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Revista el Federal - Viajes - nota

Sierra de los Padres, un paraíso serrano cerca del mar

A solo 15 km de Mar del Plata, a un costado de "la ruta Jardín 226" está Sierra de los Padres, una comarca serrana que es un refugio de aves y en donde es posible hallar silencio, paz y calma entorno a un escenario natural rodeado de bosques, lagunas y un valle fértil. ¿Querés viajar a un lugar especial? Acá lo tenés.

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Texto y Fotos: Leandro Vesco

Cuando se entra a Sierra de los Padres se tiene la sensación de estar en un inmenso nido de aves. Es tal la sinfonía, a veces calma, otras desmesurada, pero acá la naturaleza no se mide, es. El camino de acceso termina en la base de la sierra, es una huella recta en el que se pueden ver  pintorescos puestos donde los pequeños productores de la zona exponen sus frutas y verduras. El aroma es especial. Para entrar a este refugio natural es necesario cumplir con un requisito: dejar atrás apuros y problemas.

Acaso lo que más se disfrute de Sierra de los Padres es que está a 15 km de Mar del Plata, donde miles de personas caminan amontonadas por las playas y las calles, donde los autos y el ruido opacan al mismo mar. Saliendo por la Avenida Luro, se llega a la Ruta 226, conocida como la “Ruta Jardín”, a ambos costados de este camino es posible ver paisajes de enorme belleza. El Sistema de la Tandilia llega aquí con sierras de hasta doscientos metros de altura. Poco a poco las casas y la presencia humana van dejando paso a las flores, los girasoles y los cultivos de papas, el cielo se despoja de sus mantas nebulares. El pueblo se presiente en el silencio y hay una presencia orgánica sana que inquieta nuestros sentidos. El vuelo de las aves nos muestra que estamos en el camino correcto. Será el color del sol al ponerse sobre el horizonte, el aroma dulzón a tierra mojada y néctares, lo cierto es que una vez que se entra a Sierra de los Padres se presiente la verdad de que uno podría quedarse a vivir aquí sin necesidad de volver a la realidad del trabajo y las agendas.

Cuando Mar del Plata era sólo una bahía desnuda y desprovista de presencia humana, los jesuitas –que sabían muy bien donde había fertilidad- se instalaron en lo que hoy es Sierra de los Padres, aquí fundaron en el año 1746 la Misión Nuestra Señora del Pilar del Volcán.  Se establecieron alrededor de la Laguna de los Padres, donde el agua dulce bañaba el valle haciendo crecer vegetales y frutas casi por obra mágica. Los jesuitas creyeron haber encontrado el paraíso, y estaban en lo cierto, sólo que había sido descubierto antes por los pueblos originarios que habitaban la zona, el cacique Cangapol se encargó de derribar los sueños de estos frailes europeos. La misión fue abandonada, pero hace algunas décadas atrás se levantó una réplica.

La historia reciente cuenta que en 1826 el padre del Martín Fierro, José Hernandez, caminó por aquí, viviendo por una década en la estancia Laguna de los Padres, hoy es un Museo dedicado a la cultura gauchesca. Desde entonces, la laguna, y los arroyos que protegen las sierras fueron los fundamentos para que se levantara un caserío que se desarrolló alrededor del cerro y del espejo de agua dulce. La laguna es un área de reserva natural para las aves. Como si fuera una posada de los pájaros, más de 100 especies vuelan por esta aldea que hoy todavía conserva ese espíritu de pequeña comunidad. A pesar de estar a pocos minutos del balneario más concurrido del país, aún es posible hallar silencio y disfrutar de la compañía de las liebres, los lagartos oberos y las luciérnagas que salpican con esa luz cenicienta los solitarios senderos de esta comarca donde la naturaleza se refugia de las bullas urbanas.

Ciervo y queso ahumado, dulce de leche con chocolate, mermeladas sin conservantes, vegetales orgánicos y cerveza artesanal son algunas de los delicias que se pueden conseguir en los comercios en lo alto de la sierra. Todos conservan una arquitectura similar, como una comarca andina, la madera y la piedra es la base de las casas. Hay restaurantes en donde es posible comer en balcones terrazas mientras se disfruta de la panorámica del valle. Hay una cancha de golf de 18 hoyos, sala sanitaria, escuela, cabañas. No hay necesidad de salir de este pueblo serrano en donde el perfume marino se traslada por la copa de los pinos, quizás sean las abejas posándose de flor en flor, o la Virgen de los Pañuelos que tiene su santuario en una gruta, o el sabor del agua envuelta en una mancia de minerales, lo cierto es que Sierra de los Padres enamora nuestros pasos volviendo nuestro andar lento. La belleza es autoritaria en su proceder: nos obliga a quedarnos para formar parte de este concierto de aves en donde cada día nos hechizan con una partitura diferente.