A 130 años de su nacimiento, fieles de todo el país se dieron cita en la pequeña localidad rionegrina de Chimpay para rendirle tributo a Ceferino Namuncurá, beato de la iglesia católica y santo hecho por el pueblo. Según organizadores, fueron más de 40.000 personas las que participaron de los festejos. Es una de las fiestas religiosas más convocantes de Argentina.

“El indiecito Santo”, tal como se lo conoce a Ceferino, tiene un santuario en este pueblo del valle medio de Río Negro. Allí, a un costado de la Ruta Nacional 22, se halla el santuario con su imagen. Sus fieles vienen a agradecerles milagros y a realizarles pedidos y promesas. No hay forma de no emocionarse ante las historias de los creyentes que llegan desde las regiones más lejanas del país.

Todos los 26 de agosto, seguidores de Ceferino de todo el país se acercan al pueblo que se revoluciona con la llegada de una marea de fieles de la figura del santo popular. Ceferino fue nieto del “Napoleón de las Pampas”, el cacique Calfucurá e hijo del también cacique Namuncurá. Nació en Chimpay el 26 de Agosto de 1886 y murió de tuberculosis en Roma, el 11 de Mayo de 1905. Al poco tiempo de su fallecimiento comienza la devoción por el llamado “Indiecito Santo” En 2007 fue declarado como Beato en una multitudinaria ceremonia en Chimpay.

Chimpay queda a 380 kilómetros de Viedma. Hacia allí llegaron 500 gauchos a caballos, representando a distintas organizaciones y asociaciones de la provincia, más 200 ciclistas que luego de recorrer grandes distancias, culminaron su viaje en Chimpay la noche del viernes. Tal el caso de Silvio Manquelef, un ciclista de Viedma, que hace 18 años organiza la travesía solidaria “Conmemoración Fiesta Ceferiniana Viedma-Chimpay”, que une las dos ciudades, de esta travesía participan 60 ciclistas de diferentes puntos del país.

“Mi familia son creyentes desde toda la vida, pero en mi caso nunca se me ocurrió rendirle tributo, hasta que en el año 1997 me diagnosticaron con un tumor en la médula espinal. Estuve realmente muy mal, hasta que puse mi fe en manos de Ceferino, ese mismo año me operaron y por suerte salió todo muy bien, es ahí que surge la idea de realizar esta travesía en bicicleta”. Detalla Silvio.

“Año tras año se van sumando más personas, hoy somos 60 los que decidimos emprender esta bicicleteada por la fe, en total nos toma dos días y medio completar el trayecto, haciendo escalas para descansar”, comenta Manquelef, quien desafía el desierto rionegrino para estar todos los años rindiéndole tributo a Ceferino, “el lirio de la Patagonia”

El evento principal es la misa que se realiza el día domingo. En su homilía, el obispo de Viedma, Esteban Laxague, remarcó: “Los peregrinos están llegando porque sienten que Ceferino les dice algo en su vida. Año tras año Chimpay congrega mucha gente, amigos de Ceferino, cada persona es una presencia, un regalo, cada uno que llega hasta este lugar viene por algo, por la fé”.

De la ceremonia católica también participó la comunidad mapuche quien en lengua originaria le realizó sus tributos a unos de sus más venerables hijos.

La fiesta de Ceferino forma parte de una liturgia popular como pocas en el país. En el Parque Ceferiniano, se ubicaron alrededor de 150 puestos de comidas criollas, configurando un enorme parque gastronómico donde se congregan los miles de fieles donde descansan y reponen fuerzas. Chimpay en lengua mapuzungun significa “vuelta”, y se refiere a un accidente geográfico que tiene el Río Negro en cercanías al pueblo.