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Revista el Federal - Actualidad - nota

Mejorando las especies

El Federal dialogó con los organizadores del Congreso Latinoamericano de Genética, sobre la aplicación de esta ciencia al mejoramiento de la producción agrícola y ganadera.

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Por Hernán Álvarez

Es una rama de la biología poco conocida por los productores. Ni qué hablar por la mayoría de los consumidores. Se ocupa del estudio de la transmisión de los caracteres hereditarios de una generación a la siguiente. Su papel es crucial para el mejoramiento de rindes en granos y kilos en ganado. Ha tenido un gran desarrollo en el siglo pasado y también en éste. Es la genética.
Muchos de los mejores especialistas en la materia se reunieron en Rosario, en el Congreso Latinoamericano de Genética, a fines de octubre. En el simposio, organizado por la Asociación Latinoamericana de Genética, la Sociedad Argentina de Genética (SAG) y la Sociedad de Genética de Chile, se abordaron temáticas relacionadas con este campo clave dentro de la producción agropecuaria. El Federal habló con algunos de los organizadores. Uno de los temas fue la disyuntiva entre la investigación relacionada con los biocombustibles y la que se aboca a la alimentación, sea humana o animal. Liliana Picardi, miembro de la SAG, citó el ejemplo de un genetista que utiliza el sorgo dulce para producir energía: “Son adelantos que se están haciendo para tener variedades genéticas que en vez de cumplir el rol de producir más proteína y demás, como siempre buscamos en los granos o en las oleaginosas, se usa para tener mutantes que den mayor valor energético y se puedan degradar más. No es lo mismo tener para producir proteína de calidad para alimentar a un ser humano, que producir otras variedades para que se produzca, por ejemplo, a partir del maíz, más etanol”, agregó.
Desde el comienzo y durante muchos años, el foco de atención de los investigadores fue desarrollar mejores cultivos para obtener rindes máximos. A partir del uso de plantas en la combustión de los automóviles, la genética vegetal se focaliza también en otro sector. “En los últimos años ha empezado a haber proyectos de investigación dedicados a la producción de biocombustibles. Eso se ve no sólo en las agencias de promoción a nivel nacional sino a nivel internacional. Hay como un boom de dar dinero para que se investigue este tipo de temas”, afirmó Gustavo Rodríguez, miembro del comité ejecutivo del congreso.
Picardi agregó que los mercados están preparados para recibir alimentos. “Pero a su vez hay todo una necesidad de reemplazar al petróleo. Es una sociedad de consumo que se ha planteado sobre un bien finito como el petróleo. Va a haber que reemplazarlo. Ahora tratamos de ver cuáles son las fuentes alternativas para eso. Puede no ser sólo a través de las plantas. Hay energía eólica. Hay un montón de procesos que el hombre tiene que investigar.”  
Otro tópico que se toca constantemente es cuáles son los límites biológicos, si es que existen. “En cuanto a potencialidad de rendimiento de un cultivo específico tampoco hay respuestas. Se sabe que en los últimos años ese incremento ha sido lineal. No se ha llegado a un techo. Tanto por los avances científico-genéticos como por los avances en cuanto a los manejos de cultivo. En los sistemas de producción hay que tener en cuenta todo. No sólo la genética o la variedad de un cultivo específico, sino el manejo, el productor, la parte social”, expresó Rodríguez.

La cadena productiva bovina. La ganadería bovina también es influida por los genetistas. En este sector, las investigaciones deben tener una relación estrecha con las demandas del mercado. “Hay distintos planteos en los distintos países. Hay algunos que están muy organizados, que tienen las cadenas de valor totalmente organizadas. Desde la producción a la comercialización y al consumidor. La cadena de la leche en Nueva Zelanda está organizada de esa forma. En otros países, eso no es así y no hay relación, y la genética bovina está muy asociada o con empresas de venta de semen, embriones, etcétera, o con asociaciones de criadores. Y hay otros países como Brasil o Uruguay que tienen un sistema totalmente distinto porque tienen planes nacionales de selección en bovinos. El planteo es muy variado. Las organizaciones son muy distintas en los distintos países”, aseguró María Inés Oyarzábal, presidenta de la SAG y del congreso.
Sobre la situación de la genética bovina en nuestro país, puntualizó: “En Argentina, cada asociación de criadores fija sus objetivos, tanto para leche como para carne, pero no hay un plan nacional de objetivos de selección en bovinos. Tampoco está muy planificado enganchar los objetivos de selección con la demanda diferenciada. Los consumidores de cada país consumen carne muy diferente. Algunos con menos contenido de grasa, otros con más contenido de grasa, animales más jóvenes, animales más viejos, etcétera. Hay nichos especiales. En países emergentes, hay una demanda de carne no especializada. Digamos, a granel. Es muy variado. Tenemos que saber analizar las oportunidades como para diferenciar. En eso se relacionan cuestiones de economía y sociología con la genética. Los objetivos de selección en bovinos no son propiedad de los genetistas exclusivamente, sino de un conjunto de disciplinas y de personas”.
Sobre los últimos avances en el sector bovino, Oyarzábal destacó: “Se está trabajando en encontrar genes asociados a caracteres de interés económico. No se ve un avance grande a nivel de los rodeos generales. Son planteos totalmente distintos. El sistema de Nueva Zelanda son cooperativas de productores, cooperativas de industrias. Las grandes industrias están asociadas y enganchadas con el sector de la producción y con el sector científico-tecnológico. Los mismos productores son socios del sistema científico-tecnológico. Tiran todos para el mismo lado”.