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Revista el Federal - Actualidad - nota

Vino de las sierras

El sudoeste bonaerense se asienta a paso firme como una de las nuevas zonas donde se desarrollan bodegas con cepas y productos cada vez más competitivos.

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Por Lorena López

Cae la tarde y empieza a refrescar con ese frío que cuando se va el sol parece que se apoyara sobre los hombros para, desde ahí, ir calando hasta el fondo. Estamos en la zona de Sierra de la Ventana un lugar donde –hace poco tiempo se descubrió– se dan las condiciones necesarias para producir vino: amplitud térmica del 50 por ciento, a sólo 200 metros sobre el nivel del mar, un suelo diferente al de la pampa húmeda y un microclima del sistema serrano que es bueno para el desarrollo de las uvas. Actualmente las tres bodegas que se posicionan con vinos bonaerenses son Saldungaray y Cerro Colorado, en Tornquist, y Bodega Al Este, ubicada en Médanos, más al sur de la provincia.

Historia moderna. La Bodega Saldungaray está en producción desde 2007 y, si bien no tiene un “cepa bandera”, está orientada a las que se adaptan a las zonas frías como el Cabernet Franc, el Sauvignon Blanc y el Pinot Noir, aunque en sus 20 hectáreas tienen en total ocho variedades. “Son muchas cepas para poca superficie, pero como la planta llega a la adultez a los 10 años todavía estamos en proceso de evaluación, viendo cómo evoluciona cada una”, explica Manuela Parra, una de las dueñas –junto a sus hermanos– del emprendimiento.
Los primeros plantines provinieron de Mendoza y desde el vamos pensaron en trabajar con rendimientos bajos para garantizar la calidad de la uva: no más de dos kilos por planta. Tienen una densidad de plantación de 4.000 plantas por hectárea y producen 60.000 litros de vino por año, aunque las instalaciones de la bodega poseen una capacidad de 200 mil. Esto se debe a que de las 20 ha en producción sólo la mitad está llegando a un rendimiento cercano a los dos kilos, pues la otra mitad es aún muy joven.
Daniel Di Nucci de Bodega al Este empezó en 2000 con una hectárea y media plantada con ocho variedades: Cabernet, Merlot, Malbec, Tanat, Petit Verdot, Tempranillo y Chardonnay. Hoy posee 42 ha, de las cuales hay 25 en producción –con riego por goteo– donde lo productivo se fusiona con lo turístico. El nombre de la bodega tiene que ver con que se encuentra  al Este de toda la producción vitivinícola tradicional y su dueño sostiene que su bodega es el punto de partida de un nuevo polo productivo de vinos de calidad.

El establecimiento cuenta con tanques de acero inoxidable, barricas de roble francés y americano y equipos de frío, y los vinos son elaborados y fraccionados “in situ”. La propuesta turística consiste en recorrer la planta, degustar vinos y acompañarlos con otros productos de la zona, como quesos y embutidos.
En cuanto a la Bodega Cerro Colorado, el viñedo se implantó en el 2002 con plantas de pie americano teniendo en cuenta las características del lugar con Cabernet Sauvignon y Malbec. ¿El resultado? Un vino de alta calidad con características muy personales.

Espumante y clientes. En el marco de ensayo y error y de experimentación, en el 2009 la bodega Saldungaray decidió hacer una prueba con el Pinot Noir y el Chardonnay a ver si se podían “champagnizar” y se encontraron con un espumante de muy buena calidad. Fue así que lo lanzaron al mercado en el 2010, con el mérito de ser el primer espumante bonaerense realizado con el método champenoise tradicional.
Sobre la comercialización de los vinos, Manuela cuenta que trabajan mucho con el turismo, dado que reciben visitas para recorrer la planta y hacer degustaciones. Y, de algún modo, esto vino a resolver el tema comercial porque al ser una bodega boutique de producción pequeña pudieron vender todas las primeras cosechas directamente en la bodega. “Aunque hoy tenemos un sistema de distribución a vinotecas y restaurantes, aún sigue siendo muy importante la venta directa en nuestras instalaciones”, sostiene. “También realizamos venta por Internet, que está muy relacionada con la gente que ya estuvo aquí porque les gustó el vino y nos pide que le mandemos al lugar donde viven”.
Además de la planta procesadora y la cava, en el mismo predio hay un restaurante llamado El Silo –justamente porque su estructura pertenece a lo que antes era un silo de almacenamiento– que abre de jueves a domingo y complementa el paseo y la propuesta turística. A eso se le suma una línea de dulcería artesanal elaborada con los frutos de una pequeña plantación de peras, ciruelas, frambuesas y zarzamoras que comparte el terruño con las vides. “Nuestros vinos son jóvenes, es decir que se han elaborado con la idea de consumirse dentro de los 3-5 años desde el momento de la cosecha y son de calidad Premium”, se enorgullece Manuela, “y tienen gran aceptación desde la primera vez que la gente los prueba”.
Con circuitos de turismo productivo-rural y gastronómico, una zona tradicional de turismo aventura como lo es Sierra de la Ventana, encuentra otra gama de propuestas para el visitante, ideal para familias y personas que buscan otras actividades para complementar el trekking y las expediciones 4×4 entre las sierras.