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Revista el Federal - Viajes - nota

Pehuen Có, la playa donde Darwin pensó el origen de la vida

Pehuen Có (Coronel Rosales, Buenos Aires) es un pequeño pueblo marítimo contenido por un bosque encantado que se funde en una playa solitaria salpicada de dunas. Charles Darwin la visitó y descubrió fósiles que le permitieron pensar el origen de las especies. Con aterdeceres soñados, es un balnerio que invita a disfrutar de la naturaleza y de caminatas solitarias.

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Por Leandro Vesco

Dicen que no hay caídas de sol como las que se ven en Pehuen Có, el pequeño pueblo donde conviven el bosque encantado y playas interminables donde el mar argentino se presenta con una inusual calma y belleza.  Charles Darwin cuando dio la vuelta al mundo se paseó por esta costa y al descubrir restos fósiles de animales prehistóricos pensó por primera vez su teoría del origen de las especies, y cómo el misterio de la vida evolucionó. Magia, paz y dunas se unen al mantra natural de las olas que acarician la playa de este balneario único donde la prisa no tiene permitada la entrada.

Hace miles de años esta costa tuvo una rica flora y fauna, la presencia de grandes megaterios, gliptodontes, y huellas de aves se puede ver fosilizadas en varios rincones del balneario, entonces el mar estaba retirado unos kilómetros y las lluvias formaban lagunas y marismas donde los animales caminaban: sus huellas le ganaron al tiempo y hoy es posible verlas. Darwin tomó nota de esto y comenzó a formular su teoría del origen de las especies contemplando estas pisadas y estudiando los fósiles que halló.

Pehuen Có es una voz mapuche que significa araucaria y agua, y expresa la realidad natural de este rincón de la provincia donde el bosque se funde con médanos que se integran al mar. 

El pueblito de 600 habitantes fue una idea que tuvo un inmigrante español llamado Avelino Gonzalez Martinez, quien luego de trabajar en una pulpería en San Pedro, se afincó en Bahia Blanca e hizo fortuna y halló en este páramo, su lugar en el mundo. El problema fue domar las dunas, y costó años. En 1934 se hizo la primera casa, pero no perduró y recién en 1947 la tozudez de este español se cristalizó en una realidad: Pehuen Có. Los primeros años se trató de un puñado de casas, que tenían por delante interminables playas desérticas bañadas por un mar perfecto. La presencia del bosque fue un factor determinante para que comenzaran a llegar los primeros elegidos en iniciar esta aventura de hacer un pueblo dentro de un paraíso.

Hoy Pechuen Có es una playa visitada por amantes de la vida natural, las calles del pueblo siguen los caprichosos caminos del bosque. Hay bares, paradores, cabañas y campings. Una vez dentro de este particular mundo, no hay necesidad de salir de él. El ritmo de la vida pasa por disfrutar de la naturaleza, hacer caminatas en la playa, en el “Bosque Encantado”, visitar la “Casa Barco”, una vivienda que fue construida por un italiano llamado Luis Novelli a imagen y semejanza de su barco en el que navegó y conoció este lugar, nadar hasta el Barco Hundido, donde los restos de una goleta sobresalen cuando la marea baja.

La magia de Pehuen Có renace todos los días cuando el sol, lenta y pausadamente decide abandonar el cielo, su retirada la hace con una sinfonía cromática que adormece los sentidos. Por la noche, los paradores reciben a los que quieren disfrutar de la fresca del mar que se intuye con el murmullo de las olas en la playa animada por fogones que invitan a la charla y al relax.