faltan varias horas. Ofrece pollo y chorizos. No hay ventilador y vuelan varias moscas. La zona es desértica. El viaje continúa hacia el norte. Después de cruzar un río, ya en la provincia de Tucumán, todo se vuelve más verde. Aparecen campos de caña de azúcar, otros puentes y otros ríos.
San Miguel de Tucumán está quieta a la hora de la siesta. Después de tanto viaje, es un buen momento para subir al cerro. Los sonidos de la yunga y la vista del valle y la ciudad en el camino a la villa de San Javier son hipnóticos. Al día siguiente, la vista desde los cerros en Tafí Viejo es diferente pero igual de atrapante: los limoneros forman hileras en los campos quebrados y dan ganas de pasear o tirarse a descansar. Pero aquí en Tafí Viejo, los productores de limones no descansan. Por eso son los primeros industrializadores de limones del mundo.

Aguantan la tristeza. El ingeniero Agustín González (69), administrador general de la Cooperativa Cota, da la bienvenida y cuenta que el grupo que la fundó en 1961 era de inmigrantes andaluces. Cuenta que antes en la zona había naranjos pero una enfermedad llamada tristeza los atacó en forma virulenta. Como los limoneros aguantaban la “tristeza” comenzó una migración de las plantaciones. La cooperativa se creó para desarrollar un vivero y poder proveer de plantines de limones a los productores. Hoy, Cota cuenta con 55 socios productores: hay chicos (de unas 10 hectáreas), medianos (40/50 hectáreas), y grandes (de unas 120). En total suman 2.300 hectáreas, más 200 propias, con un promedio de producción de 110.000 toneladas anuales.
La principal floración es la de primavera (agosto-septiembre) y el limón es como un bebé que tarda 9 meses en crecer. La temporada de cosecha (a mano) es entre marzo y septiembre. Entonces Cota tiene garantizada la materia prima para su planta industrial, que funciona desde los setentas. Aquí procesan entre 60 y 80 millones de kilos de limones por año.
González explica que el limón tiene dos mercados principales. El de limón fresco (exportación y mercado interno) y el industrializado, que es el fuerte de la cooperativa. La industria produce aceite esencial de limón que se obtiene raspando la cáscara. Coca Cola es el principal consumidor mundial, lo usa en su fórmula secreta. El aceite también se usa para perfumería. Otros productos son el jugo concentrado (base para bebidas) y la cáscara deshidratada (posee pectina y se utiliza para dar consistencia a mermeladas). El limón se utiliza por completo. Durante la época de cosecha la industria trabaja 24 horas, los siete días de la semana. Y en época de receso, la fábrica se desmonta por completo, se acondiciona y se vuelve a armar. Siempre trabajando.

La región ideal. Miguel Paz Posse (48) es el secretario de la cooperativa. El hombre es fanático de los caballos e invita a El Federal a conocer cómo trabajan los paisanos en los cerros tucumanos (gracias, nos vemos pronto). Cuenta que el limón no tolera las temperaturas menores a los cero grados, que las heladas afectan su productividad. La zona del Pedemonte tucumano, a los pies de las sierras de la Aconquija, posee el microclima ideal. Aquí casi no caen heladas y hay un nivel óptimo de precipitaciones. En Tucumán llueve de octubre a marzo y “si la primavera viene seca, la producción se verá afectada”.
Una hectárea de finca implantada se cotiza en unos 25 mil dólares, aunque las operaciones de compra y venta son casi inexistentes. El que tiene plantaciones, no las vende. Se puede decir que la tradición pesa en la actividad. La competencia de la tierra se da en la región entre los limoneros y la caña de azúcar.
El Ing. Agr. Fabio Zaragoza (35) trabaja con los limones hace 10 años. Zaragoza explica que los plantines que producen en el vivero (en inglés lo llaman nursery) van al campo recién a los 18/20 meses de vida. La planta tiene un pie, que puede ser de naranjo, de mandarino o de lima y una copa que se injerta y puede ser de distintos tipos de limón como Lisboa, Genovés o Eureka, entre otros. Las distintas combinaciones sirven para distintas zonas. En la actualidad, por la amenaza del “greening”, una enfermedad peligrosa, hay una ley nacional que dicta que los plantines deben ser producidos bajo cubierta. Ya no se producen más a campo, como en el pasado. Los invernáculos tienen mosquiteros que impiden que entre la “chicharrita” del greening. Cada invernáculo costó 50 mil pesos. En primavera los plantines pasan al campo y tardan unos 4 años en entrar en producción plena. Si afuera hacen 35 grados, dentro de los invernáculos pueden hacer 45.
“La genética es vital porque tiene una incidencia del 60 por ciento en la producción de la planta”, comenta. La cooperativa trabaja con el INTA y con la Estación Experimental Obispo Colombres, quienes proveen semillas y yemas certificadas. Zaragoza visita a los socios de la cooperativa y los asesora. La cooperativa les provee de los plantines.
“Hoy se buscan plantas enanas para facilitar las tareas culturales y de cosecha”, explica el ingeniero. Lo convencional son 300 plantas por hectárea, pero en las enanas la cifra aumenta a 500/600 plantas por hectárea. Las plantas viven unos 18/20 años y el productor las va renovando por partes para optimizar la producción. “La teoría y lo aconsejable es renovar un 5 por ciento de las plantas por año”, explica. Zaragoza maneja el vehículo de El Federal subiendo lomas, cruzando un río seco, hasta la cima de un cerrito donde la vista es excepcional. Él vive en Tafi Viejo junto a su mujer y sus dos hijos y es evidente que adora este lugar. Desde acá arriba, la vista es mágica. Gracias por recibirnos en una nueva escala de los Caminos de la Producción. Hasta la próxima.