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Revista el Federal - Mi País - nota

Un pueblo se une para que no cierren una escuela rural

El ajuste educativo del gobierno provincial se hace notar en la fusión de grados, despido de docentes y cierre de escuelas rurales. Santa Regina está juntando firmas para defender su establecimiento, que tiene 112 años.

El clima y las ideas de desarraigo del gobierno de la provincia de Buenos Aires, están haciendo que Santa Regina corra riesgo de desaparecer. El pueblo -ubicado en el Partido de General Villegas-, estuvo aislado e inundado por dos años, ahora enfrenta su peor pesadilla: la posibilidad de que su escuela rural sea cerrada. “La Escuela es el motor del pueblo”, reconoce Alejandra Saubot, ex docente del establecimiento.

“En Santa Regina vivimos una tragedia: durante 20 meses estuvimos inundados y cinco de esos meses aislados de la ciudad cabecera, por lo que cerraron seis tambos y familias enteras se fueron a otras localidades”, comentó la docente. El pueblo tiene hoy 450 habitantes, pero más de 160 se han ido en los últimos meses por el abandono en el que quedaron durante los meses de inundación. La noticia del cierre de la escuela primaria cayó como un balde de agua fría en la comunidad.

La Escuela Primaria N° 7 “Bernardino Rivadavia” es la que el gobierno provincial pretende cerrar por baja matrícula. El establecimiento tiene 112 años y es el eje educativo, cultural y social del pueblo. Desde que comenzó el año, desde el Ministerio de Educación bonaerense bajaron al territorio un ajuste educativo que se plasmó en una idea que llamaron de “reorganización” y que contempla la fusión de grados para unificarlos y en lo posible cerrar escuelas para llevar a esos niños a una ciudad cabecera.

El cierre de una escuela rural afecta severamente la realidad de un paraje o un pueblo. De los 70 alumnos que tenía la escuela de Santa Regina, quedaron 35, un número importante en el ámbito rural, aunque insuficiente para los funcionarios que gobiernan detrás de un escritorio en La Plata. La orden fue clara: que todos los grados se unifiquen y cesar docentes, pero estos y el pueblo se movilizaron para detener este atropello a la educación rural. “No queremos que fusionen los grados de la escuela primaria, es el paso previo a cerrar el establecimiento. Se fusionaron primero, segundo y tercer año, al igual que cuarto y quinto”, detalló Saubot, “esto afectará la calidad de enseñanza, porque los tiempos y formas de aprender de un niño de primer año no son iguales a los de un niño de tercero”, reconoce la docente.

La medida del gobierno provincial, es doblemente dañina, ya que además de la fusión de grados determinó también a cesar docentes, como Saubot, quien quedó separada de su cargo. Uno de los grados en el que enseñaba, fue fusionado. “Santa Regina fue muy castigada en estos últimos dos años y esta fusión de cursos fue la gota que rebalsó el vaso“, afirma Saubot. “El pueblo tiene una realidad económica, social e hídrica que debió tenerse en cuenta antes de resolverse esta fusión, que además dejó docentes desocupados, por lo que juntamos firmas para un petitorio que presentaremos al intendente Eduardo Campana y al Concejo Deliberante”, completó la docente.

“Nuestro temor es que luego de la fusión, se cierre la escuela y manden los chicos a otra ciudad”, reconoce Jorge Leani, comerciante del pueblo, su hija va a la escuela. “Eso sería la muerte para el pueblo“, advierte. “El argumento para fusionar los cursos es la baja matrícula y la reestructuración del sistema educativo, pero para nosotros es algo muy doloroso. Venimos de una inundación que obligó a mucha gente a migrar en busca de trabajo, y esta resolución es para nosotros apresurada, ya que debieron esperar a que, con la mejora del clima, pudieran volver los que se fueron“, sostuvo Leani.

El pueblo en estos días está recolectando firmas para entregarle al Intendente, la escuela será defendida. “No queremos que Santa Regina se achique y se convierta en un pueblo fantasma, y para que eso no pase la educación es primordial”, concluye este vecino. El ajuste educativo es uno de los más perversos porque afecta de un modo definitivo la realidad de pequeñas comunidades que están alejadas de las rutas, sin conectividad y con muy pocos servicios.