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Revista el Federal - Sociedad - nota

Vida rural: es ciega y todos los días cabalga 14 kilómetros para ir a la escuela

Vive junto a su familia en la montaña, donde cocinan a leña y beben el agua de una vertiente. Cabalga con su hermano 14 kilómetros por día, y camina una hora para llegar a la escuela. "Tiene muchísimas ganas de estudiar, jamás falta, viene a caballo y caminando con nieve y frío, o con sol y calor" Conocé una historia inspiradora.

La historia resalta una vida con luz propia en una pequeña comunidad en el valle de Traslasierra (Córdoba). Lucía Montenegro, tiene doce años y es ciega de nacimiento, para ir a la escuela, todos los días debe cabalgar una hora y caminar media, hasta llegar al lugar en donde es feliz: con sus amigos y en el ámbito escolar. Las dificultades parecen no preocuparles a Lucia, quien tiene asistencia perfecta y excelentes notas.

La vida rural tiene historias de esfuerzo y sacrificio, la naturaleza premia con paz y tranquilidad a aquellos que aceptan vivir en armonía con ella, pero muchas veces ofrece caminos sinuosos que templan la personalidad. Lucía vive en un paraje en la montaña. Desde pequeña aprendió Braille porque quería leer, conocer el mundo y superarse. Todo lo que se ha propuesto, lo ha conseguido. La gente que la conoce rescata de ella su sentido del humor y la ausencia de queja por su limitación visual.

La secuencia del día de Lucia comienza muy temprano en el paraje Altos del Corralito cuando desde la montaña baja a caballo por una huella durante 7 kilómetros. La acompaña su hermano Victor de 17 años, que es su guía y compañero de aventuras. Siguen a trote lento hasta el paraje Loma Bola, allí es donde deben dejar a los caballos y comenzar con una caminata de media hora, que los deja en la Escuela.

Tiene muchísimas ganas de estudiar, jamás falta, viene a caballo y caminando con nieve y frío, o con sol y calor“, le dice al diario La Voz, la directora de la Escuela, que tiene una modalidad de jornada extendida, aquí los niños se quedan a almorzar y luego de la merienda, regresan a sus casas. La escuela es el Ipem 137 de La Paz, en el Valle de Traslasierra. A las seis de la tarde, Lucía con su hermano, vuelven a recorrer las huellas que dejaron por la mañana.

Estela Sanz es la docente encargada de acompañar a Lucía, ha trabajado en Buenos Aires y ahora está en este entorno rural. Puede comparar las dos realidades: “Aquí los chicos son más solidarios y hay menos discriminación con las diferencias, el ánimo comunitario ayuda, Lucía es responsable, comprensiva, perceptiva, está atenta a todo y pone mucho empeño; ella reconoce a la gente por sus pasos y sus voces“. Sus compañeras la ayudan pero Lucía es autogestiva e independiente, logra tener las cosas bajo su control. “La hora que más me gusta, es la libre”, será lo poco que diga, con algo de timidez esta niña que da un ejemplo a toda la comunidad.

De regreso a su casa, la montaña la espera. La familia la compone su madre, abuela, dos hermanos y su tío. Viven en Altos del Corralito, un paraje donde antes había un caserío y hoy se han construido algunas casas más modernas. No hay electricidad. Allí aún cocinan con fuego y beben el agua de una vertiente natural. Su hermano Victor tiene que juntar leña, y los huevos en el gallinero. Aquí la vida es simple y tiene todas rutinas de la ruralidad. Lucía, lo suele acompañar, ella ha desarrollado un talento especial para esquivar piedras y troncos. Cuando la familia necesita algo, bajan al pueblo, a caballo Lucía no se pierde el viaje. Los días así tienen el ritmo que marca la naturaleza, temprano la casa tiene luz, los hermano Montenegro se preparan para su viaje a caballo a la escuela.