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Revista el Federal - Mi Pueblo - nota

Una fiesta popular: con 17.000 huevos hacen en Pigüé la Omelette Gigante

Los Caballeros de la Cofradía de la Omellete Gigante, como todos los años, hicieron la ceremonia y repartieron 8.000 porciones de omelette en forma gratuita en una fiesta que hermana a todo un pueblo y moviliza a personas de todo el país.

Por Leandro Vesco

Las fiestas populares permiten ver el corazón de una comunidad, el pasado domingo 3 de diciembre se desarrolló en Pigüé la 19 Fiesta de la Omelette Gigante con la participación de más de 30.000 personas que llegaron desde toda la región para compartir el proceso de elaboración de la inmensa Omelette que hicieron con todos los protocolos la Cofradía de los Caballeros de la Omelette Gigante. La comunidad vivió un día intenso donde la alegría se unió con los sabores de nuestra tierra.

Esta fiesta es la única gastronómica gratis de nuestro país, esto la hace muy particular porque toda la comunidad puede disfrutar de la omelette en forma gratuita y gozar de una fiesta inigualable. Este año habrá 8.000 porciones”, aclaró José María Besada, el Gran Maestre de la Cofradía. A pesar de que el domingo dio inicio la fiesta, muchos días antes había una mirada cómplice entre los vecinos. Los pronósticos eran consultados varias veces al día y desde las redes sociales se palpitaba la gran fiesta del sudoeste de la provincia de Buenos Aires. En un sólo día se vivió una emoción tan grande que dura un año, hasta que se vuelva a repetir la Fiesta.

A partir de las primeras horas del domingo, el parque municipal Fortunato Chiappara, un oasis de arboledas,  y senderos, comenzó a recibir a las familias y a turistas que se acercaron durante todo el día para disfrutar no sólo de la omelette sino de los diferentes stands de instituciones y emprendedores que ofrecían sus productos del territorio. El visitante podía elegir entre alimentos orgánicos de la Huerta Primitivos, quesos del Balcón del Arroyo, hasta cerveza artesanales. En las carpas que rodeaban a la gran sartén, había puestos de venta donde se asaban carnes hechas a la cruz, y platos de tradición alemana, inmigración también fuerte en la región. La Fiesta tiene un carácter inclusivo que cruza todo su programa, este año había material en braille para que personas con problemas de visión pudieran disfrutar igual de la celebración.

La fiesta es un ejemplo de cómo en la diversidad se puede crecer y ofrecer un evento en donde todos pueden mostrar y ofrecer sus productos. A través de los años ha crecido hasta convertirse en la fiesta más convocante de la región. Pigüé es una sociedad particular, el amor de sus vecinos por su pueblo lo vuelcan en acciones directas en el quehacer diario, la localidad se ve muy limpia, ordenada y a pesar de que es un rasgo común en los pueblos, el pigüense vive una vida especialmente tranquila. El fondo serrano y los bulevares adoquinados y arbolados convierten a la localidad en un centro urbano pintoresco. La presencia de Francia se hace notas en el nombre de las calles y la arquitectura de sus edificios emblemáticos.

“Este año vamos a cascar 17.000 huevos, la receta es pública, usaremos 60 litros de aceite vegetal, 4 kilos de sal, 2 de pimienta, 12 kilogramos de jamón cocido, ciboulette y perejil a gusto. La porción va acompañada con una hogaza de pan de dos baguettes de tres metros de longitud. Para nosotros, los cófrades, es un momento muy emotivo, porque hace diecinueve años que hacemos esta fiesta”, la historia de la Omelette gigante nace por el acervo francés de Pigüé. “En 1973 se crea en Bessières se crea una sociedad para preparar la Omelette Gigante de los Besarianos, en 1984 hacen una omelette en Nueva Caledonia y en el año 1985 se hace la primera omelette gigante en Abbeville, en Estados Unidos” Estos mismos caballeros vinieron a Pigüé y propusieron hacer lo mismo. En 1998 se hizo la primera gran omelette y desde entonces llevan diecinueve años haciéndola. Sólo hay siete lugares en el mundo que la hacen. Este domingo hubo representantes que llegaron desde Bessières para asegurarse de que el ritual se haga siguiendo las normas.

Los Caballeros imponen un riguroso protocolo, sólo en Nueva Caledonia se permite usar pantalones blancos, luego todo tiene una medida exacta y una razón de ser. Hasta las palas para revolver el huevo deben ser de un material y una longitud establecida. El uniforme de los Cófrades, alrededor de 80 en Pigüé –incluido el Intendente-, es motivo de honra. Cada sombrero y cada olla que cuelga del cuello es una distinción muy apreciada en la comarca serrana. La pequeña olla representa haber asistido a una ceremonia de Omelette Gigante en algunos de los siete lugares que se hacen en el mundo. Con un desfile, la Cofradia entró al mediodía al perímetro donde la sartén estaba calentándose, la leña fue traída por entusiastas jóvenes dirigidos por el experto en estas mancias. “Estan llegando los huevos, en pocos minutos los cófrades comenzarán a romperlos, a la cuenta de 1, 2 y… 3… ¡A romper!”, anunció al mediodía el Maestro de Ceremonias. Los 17.000 huevos fueron cascados en 45 minutos. Luego, con taladros modificados son revueltos y cada grupo vierte el tesoro dorado en la sartén. Cada paso es cumplido según las reglas de la Cofradía. De a poco le van añadiendo los demás elementos y con enormes palas esa mezcla es revuelta por otros 45 minutos hasta llegar al punto deseado. La temperatura al lado de la sartén es elevada, pero el calor no impone su rigor a los Cófrades. “Avisamos que la Omelette ya está lista”, advirtió el Maestro de Ceremonias. Un típico grupo de música francesa acompañó en vivo. Al igual que el año pasado, al lado de la gran sartén se hace una pequeña omelette para celíacos.

Así, los hombres de los altos sombreros van sirviendo las generosas porciones de omelette a las miles de personas que hacen diferentes filas. La Cofradía da por terminada su labor cuando no queda más omelette en la sartén. El esfuerzo se consigue por aquellos sibaritas que vuelven por otra porción, de esta manera, como todos los años, se repitió una tradición que hermana a todo un pueblo y que moviliza a toda a una región que por nada quiere perderse la oportunidad de vivir la experiencia de ver cómo se hace una de las siete omelettes más grandes del mundo.