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Revista el Federal - Mi Pueblo - nota

Pardo, transforman una capilla abandonada en el centro cultural del pueblo

La capilla estuvo abandonada durante décadas y un grupo de vecinos y entusiastas de la recuperación de los espacios rurales la revalorizaron y transformaron en un centro cultural rural, donde se debate sobre género, integración y se hacen muestras de fotos y obras de teatro.

Por Leandro Vesco

En Pardo, un pequeño pueblo de 200 habitantes del Partido de Las Flores, una capilla que estuvo abandonada durante décadas se ha convertido en un centro de encuentro y promoción cultural rural, un espacio de debate, dónde organizaciones de género, ecológicas y sociales se unieron para devolverle la vida a un lugar que estuvo cerrado y que hoy convoca a vecinos de la región. “Somos herejes confesos”, aseguró Juan Manuel Damperat, uno de los artífices de esta brillante idea. El sábado 7 de abril se hizo aquí el Segundo Encuentro por la Integración.

Pardo es un pueblo en donde pasan cosas extraordinarias y en donde se está gestando una idea de soberanía rural que marca un camino. Allí está el Complejo de Permacultura Yamay, donde se invita a conocer los distintos procesos de construcción con barro, además de ofrecer talleres y hospedaje, el pueblo además tiene la singularidad de haber sido la cuna de la familia Bioy Casares, Adolfo, el escritor llevaba a Jorge Luis Borges y Victoria Ocampo a pasar los veranos a su estancia “Rincón Viejo” Hoy el pueblo se reorganiza a través del grupo Pardo Auténtico, que quiere revalorizar la historia y potenciar su realidad sustentable como atractivos turísticos.


Foto: Juan Manuel Damperat

La Capilla que se convirtió en centro cultural, está a unos kilómetros del ejido urbano de Pardo, al parecer a fines del siglo XIX, el pueblo iba a desarrollarse entorno a ella, pero la familia Bioy Casares habría sugerido que el pueblo estuviera cerca de la estación de tren. La historia quiso que esta idea prosperara y el pueblo se construyó en su ubicación actual, alrededor de la Estación, entonces la capilla, que fue construida en 1892, quedó aislada y germinando una soledad fecunda y silenciosa. Así estuvo en estado de latencia hasta que Pardo Auténtico y Yamay decidieron abrir las puertas de este templo que volvió a tener feligreses que buscan una comunión que los acerque a la naturaleza y a las actividades artísticas y culturales.


Foto: Juan Manuel Damperat

El “Segundo Encuentro por la Integración”, con entrada libre y gratuita, se hizo en la Capilla Nuestra Señora del Socoro, convocó a la Banda Acústica del Espacio Hablemos, la Colectiva Mutar, una muestra de Arte y fotos, charlas y talleres de permacultura en Yamay y un cierre con la obra teatral “Atuación Policial” del grupo Del Borde Teatro de Las Flores. “Que haya grupos de género en un pueblo de 200 habitantes fue muy importante. Debatimos sobre la despenalización del aborto, que apoyamos, nos informamos, intercambiamos ideas y experiencias”, explicó Damperat. “Vinieron jóvenes del pueblo y de Las Flores interesados en conocer y reflexionar sobre estos temas”, completó. Pardo, la pequeña comunidad, pensó los temas nacionales. Nadie de los que llegaron hasta aquí tienen pensado irse de sus localidades. Desde la capilla, convertida en centro cultural y social, se fomentó el arraigo.

El Espacio de Género “Hablemos”, presentó su proyecto, se trata de un colectivo que propone crear un diálogo sobre “sexualidades disidentes, feminismo, cuestiones sociales, de educación, siempre abordadas con perspectiva de género” Desde la Capilla se promovió a “contribuir a un cambio de paradigma social y a que temas relacionados al género y sexualidades disidentes dejen de ser tabú. Se busca generar una movilización de la sociedad para contribuir entre todos una sociedad igualitaria y libre de discriminación”. Siguiendo con esta línea la Colectiva Mutar, bajo el techo nuevamente consagrado de la capilla, pero esta vez bendecido por la voluntad de cambio y resistencia, sostuvieron que: “Creemos que la potencia de la organización de las personas se da a partir de una práctica colectiva que nos interpela para deconstruirnos y construir otra sociedad. Creemos que no podemos esperar a que cambie el mundo para cambiar lo que hoy nos molesta. Porque entendemos que la tarea es tomar el cielo por asalto desde aquí y ahora”. De esta forma, las minorías se unieron desde la pequeña comunidad. En la pequeña escala, se fortalecieron.


Foto: Cristian Bossi

Pardo es un pueblo de calles arboladas, la estación de tren lo divide en dos, pero esto no produce una fractura como en otros pueblos, acá hay un espíritu de recuperación que sobrevuela esta comunidad. Hay almacenes de ramos generales, como el de Lamaro, donde paraban Bioy Casares y Jorge Luis Borges en veranos inolvidables. Hay un hotel boutique, “Casa Bioy”, un comedor que vende comidas típicas y 200 habitantes que viven en tranquilidad. Pardo Auténtico es un producto turístico pensado por Pablo Esteban Rodriguez que se alió con Yamay Turismo Responsable, juntos están haciendo posible que el pueblo se posicione como un destino de relax y reencuentro con las tradiciones camperas, pero este movimiento ha permitido también abrir las puertas para repensar y reflexionar acerca de un cambio necesario que se debe dar desde lo social, ante una sociedad insensible y aislada en las grandes ciudades.


Foto: Cristian Bossi

“Poder actuar en la capilla fue una emoción muy fuerte”, afirmó Juan Manuel Damperat que ofició de comisario en una obra de teatro de fuerte relación con la historia de Las Flores, la dramaturgia se basa en una denuncia policial hecha en 1909 en donde se desnudan una historia de infidelidad y la sociedad patriarcal de aquellos años. “Más de 100 personas vinieron, incluso viejas vecinas del pueblo que habían tomado la comunión, volvieron a la capilla”, reconoce con alegría Damperat. La autogestión domina estas nuevas misas, la realidad en Pardo cambia a partir de sermones culturales que tienen que ver con la igualdad, la integración y la libertad. Aquí las cosas, van muy bien.


Foto: Juan Manuel Damperat