Por Lorena López

Son los wwwigos necesarios de nuestro tránsito por los caminos del país. Los “gendarmes impensados”, que custodian nuestra soberanía con su sola presencia, pertrechados tras su sonrisa y su espontánea hospitalidad. Son los que, sin proponérselo, están allí para asistirnos en las situaciones más dispares. Algunos los llaman, simplemente, “puesteros”. Otros, “chiringueros”. Y unos cuántos les dicen “los kiosqueros de la ruta”. Así, a secas.
Stella Maris Espinosa forma parte de este colectivo infaltable de comerciantes al paso que recorren toda la geografía nacional. En su historia se resumen las de muchos de sus colegas.
Todos los días -menos el domingo a la mañana y el lunes- Stella Maris abre su carrito que ya es una parada conocida para los habitués de la Ruta 3, mano a Olavarría. Desde las estanterías de su “búnker” ofrece vinos caseros, conservas, quesos, salames y dulces a todos los automovilistas (y en especial a camioneros) que se deciden a hacer un alto para “picar algo” y seguir viaje. Oriundos de la zona sur del Conurbano bonaerense, Stella Maris y Guillermo, su esposo, se mudaron hace un año al Paraje Plaza Montero, a 13 kilómetros de Las Flores y a 180 de Buenos Aires.
“Para mí este localcito es un sueño hecho realidad”, resume Stella. “Hace mucho que tenía esta idea, por eso iba a todas las ferias de productos regionales a probar de todo y ver qué me gustaba, siempre pensando que algún día iba a tener mi propio local de venta de productos de buena calidad y provenientes de todo el país.”
¿Y qué era lo que buscaba en las ferias? Especialmente buenas mermeladas y dulce de leche. También escabeches no tradicionales como de carpincho, que es muy solicitado, aunque las vedettes de todos los productos son el salame y el queso para llevar y las bandejitas ya armadas para una picada al paso, con pan y servilletas.
La idea de instalar un carrito nació de conversaciones con amigos. Así fue como en enero de 2011, después de trabajar 25 años como administrativa de una empresa, Stella Maris salió de esas cuatro paredes y abrió las puertas de su carrito en la Ruta 3. Cuenta que por entonces los nervios la carcomían, porque no sabía cómo sería el trato con la gente. Al principio la idea era guardar el carrito todos los días, por seguridad (está ubicado en la entrada del predio donde el matrimonio tiene su casa). Pero finalmente los Espinosa entendieron que no hacía falta. Hasta el momento, el único problema que debieron enfrentar es que el viento en alguna oportunidad les ha tirado algunas botellas.
En equipo. Stella Maris y su carrito pertenecen a un grupo INTA de turismo rural llamado “Naturalmente Las Flores”, cuya propuesta al turista se basa en actividades en la naturaleza y en productos artesanales. “El grupo nació en 2009 con una charla de sensibilización de la municipalidad, porque la Dirección de Turismo veía, por un lado, una demanda de gente que quería hacer turismo en Las Flores y al mismo tiempo otras personas que querían invertir en la zona y cambiar su vida, dejando la ciudad”, describe Raúl Mendivil, promotor de Cambio Rural y coordinador del grupo. Y hasta hay un nuevo término para nombrar este fenómeno: el de los “urbanícolas” que son personas desengañadas  de las grandes urbes que vuelven a la ruralidad en busca de calidad de vida y nuevas sensaciones más cercanas a sus raíces.
El slogan que acompaña al nombre del grupo es “Cerca de ti” y esto hace referencia a la proximidad (180 km) que tiene la ciudad en relación a Buenos Aires. “Está la barrera psicológica de los 150 km, es decir que a la gente le cuesta hacer más de esa cifra para tomarse unos días y afortunadamente hemos logrado vencerla.”
La frase de que la unión hace la fuerza en este caso está bien aplicada, porque el hecho de haber conformado un grupo benefició a sus integrantes en temas muy concretos, como recibir capacitaciones organizadas por el INTA (por ejemplo en comercialización, promoción y seguros), tener la posibilidad de participar en ferias del sector con un stand propio, lograr acciones de difusión en medios importantes y relacionarse con otros emprendedores, con los cuales se intercambian ideas y experiencias y realizan asociaciones que los benefician mutuamente. Un ejemplo: uno de los integrantes del grupo tiene un predio donde recibe turistas interesados en la observación de estrellas y cuando se organizan estas excursiones Stella se acerca al lugar y ofrece sus productos y la posibilidad de armar una picada ahí mismo.
“Ya hemos recibido turistas, sobre todo para pasar un día de campo”, cuenta Raúl. “La gente se entera a través de disertaciones en universidades, por los medios y en las ferias y llegan interesados en conocer lo que el grupo tiene para ofrecer.”

Cotidiano. Pero mientras espera a los contingentes, Stella es muy feliz vendiendo sus productos “a buen precio, y no como el disparate de todo lo gourmet”, aclara, a todos aquellos que andan por la ruta. El sueño, en el corto plazo, es poder brindar un servicio de comidas en el predio y hasta alojamiento. Pero para eso falta un poco, pues recién hace un año que viven “en el campo” y aún se están acomodando.
“No queríamos largar todo de un día para el otro, así que lo fuimos haciendo de a poco”, recuerda Guillermo. “Teníamos la certeza de que queríamos dejar la ciudad para vivir una vida más tranquila pero también queríamos dejar todo en orden, sobre todo por nuestra hija, que quedó viviendo en Buenos Aires.”
El caso es que en 2003 compraron las 150 hectáreas donde además del carrito también crían animales, tienen caballos y poseen una pequeña casa que reacondicionarán para dar alojamiento y su propio hogar, que se alimenta a energía solar salvo las heladeras, que son a gas (aún no tienen luz eléctrica).

Escape. “Hemos encontrado la tranquilidad que buscábamos y a esta edad, no luego de la jubilación, donde ya todo se torna más difícil para empezar de cero”, dice Guillermo, mientras Stella remarca lo contenta que se siente al haber cumplido con el sueño que tenía desde hace muchos años. “Soy feliz abriendo el carrito cada mañana y me encanta el contacto con la gente, porque escuchando se aprende mucho y de todo, tanto del negocio como de cosas de la vida.”
Para Raúl Mendivil, las ganas de “hacer” y el cariño por la actividad elegida son lo fundamental para que cada emprendimiento y el grupo en general sean exitosos en el largo plazo.  “Al principio hubo una gran decantación natural porque había gente que tenía expectativas erróneas en relación al turismo, como creer que con solo abrir la tranquera se iba a llenar de gente o que simplemente no se hacían a la idea de trabajar los fines de semana, feriados y en época de vacaciones”, explica. Con el tiempo, cada emprendedor fue acomodándose y quedaron aquellos que tienen ganas de dedicarse a esto de lleno. “Pertenecer a un grupo siempre da beneficios porque todos juntos las cosas son más fáciles, desde darse ánimo para encarar nuevos desafíos hasta la posibilidad de conseguir una nota como esta para difundir lo que se hace en Las Flores.