Hasta hace poco tiempo, obtener un poco de agua era toda una odisea para las 27 familias que viven Haumonia, provincia de Chaco. Hoy, gracias al trabajo del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) y otras instituciones, la comunidad cuenta con un pozo excavado del cual puede extraer agua potable para las 148 personas que viven allí.

Ubicado a 138 kilómetros de la capital provincial y perteneciente a la municipalidad de Charandai, el paraje contaba únicamente con un viejo pozo que pertenecía a La Forestal, la gran compañía inglesa que se expandió por todo el noreste argentino y dejó de funcionar en 1966. Cuando esa fuente quedó en manos de un productor privado, para el resto de la comunidad, el agua dejó de ser accesible, en especial, durante épocas de sequía.

“Fuimos a Haumonia en agosto del año pasado y nos reunimos en la escuela con toda la comunidad. Escuchamos sus demandas y hoy podemos decir que tienen respuesta a sus necesidades”, dijo Lucas Vázquez, técnico de la Coordinación Nacional de Extensión del INTA y referente del proyecto “Adaptación y Resiliencia de la Agricultura Familiar del noreste de Argentina ante el Impacto del Cambio Climático y su Variabilidad”, desde donde surgieron los fondos para financiar la contratación de los capacitadores y los materiales necesarios para la construcción del pozo.

De acuerdo con Vázquez, se trata de un logro significativo: “Trabajamos entre todos para restituir un derecho básico, el del acceso al agua potable”.

Es que además del INTA este proyecto involucró a técnicos y especialistas del Ministerio de Trabajo, la Unidad para el Cambio Rural (UCAR), la Oficina de Riesgo Agropecuario (ORA), el Ministerio de Agroindustria de la Nación, el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sustentable y el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI). Desde noviembre de 2016, un equipo conformado por estas instituciones inició una serie de capacitaciones para fortalecer las capacidades técnicas y teóricas de Haumonia. El resultado de ese proceso es un sistema comunitario de acceso al agua potable.

Antes dependíamos de un pozo que estaba en un terreno privado y que en época de sequía sólo era utilizado por su dueño”, señaló Mario Almirón, el enfermero del pueblo. Se refirió también al aljibe de la escuela local, aunque aclaró: “Esa agua igual era bastante mala porque no era estéril, pero de todas maneras la gente la buscaba en sus botellas”.

El viejo pozo de La Forestal, tras años de deterioro, ofrecía un agua contaminada. “Allí hay sapos, ranas, víboras”, enumeró Almirón. Como enfermero del paraje, no dudó en atribuirle los diversos problemas sanitarios de la población: “Hay muchos casos intoxicación, descomposturas por las bacterias que afectan mucho a los niños y los ancianos”. En esos casos, señaló que su respuesta era “darle a la gente unas pastillas para esterilizar al agua”.

En la actualidad, el contraste es esperanzador: “El pozo dio muy buen resultado. Ahora tenemos agua dulce”, afirmó.
En esa línea, Flavia Francescutti, extensionista del INTA Colonia Benítez, profundizó en el alcance de los logros obtenidos: “El acceso al agua es importante, no sólo para el consumo sino también porque pone en valor el trabajo de la mujer rural, porque en el 90 % de los casos ellas son quienes se ocupan de buscar el agua”.

A su vez, se refirió al trabajo que continuará en lo inmediato: “Ya hay agua y es de muy buena calidad pero estamos todavía trabajando con el municipio para que el agua que se conecta al pozo llegue a un tanque elevado”. De acuerdo con la técnica, la idea es que “de allí se distribuya a los domicilios, para que cada familia pueda abrir una canilla en su casa y tener agua”. Al respecto, destacó que el municipio de Charandai se comprometió a realizar las obras necesarias para esa conexión y la construcción del tanque elevado.

Por otra parte, la extensionista recordó cómo eran las prácticas habituales de la comuna: “Trasladaban agua en un tanque y cargaban desde el aljibe para las 27 familias. Si bien cuando había abundancia de lluvias la mayoría de la gente recolectaba agua, eso no alcanzaba para que las familias completaran, por ejemplo, el consumo de un mes”.

En esa línea, Francescutti comentó que las huertas y el mantenimiento de animales de granja no podían sostenerse por falta de agua. “La poca que había se priorizaba, naturalmente, para el consumo humano”, dijo.

En Haumonia, casi todos son agricultores familiares que producen para autoconsumo. “A partir de estas obras se espera que puedan acceder a más beneficios para su producción, como por ejemplo, la producción de huertas comunitarias, atender el riego de los frutales que poseen y, el día de mañana, esperar que más familias vengan vivir a la región o que las que están no quieran migrar”, indicó.