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Revista el Federal - Mi Pueblo - nota

Villa Lia, el pueblo recuperado que se abrió al turismo rural

A poco más de cien kilómetros de Buenos Aires, en el Partido de San Antonio de Areco, se ecuentra esta pueblo ideal que vive a un ritmo manso y tranquilo, que se ha abierto al turismo rural, recuperándose. Sus calles con arboledas frondosas que dan una sombra recoleta que invita a caminar y a la charla tomando mate. Leé la nota y conoce el pueblo donde todos deberíamos pasar unos dias para reencontrarnos y hallar la paz. 

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Por Leandro Vesco / Fotos: Juan Carlos Casas

Villa Lía tiene gusto a patio grande y a una siesta que siempre está por comenzar. Las calles tienen el ritmo de cuando el tren pasaba y desde los vagones bajaban las buenas noticias. El pueblo es ordenado, las esquinas antiguas están bien conservadas y se rescata en el aire una sensación de pulcritud y belleza. Villa Lia es un lugar ideal para vivir. La tranquilidad es una mano que tenés en el hombro cuando entras al pueblo.

Como en tantos pueblos, la comarca nació con el tren, que en 1907 pasó por primera vez, estas tierras eran de la familia Castex, y se le puso a la estación y a la naciente localidad el nombre de la esposa del heredero de este fecundo suelo, Lía de las Carreras. El servicio ferroviario trajo gente y progreso, y también un linaje de grandes hombres como Mariano Ustariz, quien fue el que tuvo las ideas y los medios para hacer de este primigenio puñado de casas que eran habitadas por inmigrantes que no tenían nada hasta transformarlo en un pueblo pujante. Fue también el dueño de las tierras en donde se asentaría Villa Lía, sus métodos colonizadores fueron distintos al de otros lugares. Este productor cerealero tenía una concepción muy humana acerca de cómo formar un pueblo.

Ñata, quien es la mujer que todo lo sabe en Villa Lía, y una de las vecinas más antiguas del pueblo, nos cuenta cómo fue el sistema que pensó Ustariz para la creación del pueblo. “Él comenzó a lotear y a cada lote le dejaba 10.000 ladrillos. No dejó que ningún banco comercializara la operación, Ustariz les dio la tierra y las herramientas, él quería que los inmigrantes se hicieran ellos mismos sus propias casas y que trabajaran la tierra, quería crear sentido de pertenencia. En pocos años de cosecha le devolvieron el dinero y todos fueron dueños de sus casas” Villa Lía entonces nació y sus calles se llenaron de gente, el tren llevaba y traía pasajeros y toda la cosecha hasta Buenos Aires, el movimiento era incesante. “Todo se hacía en el tren o a caballo, había mucho entusiasmo en el pueblo, eran años felices”

Las cosas tardaban en hacerse porque todo se hacía a pulmón y las manos estaban ocupadas en el campo, donde se originaba una rica y productiva Argentina. Ñata recuerda que en 1929 se inauguró la Capilla San José, pero el pueblo necesitaba actividades de esparcimiento y entre los vecinos se unieron para hacer el club, recién en 1939 “tuvimos el club, y ahí hacíamos los fines de semana copetines, cada uno llevaba algo de la casa. Después venían obras de teatro, recuerdo una en especial, La Fonda del Pelado Asturias, convocó a todo el pueblo y luego venía un señor que daba películas” La mirada de Ñata se pierde en aquellos años fundacionales, mientras con delicadeza desenvuelve su pasado, que es el pasado del pueblo. “Llegaron a existir seis almacenes de ramos generales, la gente compraba poco el diario porque en los almacenes se enteraban de todo, no había agua potable, pero entonces venían unos cloradores que la hacía media potable, y eso tomábamos. El motor de un tractor originó las primeras luces en el pueblo. Tener luz algunas horas era una bendición. Nuestra salida era esperar el tren de los sábados porque venía el Billiken, yo devoraba la historieta Jim de la Selva”

Villa Lía cuenta hoy con 1200 habitantes y está a 130 kilómetros de Buenos Aires, muchas personas han dejado el ruido de la ciudad por la tranquilidad de este pueblo armonioso que ofrece paz, vida rural y belleza pampeana, como un terruño edénico en plena llanura bonaerense, sus tierras son fecundas. Se han abierto muchos hospedajes para recibir a visitantes que vienen a buscar las esquinas centenarias, el rumor de los aves, los pasos lentos y las charlas en la calle. Luz María, hija de Ñata, lo define muy bien: “Villa Lía es hoy un pueblo turístico, el turismo rural ayuda a tejer redes”

Cuando una comunidad entiende que lo que tiene para ofrecer es un recurso intangible como la tranquilidad, ocurren historias curiosas y propuestas muy originales, como el caso del Museo que ofrece la posibilidad de hospedarse. El Museo “Los Rostros de la Pampa” funciona en donde antes estaba una de las primeras carnicerías del pueblo. Se exhiben allí objetos que pertenecieron a los antiguos inmigrantes, como por ejemplo un paraguas de 1898 y un lavarropas suizo de 1913. “Pase una noche en el Museo” es el slogan elegido para atraer visitantes, que llegan todos los fines de semana. Las habitaciones son una muestra del buen gusto y la elegancia. Por allí aparece Frieder, un alemán que se enamoró de Villa Lía y junto a su esposa decidieron apostar por el turismo y un cambio de vida. Son los dueños del Museo Hotel y del Campo Recreativo La Segunda, una estancia abierta para acampar y realizar actividades rurales.

“Acá se resguarda la tradición, y como la gente ve que el turismo funciona, los vecinos se van contagiando”, reflexiona Luz María y nos deja con una ilusión de que es posible la recuperación de los pueblos cuando sus pobladores entienden que hay que ir hacia un mismo camino. Villa Lía es hoy una aldea donde se sigue respetando la siesta, y donde los villalienses no quieren cambiar por nada en el mundo esta tranquilidad, por eso es un pueblo con historia que tiene futuro. El tiempo se detiene cuando se camina por esta comarca.

Hospedajes:

Museo “Los Rostros de La Pampa”: 011-4751-4648 / 011-4799-1106 / (02326) 498068

Los Fresnos (se reciben mascotas): (02325)-15652984 / (02326)-456701

COMO LLEGAR: