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Revista el Federal - Sustentable - nota

Un vecino creó una huerta comunitaria en su barrio

Un docente y gestor ambiental que vive en un complejo de monoblocks del centro mendocino decidió usar un espacio verde común para hacer una huerta orgánica comunitaria, que hoy es cuidada por los niños del barrio. Acciones directas de este tipo producen grandes cambios.

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En el centro de Mendoza, en un terreno común que no tenía uso, un vecino comenzó a sembrar verduras y hortalizas, pronto sumó a los niños quienes ahora cuidan esta huerta comunitaria que les permite a los pequeños ver el desarrollo de la vida que comienza con una semilla para luego transformarse en una planta.

Lucas Burgos tuvo la idea, es docente y gestor ambiental, y vive en un complejo de monoblocks en el centro de la capital mendocina. En una entrevista al Diario Los Andes reconoce que sólo sabía en teoría hacer una huerta y trabajar la tierra. Caminando por el complejo, halló algunos espacios que verdes que no tenían uso, y entonces decidió poner manos a la obra.

Perimetró un rectángulo y con la ayuda de una pala y una zapa comenzó a sembrar, enseguida se hizo de un equipo. Un grupo de adolescentes lo ayudaron, plantaron semillas orgánicas de maíz y zapallo, cebollas, tomate y acelga. La acción despertó el interés de los vecinos, quienes veían cómo el equipo trabajaba todos los días cuidando ese rectángulo de tierra, húmeda y ordenada.

Los padres, quienes primero miraban con interés, supieron que era la oportunidad ideal para que sus hijos que viven dentro de departamentos pequeños, pudieran estar en contacto con la tierra y vivenciar la experiencia de trabajar en una huerta orgánica. Fue acercándose uno, luego tres y después todos. Hoy los niños ayudan a mantener esta huerta que nació de la iniciativa de un vecino que entendió que los espacios verdes ociosos pueden usarse para sembrar semillas orgánicas y producir así un pequeño gran cambio que genera un hábito ecológico contagioso y que origina fundamentalmente una alimentación más saludable.

Lucas Burgos comentó a la prensa que en varias ciudades de Europa esto se hace en forma común, hay una política de fomento, por ejemplo en Francia, para que las huertas orgánicas se hagan en espacios verdes públicos. Por ahora, la pequeña huerta del monoblock mendocino tiene pretensiones humildes: en estos días quieren cercarla para proteger las plantas de animales. La idea es poder seguir ocupando espacios y que la gente se entusiasme.

Lo más positivo de esta idea es que niños que generalmente están encerrados en sus habitaciones jugando con plataforma de juegos, puedan dejarlas y entregarse a la aventura de cuidar una planta que luego será el sustento de un plato delicioso y natural. Lucas les dijo a los niños que el objetivo es poder hacer un guiso comunitario hecho íntegramente con verduras y hortalizas de la huerta. El cambio comienza con acciones directas de este tipo.