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Revista el Federal - Mi Pueblo - nota

Solanet, cuna de los caballos que recorrieron América

En este pueblo nacieron Gato y Mancha, los dos caballos que recorriendo América en los años veinte, forjando una leyenda inmortal. Viven 50 habitantes en soledad y tranquilidad bajo la sombra de añejos árboles, esta bella aldea queda en el Partido de Ayacucho, en la Provincia de Buenos Aires. La familia Solanet tiene allí la Estancia El Cardal. Conocé este pueblo donde los niños corren en libertad y las mujeres lideran la vida social de la comarca. 

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Por Leandro Vesco / Fotos: Juan Carlos Casas

La ruta 29 es una recta interminable que se supone en algunos tramos infinita. Parece que jamás se acabará. A un costado y al otro, la pampa en su completa extensión. Nos imaginamos lo que tienen que haber sentido los pioneros que se animaron a intentar domar este mar de pasto y soledad. Solanet está dentro de este marco. El pueblo es una pequeña y bella aldea con algunos árboles que le dan sombra, una aguada con patos y unos perros que reciben al visitante con alegría. Aquí han nacido los mejores caballos de nuestro país.

María Graciela Cejas tiene un almacén, que antes era un taller. Hay un cartel que nos anuncia que desde el 1 de noviembre ya no se fía. Tiene un hijo, que no se le despega. Nos invita a pasar, el almacén es amplio, fresco y cómodo. “Podés vivir, pero el tema son los fiados, aunque no me quejo, Solanet es muy tranquilo y me gusta vivir acá” Ella nos cuenta que el pueblo tiene cincuenta habitantes. Hay agua potable, hay una junta vecinal y hay un club, “y tenemos internet”, comenta con orgullo. Salimos a dar una vuelta, una docena de casas, aquella sombra de los árboles y el silencio, eso es Solanet.

El club no es igual a los que uno acostumbra a ver en los pueblos. Este es de chapa y fue hecho en 1931 cuando todo estaba por hacerse, y todo se hacía con lo que se tenía a mano, adentro unas mujeres están en actividad, preparan una comida. “Las mujeres lideramos”, advierte Marina, la cocinera, con las manos en la masa. Está haciendo en una inmensa olla el picadillo para varias docenas de empanadas. “Nos juntamos por el placer de juntarnos”, nos dice, “seremos 70 más o menos, es raro que la gente diga que no” Mientras tanto, el sol nos invita a seguir caminando, antes de salir del club vemos una habitación repleta de libros. “Es el proyecto de nuestra biblioteca”, aclara María Graciela. Solanet en su soledad sueña y se organiza.

Es mediodía, los niños juegan a la pelota, libres en esa patio natural pampeano sin fin, donde la infancia se nutre de perseguir sapos, cabalgar, descubrir vizcacheras, intentar agarrar algún cuis o subir a los árboles. Los niños en los pueblos no tienen más que abrir los ojos y hacerse a la vida, despreocupados.

“Es fácil de entender, los hombres trabajan en el campo y acá quedamos las mujeres”, explica Yanina, la dueña del boliche del pueblo. “A la tardecita se acercan a tomar la copa”, advierte y recuerda la vez que vino un gringo a Solanet a tomar una lata de cerveza y asombrados, entraron detrás de él algunos niños. “Qué sea entonces una de litro, para convidarlos” Otras leyes y otras costumbres, son habituales en los pueblos.

Sin dudas aún todo gira alrededor de la familia Solanet, quienes fundaron el pueblo y tienen su estancia a pocos kilómetros del pueblo. Aquí en estas tierras se forjó un linaje de caballos que marcaron a fuego la historia equina del país y del mundo. Vamos al encuentro de Oscar Solanet, hijo de Emilio quien fue un notable veterinario que pasó toda su vida trabajando en la recuperación y perfeccionamiento de nuestra raza de caballos, la estancia de los Solanet se llama El Cardal y su fina construcción es señorial, una isla de frondosos y añejos árboles destacan un casco palaciego.

“Él sabía que los tehuelches tenían los caballos más fuertes y resistentes, y se fue al sur a ver al cacique Liempichún, hizo tres viajes a las tolderías y seleccionó 84 reproductores” De ellos salieron una estirpe equina legendaria. En ese mismo tiempo, un aventurero suizo llamado Aimé Félix Tschiffely tenía en mente cruzar toda América a caballo, una idea por la cual serían recordado él, los Solanet y los famosos caballos que lo acompañaron. El Suizo se acercó hasta “El Cardal” y le quiso comprar a Emilio Solanet los dos caballos más fuertes, este viendo que si el suizo tenía suerte en su empresa iban a destacarse la fortaleza de sus caballos, se los obsequió y nació allí una amistad que duraría toda la vida.

Gato y Mancha fueron los caballos que acompañaron a Tschiffely en su histórico viaje desde la pampa bonaerense hasta la Quinta Avenida de Nueva York, cabalgando durante más de tres años. Las cenizas de los caballos y del valiente suizo descansan en la entrada de El Cardal. Solanet es un pueblo con leyenda incluida.

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