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Revista el Federal - Alimentación - nota

Revelan que 6 de cada 10 frutas y verduras contienen pesticidas

Un estudio demostró que 6 de cada 10 frutas y verduras de comercios porteños contienen al menos un plaguicida, y en algunos casos se constató la presencia de hasta tres agroquímicos en un mismo artículo. La zanahoria es el alimento con mayor carga total de plaguicidas, seguida por la naranja y la lechuga.

En mayo de este año, por pedido legal, se dieron a conocer documentos del Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA) que detallaban operativos en los que se constataron partidas de frutas y verduras fumigadas con hasta 22 pesticidas, las cuales se encontraban a la venta en los mercados centrales de Buenos Aires, Mar del Plata y La Plata.

Ahora, un nuevo estudio realizado por científicos de la Universidad de La Plata (UNLP), por pedido de la Cátedra de Soberanía Alimentaria de la Universidad de Buenos Aires (UBA), demuestra que 6 de cada 10 frutas y verduras de comercios porteños contienen al menos un plaguicida, y en algunos casos se constató la presencia de hasta tres agroquímicos en un mismo artículo. Y un dato alarmante: el 46% de los productos que dieron positivo en algún tipo de plaguicida también exhibió residuos de agroquímicos que no están habilitados para su uso en frutas o verduras.

Ambos documentos los dio a conocer Patricio Eleisegui, periodista y autor del libro Envenenados, cuyo artículo dice:

El resultado del estudio fue contundente: 6 de cada 10 frutas y verduras evaluadas dieron positivo en al menos un plaguicida. Y en algunas de las variedades analizadas se constató la presencia de hasta tres agroquímicos en un mismo artículo.

En 85 muestras de zanahorias, naranjas, lechuga, tomate y morrón, los pesticidas más detectados correspondieron al insecticida clorpirifos, el fungicida epoxiconazol, y los también insecticidas y acaricidas fipronil y permetrina, respectivamente.

En cuanto a los elementos más contaminados con estos venenos, la experiencia develó que “la zanahoria es el alimento con mayor carga total de plaguicidas, seguida por la naranja y en último lugar la lechuga“.

“Del total de plaguicidas evaluados, el más frecuentemente detectado fue el clorpirifos (15,3%) seguido de epoxiconazol y fipronil (14,1%) y permetrina (12,9%). La concentración más alta cuantificada fue de 450 microgramos/kilo para l-cialotrina en una muestra de zanahoria, para la cual no está regulado, para este alimento también se detectaron 3 excesos de LMR -límites máximos de residuos- para el compuesto azoxistrobin. En morrones se encontraron como plaguicidas más problemáticos tebuconazol, epoxiconazol, acetocloro y clorpirifos así como en naranjas el piretroide cipermetrina con 205 microgramos/kilo y tomate con 89 microgramos/kilo”, expone el documento en el que la UNLP volcó las conclusiones del monitoreo.

Un dato que aporta mayor dramatismo a estos resultados radica en que el 46% de los productos que dieron positivo en algún tipo de plaguicida también exhibió residuos de agroquímicos que no están habilitados para su uso en frutas o verduras.

“En las muestras analizadas, se han detectado plaguicidas prohibidos como endosulfan, paratión o plaguicidas organoclorados persistentes de la familia del DDT. En este último caso se propone que su presencia se debe a procesos de translocación desde el suelo, por la persistencia de estos compuestos en suelo como consecuencia de su uso y persistencia, en el pasado”, agrega el texto ya mencionado.

Los agroquímicos constatados se dividieron de la siguiente forma, con y sin inclusión de organoclorados (OCI):

Al momento de profundizar en los aspectos que aborda este trabajo, Damián Marino, especialista del CONICET e integrante del equipo que llevó a cabo la investigación, señaló que la experiencia no hace más que desnudar que, “desde hace años, los plaguicidas dejaron de ser un problema únicamente del campo para volverse una complicación grave para todos”.

“Por fuera de los pesticidas ubicados lo que queda en claro es el descontrol, la ausencia de cualquier regulación efectiva. Eso queda en evidencia cuando se analiza la enorme cantidad de frutas y verduras que dieron positivo en compuestos que no están habilitados para el uso en esos cultivos. Lo preocupante son las cantidades de plaguicidas que incorporamos a nuestro cuerpo cada vez que hacemos una ensalada”, expuso.

Miryam Gorban, titular de la Cátedra de Soberanía Alimentaria de la UBA, explicó a quien aquí escribe que el trabajo se basó en frutas y verduras adquiridas en distintos comercios de la Ciudad de Buenos Aires. Y enfatizó que, antes que generar mera alarma, la divulgación de estos resultados “debe alentar un cambio en los hábitos de compra”.

“En vez de crear pánico, esto debe servir para concientizar a todos de que estamos ante un problema de contaminación generalizado, que ingresa a nuestras casas a través del abastecimiento cotidiano“, dijo.

Para luego añadir: “Conocido esto, queda recomendarle a la gente que ejercite un consumo responsable. Ya que no se puede eludir la compra de estas frutas y verduras, al menos que se exija mercadería fresca y que todo se someta a un lavado intenso. Lo ideal es comprarle a aquellos proveedores que revelan cómo han sido cultivados los productos que ofrecen“, aconsejó.

Los resultados de esta investigación de la UNLP hacen eco con lo expuesto a fines de abril por este periodista. En esa ocasión, distintos documentos internos del Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA), obtenidos por la ONG ambientalista Naturaleza de Derechos previa intimación judicial, revelaron que el Estado halló partidas de frutas y verduras con residuos de hasta 22 pesticidas entre los años 2011 y 2016.

Y que esa mercadería, integrada mayormente por variedades de pera, apio, mandarina, manzana, frutilla y zanahoria, estuvo a la venta durante el lapso en cuestión en los mercados centrales de Buenos Aires, Mar del Plata y La Plata. Desde que se expusieron los detalles de dicha documentación hasta hoy, SENASA ha evitado pronunciarse respecto del origen y el destino final de esos productos contaminados con agrovenenos.

Este artículo pertenece a Patricio Eleisegui.