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Revista el Federal - Especiales - nota

Una historia con final feliz: “Venir a vivir a un pueblo nos cambió la vida”

Visitamos a Laura y David, quienes se animaron a refundar Gascón (Buenos Aires), en su terreno se hicieron una huerta y enseñan canto y teatro en un pueblo cercano. "Recuperamos nuestro tiempo, La sensación de comer algo que plantamos nosotros, es impagable" Conoce la historia de una pareja que dejó la ciudad y encontró la felicidad en el pueblo.

Por Leandro Vesco

Vivir en Gascón les cambió a la vida a Laura y David. Hace falta verlos nada más, hablar con ellos y mirarlos juntos. Sus miradas, sus risas y la forma en la que se mueven, el viento, el canto de las aves, la huerta orgánica y las estrellas en el cielo, produjeron su efecto.  “Acá hemos recuperado nuestro tiempo” Hace un año que viven en Gascón, el pueblo que se animó a la repoblación y hoy son refundadores de esta localidad, pero fundamentalmente, hallaron su lugar en el mundo y lo más parecido a la felicidad.

Disfrutamos lo que hacemos, las nuevas rutinas, de trabajar en lo que queremos, de tener nuestra huerta”, me cuenta Laura Enriquez, junto a David Bazán Sosa vivían hace un año en Libertad, Partido de Merlo. En esa vida urbana, que ha quedado atrás, la agenda de la ciudad los agotaba, entrega de trabajos, la velocidad insana de la rutina, colectivos, Acceso Oeste, General Paz, colas para todo. Vivir rodeado de asfalto. “Nos costaba hablar entre nosotros y ahí fue cuando apareció Gascón”

La ONG Proyecto Pulpería, que trabaja en los pequeños pueblos de la provincia de Buenos Aires fomentando el arraigo y la identidad rural comenzó a trabajar en Gascón en el año 2014. La ultima etapa fue iniciar el proceso de repoblación. “Nos enteramos de Gascón y supimos que ese era el lugar. Así fue que vinimos al pueblo, lo conocimos y compramos un terreno y tenemos nuestra casa”, recuerda David. “El cambio lo tiene que experimentar cada uno, el pueblo nos recibió muy bien”

Gascón -que llegó a tener 1500 habitantes- tiene poco más de 100 en estos días, olvidado por la gestión municipal, la comunidad se auto gestiona sus propias soluciones. Los caminos se hallan con agua, y es poca la asistencia que reciben, la mejor manera de entrar al pueblo es por Darragueira (Puan). En estos pueblos se germina una nueva forma de vida que no necesita del aparato político y que se basa en acciones directas de sus vecinos. La historia de David y Laura es un ejemplo de cómo es posible dar el paso adelante para cambiar de vida y lograr un renacimiento, un volver a comenzar. Ambos tienen formación, canto, diseño, música, teatro, con esta experiencia llegaron a Gascón. Tomar la decisión de cambiar de vida provoca un movimiento muy grande de energía, y las cosas le salieron bien en un corto plazo. “Doy clases en Gascón y en pueblos de la zona, y comenzamos a hacer un taller de canto y teatro en Darregueira” Las oportunidades se abrieron y el trabajo llegó de la mano de proyectos propios. Aquella vida en la ciudad pronto quedó en otra vida, en otro tiempo, Gascón y el horizonte pampeano les dieron una nueva oportunidad a Laura y David, sus ideas hallaron eco en estas tierras y comenzaron una nueva vida.

Principalmente recuperamos el tiempo. Yo volví a cocinar, por ejemplo. La sensación de comer algo que plantamos nosotros, es impagable. Para el rendimiento físico y la economía. No fue difícil hacer la huerta, averiguamos con los vecinos del pueblo y buscamos información por Internet, luego nos ayudó el INTA”, afirma Laura. Hay un destello de emoción en su mirada que contagia una felicidad plena, muy pura. “La diferencia con la ciudad es que acá oigo ruidos que me encantan, por el ejemplo de las aves, cuando cocino y también me gusta mucho sentir el tren carguero, que pasa por Gascón. Yo siento que acá ordenamos nuestros hábitos alimenticios, porque fundamentalmente tenemos tiempo

El cambio de vida les devolvió cosas que habían perdido o que se han desvalorizado en la ciudad, el tiempo es uno. “Los cambios que hemos hecho son todos positivos. Sentimos que no nos perdemos de nada, acá en Gascón, por ejemplo como no hay posibilidad de tener golosinas, salimos a buscar higos y nos hacemos una mermelada que nos sale buenísima. Lo que no lo podemos conseguir, lo reemplazamos con algo que tenemos a nuestro alcance o que podamos hacer nosotros” Gascón está al límite con La Pampa, la ciudad cabecera es Carhué, pero está lejos en el mapa y en la realidad, Darregueira es una localidad del Partido de Puán que está a pocos kilómetros, que ha sido receptiva con las ideas de Laura y David. “Hicimos un taller de canto y comenzamos a dar clases para un grupo de teatro que ya estaba conformado, y nos va bien. Hemos formado dos grupos muy interesantes, hay talento y ganas de trabajar”, reconoce David. En esta localidad todos los fines de semana llenan la sala con propuestas artísticas que están hechas por y para vecinos.

“Ahora los caminos rurales son parte de nuestras vidas. No hay nada que temer. La otra noche se me apagaron las luches de la camioneta en el medio de la nada, pero me bajé y con algo de maña las arreglé y volvieron a funcionar, me di cuenta que estaba solo con las estrellas y la noche. Lo único que nos puede preocupar es que haya algo de agua”, David antes de venir a Gascón, hizo un curso de mecánica automotor. Se formó para la soledad. Laura es puro entusiasmo. “En Gascón está la estación ferroviaria vacía, y nos gustaría hacer allí un centro cultural”, sueñan. La burocracia política de Carhué es el único obstáculo para que esto suceda. Esta pareja de Merlo representa el tipo del nuevo habitante de los pueblos, suman, cooperan, forman parte de la familia del Gascón, pero también han logrado tener su intimidad, armar sus proyectos, llevarlos a cabo. “Vivir en el pueblo nos ha cambiado la vida”, repiten. En sus miradas hay un horizonte de ideas. Ellos forman parte de la refundación de este pueblo.